Fernando Grande-Marlaska, en la sesión de control del Congreso. / Efe

Marlaska exonera a Marruecos y culpa a los propios inmigrantes de la tragedia de Melilla

Los socios del Gobierno dan por buenos los datos del Catastro y el IGN y afirman que las muertes fueron en «territorio español»

Melchor Sáiz-Pardo
MELCHOR SÁIZ-PARDO Madrid

Tres meses después de la tragedia de la valla de Melilla en la que fallecieron entre 23 y 72 inmigrantes (las cifras continúan bailando según las fuentes), el Gobierno español sigue empleándose a fondo para evitar la más mínima crítica a la controvertida actuación de las fuerzas marroquíes. Ni siquiera una sombra de reproche ante las duras imágenes de los agentes del país vecino (al que el ministro del Interior definió hoy como «socio leal») apaleando a los 'sin papeles' que yacían agonizando en el paso fronterizo de Barrio Chino.

Fernando Grande-Marlaska, esta vez ante el Pleno del Congreso en la comparecencia más larga e importante desde las muertes del 24 de junio, culpó exclusivamente a los inmigrantes y a su «violencia» de una tragedia que –se esmeró en subrayar hasta la saciedad el ministro- tuvo lugar en «Nador», «en Marruecos», en la «frontera de Melilla».

Fue una comparecencia complicada para el Gobierno porque no solo fue atacado por la oposición de la derecha. También su gestión de lo ocurrido fue puesta en duda por sus socios, que llegaron a denunciar la «impunidad» en la que el Ejecutivo quiere envolver el «asesinato» y la «masacre» de los 'sin papeles'. Desde la banca de la izquierda afearon el «discurso de extrema derecha» por criminalizar y culpar a los inmigrantes de todo lo ocurrido.

Buena parte de los socios y apoyos del Ejecutivo, además, pusieron en duda, tal y como sostiene el Gobierno, que la tragedia tuviera lugar en Marruecos después de las informaciones, entre ellas la de este periódico, que revelan que tanto la Dirección General del Catastro como la Instituto Geográfico Nacional sitúan en «territorio español» la explanada donde se produjeron las muertes. «La soberanía llega a la valla», se limitó a argumentar el ministro, sin explicar por qué los dos organismos del Estado encargados de fijar los límites territoriales nacionales coinciden en que esa zona es suelo español.

Hasta en cinco ocasiones, el ministro destacó la «violencia» del intento de asalto por parte de un «grupo muy numeroso» de subsaharianos, que cifró en cerca de 1.700 personas. Grande Marlaska insistió en que los inmigrantes no dudaron en ningún momento en usar contra las fuerzas de seguridad marroquíes y españolas todo tipo de «objetos contundes» como «piedras», «palos», «mazas», «hachas» e, incluso, «artefactos incendiarios caseros».

El ministro, para evitar cualquier reproche al país vecino con el que ahora el Gobierno mantiene unas excelentes relaciones tras el giro español en el Sáhara, dibujó un verdadero campo de batalla en el que los 'sin papeles', perfectamente coordinados en dos grupos, lograron sobrepasar los cordones de los gendarmes marroquíes y «hostigar» sin descanso a los funcionarios a ambos lados de la frontera para conseguir la entrada masiva.

Marlaska, que en ningún momento facilitó un número de víctimas para no entrar en tierras movedizas con el país vecino que solo reconoce 23 decesos, sí que dio a entender que la mayoría de los fallecidos y heridos fue producto de las propias avalanchas de los inmigrantes y los «peligrosos embudos» y «embotellamientos» que provocaron los asaltantes cuando la muchedumbre trató de entrar por las dos brechas que consiguieron abrir en la verja del paso fronterizo de Barrio Chino.

«España paga, Marruecos mata»

Grande-Marlaska estuvo solo. Los ataques de sus socios fueron más virulentos, incluso, que los del PP o Vox, que se mostraron mucho más compresivos con la gestión del Gobierno en esta crisis migratoria.

Desde Unidas Podemos, el secretario general del Partido Comunista de España, Enrique de Santiago, afeó a Marruecos el «trato criminal» que ha dado a los inmigrantes, 75 de los cuales han sido procesados, al tiempo que criticó al Ejecutivo al que pertenece su partido por el «cinismo» de bloquear el acceso a los puestos en fronteras peticionarios de asilo, a los que solo les queda, por tanto, asaltar la valla.

«España paga y Marruecos mata», denunció María Carvalho, diputada de ERC, quien insistió en que fue una «masacre en territorio español», en referencia a los mapas del Catastro y del Instituto Nacional Geográfico. «¿O es que han regalado esta parte del territorio a Marruecos?», se preguntó con sorna la representante del grupo parlamentario socio privilegiado del Ejecutivo.

«Usted habla de la tragedia de Nador pero esos hechos, si no ha habido una cesión en un tratado internacional que yo no conozco, ocurrieron en territorio español», abundó Jon Iñarritu, de Bildu, en referencia a los registros catastrales. Iñarritu se mostró indignado por el intento de «justificar lo ocurrido», culpando de todo a los inmigrantes y obviando las imágenes de «policías marroquíes apaleando» a los subsaharianos.

El PNV, por su parte, le echó en cara a Marlaska la «cero empatía» con los fallecidos. Mikel Legarda recordó que Pedro Sánchez llegó a felicitar públicamente a las fuerzas marroquíes tras la masacre.