El presidente del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, durante la inauguración de una escuela de verano en La Coruña. / EFE

Lesmes confía en la división del bloque conservador para superar el veto al TC

El presidente del CGPJ se encomienda a la posición de los vocales Olea y Guilarte para sacar adelante los dos nombramientos a la corte

Mateo Balín
MATEO BALÍN Madrid

Carlos Lesmes camina en sus horas más críticas como presidente interino del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). La renovación parcial del Tribunal Constitucional y el nombramiento de dos magistrados por parte del órgano de gobierno de los jueces –los otros dos le corresponden al Gobierno, que abriría la puerta a un cambio de mayorías en la corte de garantías, dominada ahora por el sector conservador– le ha situado en la diana política y en una situación personal comprometida.

La razón es que Lesmes ha asumido como tarea propia el cumplimiento de la reforma impulsada por el PSOE en el Congreso. Una ley que habilita al Consejo a la designación de estas dos plazas pese a estar en funciones, pero cuya competencia no se extiende al resto de vacantes en la alta magistratura, que acumula ya 64 sillones vacíos, 14 de ellos en el Tribunal Supremo. Además, la norma impone un plazo para su cumplimiento al transcurrir tres meses desde que entró en vigor: el lunes 12 de septiembre. Una imposición que no gusta a casi nadie en el CGPJ.

Con este escenario, el máximo representante del Poder Judicial confiaba en un primer momento en conseguir el mayor consenso posible entre los 18 vocales que debatirán mañana, en un pleno extraordinario, la lista de candidatos al Constitucional. Sin embargo, en las últimas semanas Lesmes se ha dado de bruces con la realidad que vive el Consejo y el ambiente viciado que se concentra en su interior por la «anomalía democrática» que sufre: en diciembre se cumplirán cuatro años de interinidad por la falta de acuerdo entre PSOE y PP.

Lesmes juega con la calculadora y el tiempo. A día de hoy está convencido de contar con una mayoría suficiente de vocales para sacar adelante la patata caliente del Constitucional. Así, de los 20 vocales iniciales que conforman el CGPJ, sin contar con el presidente, ahora son 18 por el fallecimiento de la juez Victoria Cinto y la jubilación del magistrado del Supremo Rafael Fernández Valverde.

Mayoría cualificada

Para solventar la tarea se requiere un mínimo de once votos, ya que para estos nombramientos se necesita una mayoría cualificada de tres quintos de la composición actual. Pero el bloque conservador, mayoritario sobre el papel con nueve vocales, está dispuesto a ofrecer resistencia y hacer saltar por los aires el plan inicial.

«La reforma es vinculante en lo concerniente al procedimiento, pero no puede serlo en su resultado porque lo que no puede es comprometer la esencia en la toma de decisiones discrecionales de un órgano colegiado, autónomo y de plural composición según recoge la Constitución», advierte un vocal del Consejo.

El precedente en el que confía Lesmes fue un pleno extraordinario de julio, cuando doce de los 19 vocales más el presidente votaron a favor de la idoneidad para el cargo del nuevo fiscal general del Estado, Álvaro García Ortiz. Y fue en ese cónclave cuando el bloque conservador se quedó con siete apoyos tras las 'fugas' del magistrado del Supremo Wenceslao Olea –compañero de Lesmes en la Sala de lo Contencioso-Administrativo– y del catedrático Vicente Guilarte.

De trasladarse esa votación al pleno de mañana, el presidente salvaría la patata caliente, pero las maniobras internas que denunció el lunes para hacer «tambalear» su exigencia de cumplir con la ley auguran un posible veto. Antes, hoy miércoles, Lesmes protagoniza la apertura del año judicial en el Supremo, un acto presidido por el Rey.