Casado saluda a Díaz Ayuso durante la convención nacional del PP en Valencia. / Efe

Los frentes internos erosionan la imagen de Casado y amenazan el impulso del 4-M

La guerra sin cuartel con Ayuso o el reciente ajuste de cuentas de Álvarez de Toledo empiezan a tener un reflejo negativo en los sondeos

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSO Madrid

En sus planes para este otoño, la dirección del PP había proyectado un escenario de lo más favorable para Pablo Casado en el que aupado por el creciente malestar social provocado por las dificultades económicas que afectan a diferentes sectores, el líder de los populares recibiría el impulso demoscópico que necesita para distanciarse definitivamente de Pedro Sánchez en su aspiración de llegar a la Moncloa. Desde la victoria del 4-M, las encuestas le vienen sonriendo al partido conservador, que observa el estancamiento de Ciudadanos y Vox y la caída en intención de voto de PSOE y Unidas Podemos. Sin embargo, la guerra sin cuartel por el control orgánico en Madrid ha interrumpido el avance electoral y ha puesto en alerta al partido.

Lás últimas encuestas muestran el fuerte desgaste que acusan los populares ante la proliferación de frentes internos que lastran las expectativas electorales de Casado y que podrían traducirse en más votos para la formación de Santiago Abascal. El sondeo de IMOP-Insights, que 'El Confidencial' publicó el miércoles, recoge una caída en el último mes del 1,2% en intención de voto, del 28% al 26,8%, casi 600.000 potenciales votantes menos. La realizada por SocioMétrica para 'El Español' le otorga 2,3 puntos menos (24,9%) con respecto a octubre, cuando obtuvo el 27,2% de los votos. «Las batallas internas siempre se pagan en términos electorales», advirtió hace poco el presidente andaluz, Juanma Moreno.

El desgaste electoral es reconocido internamente y los ecos de Madrid han llegado a todos los territorios. El malestar y la preocupación entre los barones regionales por la pugna que mantienen Génova y la Puerta del Sol, sede del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso, ha ido en aumento en las últimas semanas. Sobre todo, por la creencia de que podría afectar a futuras citas electorales y embarrar la propia labor de oposición del PP. Los líderes territoriales reconocen que es «normal» que la presidenta madrileña quiera coger las riendas de la formación pero no comparten semejante pulso regional cuando ni siquiera se ha fijado el cónclave y reclaman un alto el fuego con nulo éxito por el momento.

A pesar de que Casado y Ayuso han rebajado el tono ante el malestar interno, las posturas siguen enconadas y ambos se resisten a sentarse a hablar. Incluso evitan cruzarse en público, por más que insistan en que no es deliberado y atribuyan a problemas de agenda la dificultad para coincidir.

Elecciones y financiación

No sólo Madrid, también Andalucía, sobre la que planea la sombra de un adelanto electoral, ha dado algún quebradero de cabeza a la dirección nacional. Todo por la filtración de una conversación del vicepresidente de la Junta, Juan Marín, en la que expresaba de forma cruda que no había intención de aprobar los Presupuestos en año electoral porque sería una «estupidez», y de la que el líder de Ciudadanos acusó a Génova. El señalamiento no gustó en Madrid, como tampoco lo hizo que no saliera nadie del PP andaluz a desmentirlo.

La dirección nacional nunca ha ocultado el interés por un adelanto electoral en esta comunidad que pudiera reforzar su presencia como partido ganador y que servirá de laboratorio de pruebas de las relaciones con Vox de cara a la gobernabilidad. Aun así en Génova mantienen que esa decisión le corresponde de forma exclusiva a Moreno que, de momento, ha optado por no apretar el botón nuclear.

El líder del PP afronta con sus barones regionales además otras dificultades. La reforma del modelo de financiación autonómica ha propiciado un choque de trenes entre las diferentes comunidades que gobiernan los populares. En un lado se situán Moreno y el murciano Fernando López Miras, quienes defienden que la reforma sobre el reparto autonómico dé más peso al criterio de la población, y del otro, el gallego Alberto Núñez Feijóo y el presidente de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, que exigen priorizar la asignación de recursos en base a criterios como la dispersión de la población, la orografía o la baja densidad. Un asunto especialmente sensible, reconocen en la formación, en el que «no existen los amigos» y en el que Díaz Ayuso, además, ha decidido ir por libre ante el temor de que el nuevo modelo pueda terminar perjudicando a Madrid.

El ajuste de cuentas de Cayetena Álvarez de Toledo también ha abierto otro frente interno a Casado. La exportavoz en el Congreso acaba de publicar una suerte de memorias donde discute abiertamente el liderazgo de Casado, al que califica de «veleta», y en el que acusa al secretario general Teodoro García Egea de «bullying». Génova contiene las ganas de venganza y trata de no dar pábulo a la ristra de descalificaciones de la diputada, que no tiene intención de dejar el escaño. «Se retrata ella misma», insisten en la dirección, que intenta calmar las aguas y desactivar la polémica por otro choque más que les desgasta y que podría dar alas a Vox.