Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo se saludan en el Senado. / Efe

Feijóo a Sánchez: «Una cosa es resistir y otra gobernar»

En su primer cara a cara,el líder del PP se ofrece para que el Gobierno no dependa del secesionismo y el presidente le reclama una «oposición de Estado» para renovar el CGPJ

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSO Madrid

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo constataron este martes, en su primer cara a cara en el Senado y bajo el influjo de la campaña andaluza, que el entendimiento entre ambos es casi imposible y que los acuerdos, de haberlos, están a años luz. El líder del PP debutó en su escaño reivindicando la «política útil» alejada de «la crispación» y tendiendo la mano al Gobierno para que deje de apoyarse en las «minorías independentistas» porque «resistir no es gobernar». Pero al jefe del Ejecutivo el único pacto que le interesa cerrar con principal partido de la oposición es el del Poder Judicial. Para lo demás, le espetó al dirigente gallego, los populares se dedican «a estorbar, estorbar y estorbar».

Desde el primer minuto, Feijóo quiso dejar claras cuáles van a ser sus reglas de juego y el espíritu con el que afronta su labor de oposición. Presentó al nuevo PP como un partido «responsable», capaz de «sumar» y de «construir» con el PSOE, marcando así distancia con la etapa anterior de Pablo Casado. E instó a Sánchez a atender la propuesta de medidas económicas elaborada por su partido para hacer frente a la crisis inflacionista que desborda ya el bolsillo de los ciudadanos. «Las familias –le avisó– están molestas con su triunfalismo».

Pese a que la Agencia Tributaria recauda más que nunca gracias a la inflación y a la llegada de fondos millonarios de la Unión Europea, Feijóo señaló que el Gobierno se sigue endeudando a un ritmo de 1.400 millones semanales, con los tipos de interés más altos desde 2014 (durante su intervención, aludió por error a la prima de riesgo, un baile de datos que le afeó en los pasillos la vicepresidenta Nadia Calviño). Así el dirigente conservador urgió al presidente a «devolver» a las rentas medias y bajas los 4.000 millones recaudados de más y a bajar al 5% el IVA de los hidrocarburos y de la electricidad así como el IRPF a las rentas bajas y medias, porque la ayuda de veinte céntimos en la gasolina «se la ha comido el incremento de los precios».

Sánchez no quiso entrar al debate de fondo de las bajadas de impuestos del PP y aprovechó el duelo parlamentario para exhibir gestión y poner al líder de los populares frente a sus contradicciones, por su negativa a apoyar cualquier mejora para los ciudadanos por buena que sea. «Lo único que han hecho es estorbar, estorbar y estorbar», le echó en cara a Feijóo sobre el bloqueo de los conservadores a las medidas gubernamentales. Le recordó la reforma laboral, la ley para la actualización de las pensiones o la subida del salario mínimo, entre otras iniciativas 'estrella'.

El presidente del Gobierno intentó una vez más emparejar al PP con Vox. Dos partidos con los que, según el socialista, ha sido imposible llegar a pactos a diferencia de otros grupos parlamentario o incluso con los agentes sociales, con los que recordó el Ejecutivo ha cerrado catorces acuerdos en esta legislatura. Fue entonces cuando Sánchez pidió a Feijóo hacer «una oposición de estado y útil» y volvió a reclamarle que cumpla la Constitución y renueve de una vez el Consejo del Poder Judicial, cuyo mandato lleva caducado tres años. Pero el líder del PP no recogió el guante. «Esa es su agenda, no la nuestra», recuerdan en Génova.

Sin «socios de Estado»

Con la pelota de vuelta a su tejado, Feijóo advirtió a Sánchez de que su problema no es que el PP no encarne una oposición de Estado, sino que su Gobierno «no tiene socios de Estado». «No debería usar solo los votos del PP cuando no le llegan los votos de EH Bildu o Esquerra», le afeó, porque, en su opinión, «eso es resistir, pero no es gobernar». «Cada vez se parece más a un conductor que va en sentido contrario con dos copilotos que no creen en España», resumió.

El político gallego se refirió también al descuido por el que se pudo apreciar un argumentario en una carpeta de Yolanda Díaz en la que se hacía referencia al 'efecto Feijóo' del que se beneficia el PP y que recogen todas las encuestas desde que asumió hace dos meses las riendas del partido. «Olvídese del 'efecto Feijóo' y céntrese en el efecto de la inflación», zanjó.

Sánchez cerró el debate muy crítico con la forma de hacer oposición el PP y con lo que hacía cuando estaba en el Gobierno, para concluir que los españoles tendrán que elegir entre «derechos sociales –dijo– o retrocesos sociales». Aprovechó también para recordar el pacto con Vox en Castilla y León y reprobó a Feijóo por haber seguido los pasos de su predecesor hablando «mal» de España en Bruselas. «El PP europeo es mucho más crítico con el Gobierno que el PP español», contrapusieron en la dirección del partido conservador.

Sonada expectación y apenas 120 segundos de cortesía parlamentaria

En el Senado no se recordaba tal expectación desde octubre del 2017, cuando la Cámara alta autorizó al Gobierno de Mariano Rajoy a aplicar el artículo 155 de la Constitución en Cataluña. Nadie se quería perder el primer cara a cara entre el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición y que apunta, salvo sorpresa de última hora, a que será el último de este periodo de sesiones. El hemiciclo abarrotado, todos los senadores en sus asientos y la tribuna a reventar, al igual que la sala de prensa, que se quedó pequeña. Hubo que habilitar una de las salas de la Cámara para que los medios acreditados pudieran seguir el duelo.

Pedro Sánchez llegó media hora antes a la cita y se encerró en el área de Gobierno con sus ministros. Casi a la misma hora Alberto Núñez Feijóo hacía su entrada en el Senado después de pasar toda la mañana en su despacho de Génova perfilando los flecos de su intervención con su equipo más cercano. A la hora indicada, el líder del PP enfilaba el pasillo ante los focos acompañado por el portavoz de los populares en la Cámara, Javier Maroto. Sonrisas, flashes, algún chascarrillo ante los medios y directo a su escaño. Unos minutos después era el presidente el que repetía el camino, aunque pasó de largo su asiento y se acercó a su rival para darle la mano. Todo conforme al 'fair play' parlamentario.

Roto el hielo, comenzó el debate. La cortesía parlamentaría duró apenas 120 segundos. Sánchez y Feijóo se lanzaron a la yugular para desacreditar sus respectivas formas de hacer política.