La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. / EP

El Gobierno inicia nueva etapa con Díaz como adalid de Podemos

La dimisión de Iglesias supondrá un giro en la relación entre socialistas y morados pero no cerrará discrepancias como la ley de vivienda

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSO Madrid

La dimisión de Pablo Iglesias como vicepresidente segundo del Gobierno para concurrir como candidato de Unidas Podemos a las elecciones madrileñas alterará las relaciones entre ambos socios de la coalición, aunque no eliminará las divergencias ya existentes. Tras el Consejo de Ministros de esta tarde, el presidente, Pedro Sánchez, informará a Felipe VI de los nuevos cambios en su Ejecutivo, la segunda remodelación del Gabinete en poco más de dos meses. En esta ocasión, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, pasará a ocupar el cargo de vicepresidenta tercera y, lo que es más crucial, se convertirá en la interlocutora de Unidas Podemos en la Moncloa.

Díaz tomará posesión del cargo oficialmente este miércoles por la mañana, junto a la ministra de Economía, Nadia Calviño, que subirá un peldaño y pasará a ostentar la vicepresidencia segunda, la misma que ocupaba hasta ahora Iglesias. Por su parte, la secretaria de Estado para la Agenda 2030, Ione Belarra, se convertirá en ministra de Derechos Sociales, otro de los puestos que deja vacante el líder de Unidas Podemos. Esta, a su vez, será sustituida por el diputado de Unidas Podemos en el Congreso y secretario general del PCE, Enrique Santiago.

Pero a diferencia de lo ocurrido el pasado 27 de enero, con la marcha del entonces ministro de Sanidad, Salvador Illa, para encabezar las listas del PSC a las autonómicas catalanas, esta vez la crisis de Gobierno no se saldará con un simple cambio de cromos que no altere el rumbo de la coalición. En ninguno de los dos partidos niegan que la baja de Pablo Iglesias no vaya a ser sensible.

Una vez que PSOE y Unidas Podemos constataron que la comisión de seguimiento del pacto de coalición que habían pactado como órgano para resolver diferencias era demasiado encorsetado, Sánchez e Iglesias empezaron a mantener reuniones regulares para tratar de rebajar la tensión en los momentos más difíciles. «Ambos se han llegado a entender muy bien y, aunque reconocían sus diferencias, tenían claro que lo vital era aguantar toda la legislatura», explican a este periódico fuentes del partido morado.

Regulación del alquiler

Pero en los últimos meses el tono de Iglesias se había endurecido con el objetivo de, una vez aprobados los Presupuestos, marcar perfil propio y denunciar lo que consideraba incumplimientos del pacto de Gobierno. Asuntos como la monarquía, la supuesta falta de «normalidad democrática» en España o la regulación de los alquileres llegaron a abrir vías de agua en la coalición. Un proyecto, este último, que el líder de Podemos no logrará culminar antes de su marcha esta tarde del Ejecutivo, como tenía previsto.

Díaz, a priori, está considerada en el PSOE como una negociadora hábil pero con un mayor talante. Una de sus primeras tareas será, precisamente, remar por intentar cerrar la futura ley de vivienda y, sobre todo, que esta incluya una regulación del precio de los alquileres. La presencia de Belarra en el Consejo de Ministros también se percibe como una amenaza entre los socialistas, sobre todo por sus críticas públicas a la ministra de Defensa, Margarita Robles, a quien llegó a acusar de ser «la ministra favorita de PP y Vox».

Representantes de ambos partidos se volvieron a reunir este lunes para terminar comprobando que las negociaciones en torno a la vivienda siguen estancadas. En Podemos culpan al PSOE de «incumplir» el acuerdo de Gobierno. Los socialistas, por contra, insisten en otorgar incentivos fiscales a los propietarios.