Pablo Casado y Alfonso Fernández Mañueco, este domingo, en la clausura del XIV Congreso del PP de Castilla y León. / EFE

Génova replica la estrategia de Madrid y plantea el 13-F como un plebiscito contra Sánchez

Casado exprime la crisis de la carne para arañar votos en Castilla y León y seguir desgastando a un Gobierno «débil y roto»

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSO Madrid

Quedan dos años de legislatura y el PP se prepara para intentar asaltar la Moncloa. Los populares quieren que las elecciones de Castilla y León sirvan como el primer escaparate del proyecto político de Pablo Casado y la maquinaria electoral de Génova funciona ya a pleno rendimiento. La estrategia está ensayada con éxito en Madrid. Convertir estos comicios autonómicos en un plebiscito contra Pedro Sánchez. Una campaña al estilo Ayuso para sacar el próximo 13 de febrero «un resultado suficiente» con el que poder gobernar en solitario, sin estar obligado a pactar con Vox, como anticipo de lo que ocurra en una convocatoria de elecciones generales.

Disciplinado, todo el partido intensificó durante el fin de semana sus ataques contra el jefe del Ejecutivo en el congreso del PP de Castilla León que ha reelegido a Alfonso Fernández Mañueco como presidente regional, en el primer gran acto de campaña de los populares para impulsar a su candidato.. Este domingo era el turno del líder del PP que trató de presentar a Sánchez como un presidente «débil» que, a pesar de su desencuentro con Alberto Garzón –dijo que lamentaba la polémica creada por sus palabras sobre la calidad de la carne– no puede destituirle porque pertenece a Unidas Podemos. «En realidad es copresidente del Gobierno. Lo mismo le acaban cesando a él», ironizó Casado.

Los conservadores están decididos a no soltar la presa y exprimir la crisis de la carne, que ha expuesto las debilidades de la coalición, para arañar votos en una región donde el sector ganadero tiene un peso muy relevante y da empleo a cerca de 70.000 personas. «El único maltrato que hay en Castilla y León es el que provocan las políticas de Sánchez. Ése es el maltrato –remarcó el presidente del PP–; no en las granjas o la ganadería».

Casado hizo una férrea defensa de toda la ganadería, incluyendo la intensiva y negando que exista maltrato animal, como dijo el ministro de Consumo en su entrevista en 'The Guardian', que también cuestionó el impacto medioambiental de estas explotaciones. «Aquí no hay macrogranjas, hay granjas pequeñas y grandes, y todas cumplen con la exigente normativa española y europea», remarcó.

«Rehén» de sus socios

El jefe de la oposición no paró de confrontar a Sánchez en su discurso. Le acusó de ser «rehén» de Unidas Podemos en un Ejecutivo «roto, débil y partido», que está, en su opinión, «haciendo mucho daño a España», además de criticar sus alianzas con los independentistas y con EH Bildu y de haberse escondido en el «burladero de la cobardía», dejando a las comunidades autónomas solas en estos casi dos años en la lucha contra la pandemia.

Casado se rió de que el presidente les llame «negacionistas» por su rechazo a todas las iniciativas del Gobierno, como la reforma laboral pactada entre empresarios y sindicatos cuando él se hizo célebre por negarse a investir a Mariano Rajoy. Para desmontar esta acusación, el líder del PP quiso lanzar un mensaje en positivo para defender que tiene un proyecto para España. «Decimos sí a la Constitución, a la Transición, al reencuentro, al consenso, a la independencia judicial. Decimos sí a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, que necesitan una ley para protegerlos, sí al empleo –recalcó– o a recuperar el prestigio internacional de España».

El líder conservador erigió al PP como «partido de la tierra» frente a una «izquierda caviar» para tratar de conseguir movilizar a su electorado y marcar también distancias con Vox. En la dirección nacional confían en que la historia se repita el próximo 13-F y Fernández Mañueco consiga una mayoría suficiente que obligue a los de Santiago Abascal a seguir mirando los toros desde la barrera, por más que éstos insistan en que su voto «no va a ser gratis» si tienen la llave de la investidura. «Si alguien en esta comunidad quiere jugar a ser el Rufián de Castilla y León, que conmigo no cuenten para ser el Sánchez de Castilla y León», zanjó Mañueco, asegurando que no va a ceder a los «chantajes» para ofrecer privilegios a cambio de votos.

El presidente regional ha copiado el guion de su compañera de filas e impulsará como ha hecho Isabel Díaz Ayuso en Madrid un 'cheque bebé' y una rebaja del tramo autonómico del IRPF, en cuanto sea reelegido. Una victoria con la que Casado podrá sacar pecho y afianzar su liderazgo.

El PSOE acusa a Casado de «abrazar» a la ultraderecha

Por P. DE. L. H.

La gestión de los fondos europeos para la recuperación se ha convertido en el nuevo campo de batalla entre el Gobierno y la oposición. El ministro de Presidencia, Félix Bolaños, acusó al Partido Popular de anteponer los intereses de su partido al interés general por haber decidido llevar a los tribunales el reparto de una de las partidas ya entregadas a cuatro autonomías, la Comunidad Valenciana, Extremadura, el País Vasco y Navarra, y por alimentar dudas sobre el sistema de reparto.

Bolaños, que participó junto al candidato socialista a la Junta de Castilla y León, Luis Tudanca, en un mitin de su partido en Ponferrada, adujo que «nadie» entiende la actitud de la formación que lidera Pablo Casado «tampoco en Europa». «No entienden cómo puede haber un PP abrazado a la ultraderecha, que vota en contra de una reforma laboral que es buena para los trabajores y para los empresarios y que que intenta boicotear fondos europoes que van a transformar la economía y el sistema productivo de nuestro país», subrayó.

Dedicido a aparcar la polémica en torno al ministro de Consumo, Alberto Garzón, por sus declaraciones sobre la calidad de la carne que España exporta procedente de macrogranjas, el Gobierno se centra ahora en el «negacionismo político» del PP frente a los logros como el de la vacunación o la creación de empleo. Aun así, Bolaños se permitió un dardo. «Vienen a hacerse fotos con vacas y dicen unas cosas que a veces uno preferiría que hablaran las vacas porque al menos -ironizó– no mienten».