Ione Belarra posa, en marzo, con la cartera de ministra de Derechos Sociales. / AFP

Belarra, un liderazgo periférico y feminista para Podemos

La Minsitra de Derechos Sociales sustituye a Pablo Iglesias al frente de la secretaría general del partido morado, siete años después de su fundación

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSO Madrid

A sus 33 años, el ascenso político de Ione Belarra (Pamplona, 1987) ha sido tan fulgurante como el de la formación a la que representa. La nueva secretaria general de Podemos ha pasado en tan solo seis años de ser una diputada rasa del Congreso a codearse con el resto de miembros del Gobierno de coalición después sustituir en marzo a Pablo Iglesias, del que también acaba de tomar el relevo como líder del partido, al frente del Ministerio de Derechos Sociales.

Durante este proceso de interinidad, ha contado con el apoyo del aparato del partido. Su elección no es casual y responde a una operación de cálculo milimétrica de cambio de ciclo. Se busca, por un lado, «feminizar» la dirección y, por otro, reforzar los vínculos con la periferia, descuidados por la procedencia capitalina del núcleo fundador, como el propio Iglesias o la número dos, Irene Montero (descartada por su vinculación con el exlíder morado). Dos cualidades a las que también responde la vicepresidenta tercera, Yolanda Díaz, gallega y sin carné del partido, que completará la nueva bicefalia morada. En su caso, desde dentro del Gobierno, ejerciendo de interlocutora de la coalición UnidasPodemos y sin que haya aceptado todavía el ofrecimiento de convertirse en la candidata para las siguientes elecciones generales.

Belarra, a diferencia de Díaz, es un producto cien por cien Podemos. «Pata negra», la describen algunos de sus colaboradores. La joven navarra, psicóloga de formación (forjó amistad con Irene Montero durante la carrera), se ha criado políticamente en los cuadros morados, a diferencia de sus miembros fundadores, que llegaron principalmente del ámbito universitario, de la madrileña Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense.

Con el exvicepresidente segundo comparte el tono duro, la convicción de que el PSOE debe atenerse a la literalidad del pacto de coalición y de que debe marcar distancias con los socialistas. De ello ya ha dado muestras esta semana, pidiendo que no se detenga al expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont si decide regresar a España. Desde la portavocía gubernamental le recordaron que el líder independentista «debe ser juzgado».

Miembro del núcleo duro de Podemos y fiel a Iglesias, representa a una nueva generación de líderes de la formación que fue premiada por su trabajo en el partido con el ascenso a las secretarías de Estado de los ministerios que ocupó la formación morada con su entrada en Moncloa, y de los que también forma parte Noelia Vera (Igualdad), Nacho Álvarez (Derechos Sociales) o la minsitra de Igualdad, Irene Montero.

En su caso, ha ostentado desde enero de 2020 la secretaría de Estado para la Agenda 2030, puesto que le ha valido el reconocimiento de asociaciones cívicas y sociales. También ha participado en las negociaciones más duras del Gobierno, como la de los Presupuestos de 2021, que concluyeron con éxito, la prohibición de los desahucios durante el estado de alarma, o las de vivienda, que encabezó frente al equipo del ministerio que dirige José Luis Ábalos y que siguen su curso, de momento sin avances.

Belarra también ha manifestado críticas públicas a otros ministros, especialmente a la titular de Defensa, Margarita Robles, de quién llegó a decir que era «la ministra preferida de Vox y el PP». Ahora ambas deberán aprender a convivir en un Ejecutivo en el que la voz cantante de los morados la llevará la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, tras su salto a la vicepresidencia tercera.

Pero la joven navarra comenzó a darse a conocer cuando asumió los mandos de la portavocía de Unidas Podemos en el Congreso de los Diputados en verano de 2018. Entonces Irene Montero y Pablo Iglesias disfrutaban de las bajas de paternidad. Durante esos meses se convitió en el rostro del partido morado, en un momento de especial tensión parlamentaria con Pedro Sánchez y los socialistas gobernando tras la moción de censura a Mariano Rajoy. Aquél año fue premiada como «Diputada revelación».

Llegada al partido

Belarra conoció a Irene Montero en las aulas de la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid -ella estaba en cuarto, Irene en quinto- y en aquellos años nunca imaginaron que serían compañeras de Gobierno como ministras. Esa amistad que se forjó entre apuntes y olor a café ha sobrevivido a todos los terremotos dentro de Podemos, incluída la asamblea de Vistalegre II, que las aupó a la primera línea del partido y soterró el errejonismo.

Antes de todo aquello, cuando todavía estaba en la universidad, el anhelo de la pamplonesa era ser investigadora, ya tenía desarrollada cierta conciencia social y militaba en organizaciones como SOS racismo. También se implicó en el movimiento estudiantil y en colectivos en favor de la vivienda digna, donde también lo hacían Rafa Mayoral y la propia Montero. Ellos dos fueron quienes la propusieron para formar parte del Consejo Ciudadano de Podemos, el punto de partida de su actual carrera política.

Madre de un bebé y aficionada al cine, al patinaje y a bailar electrocumbia, Belarra domina el idioma Francés (tiene un título avanzado, el C1) y se defiende con el Inglés (B1). Fue buena estudiante, entre 2005 y 2014 se sacó una FP, una Licenciatura y un Máster Oficial. A diferencia de Montero e Iglesias, ella no presume de piso en propiedad, según su última declaración de bienes en el Congreso (corresponidente a 2019, antes de convertirse en Secretaria de Estado) posee una cuenta bancaria con 61.783 euros. Sus conocidos aseguran que lleva una vida discreta.

Retos futuros

A partir de este sábado, deberá demostrar que Podemos es un proyecto viable sin el tirón popular, para bien y para mal, de Iglesias. «Nuestra fuerza política debe dejar atrás la fase protagonizada por el liderazgo y la personalidad de Pablo. Una fase que ha culminado éxitos indiscutibles. Pero a partir de ahora es necesario construir un nuevo Podemos, con un protagonismo más colectivo, cuyo liderazgo sea asumido mayoritariamente por compañeras y que represente una España que es mucho más que Madrid», defiende en el documento político de su candidatura.

Otra urgencias pasan por consolidar el arraigo territorial del partido y las alianzas. También fortalecer su posición en el espectro a la izquierda del PSOE, un espacio competido con escisiones de Podemos, como el caso de Más País, liderado por Errejón, o Adelante Andalucía, encabezada por Teresa Rodríguez. El flanco ecologista lo intentarán cubrir con Alianza Verde, la nueva confluencia liderada por el diputado Juantxo López de Uralde.

Como será su cohabitación con Yolanda Díaz es una incógnita que solo el tiempo despejará. Para algunos son el yin y el yang; para otros, agua y aceite. De momento, buenas palabras y piropos mutuos, pero la política, y más en tiempos de vacas flacas, destapa los demonios personales.