Pere Aragonès, presidente de la Generalitat. / EFE

Aragonès consolida su alianza con los comunes y se aleja de la CUP

Cambio de tercio en la política catalana, después del 'procés' y la ruptura del bloque secesionista

CRISTIAN REINO Barcelona

En Comú Podem ha cogido el relevo de la CUP como socio de referencia para el Govern catalán, especialmente para Pere Aragonès. La alianza del Ejecutivo catalán con los comunes, auspiciada por Esquerra y aceptada a regañadientes por Junts, va más allá de las cuentas autonómicas.

Los anticapitalistas optaron por bloquear los Presupuestos de la Generalitat y Aragonès tuvo que buscar una alternativa de última hora con la formación morada, que recibió a cambio el apoyo de ERC a las cuentas de Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona. Jugada a dos bandas, que tuvo su continuidad días después con la validación en el Parlament de un decreto del Govern sobre las energías renovables, que el Gobierno catalán consideraba de la máxima importancia, que había negociado con la CUP y tuvo que acabar aprobando con En Comú Podem.

Las consecuencias de la nueva alianza de la Cataluña postprocés son inmediatas. La formación de la izquierda, que forma parte de Unidas Podemos y por tanto integra el Gobierno de coalición en la Moncloa, desplaza a la CUP como partido de referencia en la gobernabilidad de Cataluña por primera vez desde que Convergència aceptó que los anticapitalistas acelerasen el 'procés', enviando a Artur Mas a la papelera de la historia. Rompe además el bloque independentista, que hace tiempo que es un reino de taifas, pero se mantenía formalmente unido, pues ninguna formación quería aparecer como la responsable del divorcio.

Aragonès no ha cedido ante las presiones de los anticapitalistas, que le exigían que pusiera fecha a un nuevo referéndum ilegal antes de 2025, y de paso ha despejado su mandato, que nació condicionado por el pacto de investidura con la CUP, que entre otras cuestiones le obligaba a someterse a una moción de confianza en el ecuador de la legislatura. En torno a 2023, justo el plazo que los independentistas le dan a la mesa de diálogo con el Gobierno para que empiece a dar alguno frutos concretos. Es muy difícil que la conversaciones avancen tanto en los próximos 15 meses, por lo que Aragonès estaba abocado a buscar socios alternativos a la CUP para superar la cuestión de confianza. Los republicanos consideran que ya lo ha hecho, con la negociación presupuestaria, que culminará el 23 de diciembre con la aprobación de los Presupuestos autonómicos en la Cámara catalana gracias a los comunes. Hace una década que Cataluña no consigue tener sus cuentas listas para el 1 de enero.

ERC y los comunes han mostrado sintonía. Apuestan por la mesa de diálogo, a diferencia de Junts y la CUP, que se desmarcaron de ella desde el minuto 1, y aún está por ver si los de Puigdemont regresan al diálogo en la próxima reunión del mes de enero, que ambas partes están preparando con discreción.

Sintonía ERC-comunes

Coinciden también en el rechazo a algunos de los grandes proyectos que están sobre la mesa esta legislatura en Cataluña como ampliación del aeropuerto de El Prat, la candidatura olímpica de los Pirineos en 2030 o el macrocomplejo del Hard Rock en Port Aventura. Junts en cambio los apoya, pero republicanos y postconvergentes ya han convenido que tienen que aguantar juntos en el Ejecutivo catalán aunque la relación sea una guerra civil diaria. Los comunes, asimismo, son partidarios de participar en el «pacto nacional» que impulsa Aragonès a favor de la inmersión lingüística en catalán como respuesta a las sentencias judiciales que obligan al Govern a impartir al menos el 25% de las clases en castellano en la escuela.

El pacto del Govern con los comunes afianza además a Aragonès en su pugna con Junts. El presidente de la Generalitat ya ha dado dos puñetazos en la mesa del consejo ejecutivo en el medio año que lleva al frente del Gobierno. El primero, cuando Junts intentó boicotear la mesa de diálogo, al querer imponer una delegación, que no incluía a miembros del Ejecutivo. Aragonès se negó y los de Puigdemont no fueron al primer encuentro con Pedro Sánchez en el Palau de la Generalitat. El segundo fue la negociación presupuestaria. La CUP vendió muy caros su votos y el president buscó a los comunes, a pesar de que Junts no quiso negociar con los morados y exigió al republicano que insistiera con los anticapitalistas.

Los postconvergentes acusaron a Aragonès de girar el Govern hacia el autonomismo y de estar preparando un nuevo tripartito de izquierdas. A pesar de que JxCat prefería abrirse a los socialistas como alternativa a la CUP. Pero ERC, socio del PSOE en Madrid, no quiere regalarle a los socialistas una posición central en la política catalana, pues es su principal adversario en las urnas. Con el PSC, nada, dijo Aragonès, mientras rechace el referéndum. Además, la presencia de los socialistas en la reunión del pacto nacional por la inmersión está aún en el aire.

El presidente de la Generalitat reclama una Constitución catalana

En el debate sobre si la Constitución española tiene que reformarse o si tiene que mantenerse tal cual, los independentistas lo tienen claro. Ni Carta Magna ni reforma. Lo que necesita Cataluña, a su juicio, es la secesión y dotarse de un texto propio. «El Govern no quiere ninguna reforma de la Constitución española, lo que quiere es una Constitución catalana y culminar con éxito el proceso hacia la independencia», afirmó ayer el presidente de la Generalitat catalana, Pere Aragonès, desde la Bisbal del Empordà (Girona).

Aragonès cargó contra la Constitución, pues a su entender está «obsoleta», «no representa los anhelos de la ciudadanía de Cataluña», a pesar de que fue aprobada en Cataluña con un apoyo popular de más del 90%, y además cree que es «incompatible con la voluntad de futuro del pueblo catalán». Cataluña «no quiere ninguna reforma de la Constitución española», sino que desde su punto de vista lo que reclama la ciudadanía es «culminar con éxito el proceso de independencia de nuestro país a través de un referéndum de autodeterminación reconocido» por el Gobierno y la comunidad internacional.

Aragonès mantuvo ayer su agenda institucional. El independentismo catalán ya hace años que asegura que no tiene nada que celebrar el día de la Constitución. Los republicanos criticaron ayer la Carta Magna, pues no entiende ni «derechos ni de libertades», según los independentistas, que presentan la Carta Magna como heredera del franquismo.