El cemento y los macroproyectos urbanísticos cultivan una España afeada en pro del turismo

ATLAS ESPAÑA

Paseando por la calle, Andrés siempre encuentra motivos para el desencanto. Hoy es Bilbao, pero podría ser una esquina o una plaza de Ourense, Almuñécar o cualquiera de las decenas de casos que aparecen en su libro la España Fea. Este periodista salpica su obra de ejemplos de urbanismo desaforado y además en su opinión de dudoso gusto. Obras como el edificio Miracruz 19 en San Sebastián; 106 años en pie para convertirse en esto. El colmo se lo lleva el Hotel del Algarrobico, esa mole de ladrillo en Carboneras, Almería, en medio de un parque natural y todavía en pie un cuarto de siglo después. Le fastidia el amor por el cemento que se apoderó de España con la llegada de Franco. En Málaga su bicentenaria luz para navegantes corre el riesgo de quedar cegada. En el único sitio donde el Faro es mujer. La Farola. Un 65% por ciento de los malagueños de oponen, según una encuesta, también numerosas personalidades de la cultura. Después de idas y venidas, el proyecto sigue adelante en beneficio de unos pocos. Previstas a veces como nuevos becerros del oro para atraer turismo. La maquinaria de cemento no para. La capital de la Costa del Sol tiene previsto levantar hasta 27 rascacielos nuevos. Algunos amputando parte de lo que iba a ser el nuevo pulmón verde de la ciudad. Ante la España afeada. Tanto uno y otro piden mirarse en el espejo francés que cuenta desde hace años con organismos y planes estatales que cuidan del paisaje y del territorio.-Redacción-