Ni un hueco en la Catedral

12/01/2018

Funeral por la condesa de la Vega Grande.

Las Palmas de Gran Canaria
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No es fácil llenar la Catedral de Santa Ana, en la capital grancanaria. Pues ayer se consiguió. Cientos de personas acudieron al funeral en recuerdo de María del Carmen Benítez de Lugo y Massieu, condesa de la Vega Grande de Guadalupe, una misa oficiada por vicario general de la Diócesis de Canarias, Hipólito Cabrera, que fue asistido por media docena de sacerdotes, y que contó con las voces del Coro de Nuestra Señora del Rosario, de la parroquia de Santo Domingo, en las labores de acompañamiento musical.

En primera fila estaba el esposo de la fallecida, Alejandro del Castillo, escoltado por sus hijos, nietos y demás familiares. Una primera fila por la que desfilaron, al acabar la ceremonia, casi todos los asistentes para dejar constancia de su pésame. Por allí se pudo ver a otros integrantes de la nobleza; empresarios de fuste (Germán Suárez, Eustasio López, Mario Rodríguez, Jorge Petit, la familia Pérez Moreno, entre otros); dirigentes patronales como Agustín Manrique de Lara; vecinos ilustres de Vegueta como Jerónimo Saavedra; mandos militares y policiales; alcaldes que fueron, como José Vicente León y Pepa Luzardo, y otros que lo son, como Marco Aurelio Pérez.

Y es que, al celebrarse el velatorio y el sepelio en la más estricta intimidad familiar, eran muchos los que querían dejar constancia expresa de su más sentido pésame. Pero no como en las crónicas históricas en acontecimientos similares cuando se trataba de alguien de la aristocracia y todo estaba sujeto a la reverencia y el artificio, sino como sincero gesto de reconocimiento a los valores de María del Carmen Benítez de Lugo y Massieu, que deja una estela de solidaridad y trabajo en favor de quienes más lo necesitaban. Y también para acompañar en el momento del dolor por la ausencia a Alejandro del Castillo, que agradeció a todos cuanto se acercaron a saludarle la asistencia.