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El Mustang Concept 1 (de izquierda a derecha) rodeado por el vicepresidente de ingeniería de Ford, Herb Misch, el jefe de diseño Eugene Bordinat y el ingeniero de chasis Roy / F.M.

Viaje a la prehistoria del Ford Mustang

El 7 de octubre de 1962 Ford puso a Dan Gurney al volante de un prototipo bautizado como Mustang

SANTIAGO DE GARNICA CORTEZO

Estamos en 1961. Es el primer año, o el segundo, pero no vamos a entrar en discusiones bizantinas, de una década en que muchas cosas cambiarán. Como aperitivo, un hombre protagoniza muchas portadas: Yuri Gagarin. Este piloto ruso, ahora habría que decir cosmonauta, es el primer ser humano que ha viajado al espacio exterior. También se ha levantado el Muro de la Vergüenza, para evitar que los berlineses de la parte oriental dejen de «disfrutar» del paraíso comunista, marchándose a la zona occidental. Y de paso la crisis de Bahía de Cochinos, un fracasado plan de la CIA de invadir la isla caribeña con exiliados anticastristas que terminó en la ruptura de relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Pero vamos al ámbito que nos ocupa, el de los coches. En Estados Unidos, muchos jóvenes vuelven del servicio militar en Europa, donde se han enamorado, aparte de las chicas, claro está, de los pequeños y ágiles deportivos europeos.

En Ford Motor Company, uno de sus máximos responsables es un joven universitario serio y austero con un nombre que, años después (hablamos de los setenta), se hará famoso en el ámbito político: recuerden los «Papeles del Pentágono», es decir, el «Informe McNamara», sobre la guerra del Vietnam.

Pues bien, bajo la influencia de Robert McNamara, en 1955, Ford lanza el elegante descapotable Thunderbird, y en 1960, la primera berlina Falcon, cuando ya McNamara es el primer presidente de la marca no perteneciente a la familia del fundador. Pero en 1961, es llamado por Kennedy para formar parte de su equipo. Así, otro ejecutivo que hará historia, Lee Iacocca, se ve libre a la hora de imponer en Ford un estilo muy distinto.

Iacocca es muy diferente de McNamara. Quiere modelos menos clásicos. Su equipo piensa en un modelo más ligero y económico que el Thunderbird. Bajo la dirección de John Naijar y Jim Sipple, los diseñadores Bob Maguire (para el exterior) y Damon Woods (el interior) se ponen manos a la obra para crear el primer prototipo de su proyecto bautizado «Mustang». Es un homenaje a los célebres aviones P-51 Mustang, que tan buenos servicios habían prestado a las fuerzas USA en la II Guerra Mundial, y que a su vez había tomado el nombre de los caballos salvajes de las praderas, descendientes de los llevados por los españoles, readaptados a la naturaleza y utilizados por los indígenas americanos.

Phil Clark había estado esbozando ideas para una insignia de caballo durante varios años / AC

Lee Iacocca tenía muy claro que tal automóvil, si se quería tener éxito entre la generación del «baby boom», debía estar relacionado con la competición. Había un obstáculo. Ford había sido respetuoso con el acuerdo de 1957, entre el congreso americano y la AAA (American Automobile Association). Por este acuerdo, los fabricantes se comprometían a no participar en competiciones y a no dar prioridad a las prestaciones, a cambio de no ser obligados a unas normas de seguridad más exigentes en sus modelos de serie. Pero, en realidad, había marcas como Chevrolet que se habían saltado este acuerdo desarrollando coches de competición, aportando su apoyo a equipos privados.

Iacocca decidió que Ford no tenía que respetar un acuerdo que ya se había roto `por parte de otros fabricantes, y así lanzó su programa «Total Performance». Este arranca con un concept, un prototipo que es construido en apenas cien días por la empresa californiana Troutman&Barnes. Se trata de una barqueta dos plazas, de chasis tubular en aluminio, con el motor de cuatro cilindros en V del alemán Ford Taunus 12M, situado en posición central y con la potencia llevada desde los 89 CV del modelo original, hasta 109 CV. Y asociado a un cambio manual de cuatro relaciones. Este motor estaba situado en posición central. La carrocería era una fina capa de fibra de vidrio. El conjunto, tal como era la intención de Iaccoca, resultaba muy ligero, tan solo 680 kilos. Este peso, junto a unas ajustadas dimensiones, hablamos de 3,91 metros de largo, era toda una promesa de diversión al volante.

A principios del verano de 1962, mientras Troutman&Barnes, ensamblaba la versión funcional del concepto Mustang 1, los diseñadores de Ford se reunieron en el estudio en Dearborn para revisar los bocetos del símbolo que definiría el modelo. Phil Clark había estado esbozando ideas para una insignia de caballo durante varios años y el equipo eligió su idea de un caballo al galope con un diseño de tres barras rojo, blanco y azul para reflejar la herencia estadounidense del Mustang.

Era una barqueta dos plazas, de chasis tubular en aluminio, con el motor de cuatro cilindros en V del Ford Taunus / AC

El Concept Mustang I resultó muy útil como herramienta de marketing pues daba una nueva imagen de Ford, más apreciada por los jóvenes. Las dos unidades fabricadas (una funcional y la otra solo estática) se exhibieron en diferentes manifestaciones a lo largo de dos años.

Pero este modelo no convencía a los responsables de ventas de Ford que pensaban que este biplaza, si bien atraía muchas miradas, a la hora de la compra no resultaría tan convincente. Y también preocupaba a los dirigentes de la firma que su producción, al ser un modelo de motor central, no encajase en el sistema de producción. Así, si bien el trabajo del ingeniero Bob Lunn encargado del chasis, sirvió para el futuro Ford GT40, al igual que el estilo de la carrocería, el Mustang I terminó abandonado. Y así permaneció varios años hasta su recuperación y restauración, siendo exhibido en el Museo Ford.

El llamado Fairlane Group, se lanzó a concebir un modelo más convencional, de motor delantero y cuatro plazas, nombre en código «T-5» o «Special Falcon Project» que llevaría al primer Mustang . Pero esa es otra historia.

En cualquier caso, cuando contemplen un Mustang de calle, observen como en los laterales se vislumbran u nas formas que nos recuerdan las tomas de aire por delante de las ruedas traseras que alimentaban un motor en posición central posterior de aquel primer concept car que condujo el gran Dan Gurney el 7 de octubre de 1962, en el prólogo del Gran Premio de los Estados Unidos en el neoyorquino trazado de Watkins Glenn.