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Riesgos a tener en cuenta si necesitas conducir de noche

S. M. Madrid

La mayoría de los accidentes en España se producen durante el día: en torno al 70% de los accidentes con víctimas, tanto en vía urbana como interurbana. Sin embargo, aunque durante la noche, anochecer y amanecer, solo se produce un 28% de los accidentes con víctimas, estos se cobran casi el 40% de los fallecidos y con un mayor porcentaje de accidentes mortales (38%). Y ello a pesar de que es el período con menor intensidad circulatoria. Y es que mientras la tasa de letalidad (la razón entre el número de fallecidos y el de víctimas) de los accidentes en España fue en 2019 de 1,2 -cifra que viene descendiendo desde el 5,2 de 1993 y que se estabilizó desde 2013 (1,3)-, la de los accidentes nocturnos, incluido atardecer y amanecer, alcanza el 1,69, lo que se traduce en un 40% más alta, según la Dirección General de Tráfico (DGT).

Por lo tanto, y según Fundación CEA, conducir de noche entraña peligros asociados a la pérdida de agudeza visual y la disminución del campo visual. En la oscuridad no apreciamos ni velocidad ni movimiento. Es más, ésta puede ocultar peligros visibles con luz diurna. Por ejemplo, los objetos oscuros no se ven sobre fondo oscuro. Todo ello implica un tiempo superior para identificar objetos e interpretar correctamente la señalización vial vertical, horizontal y de balizamiento. Pero, además, conduciendo de noche nos exponemos a ser deslumbrados por los faros de los vehículos que vienen de frente.

Pero es que además corremos riesgo de sufrir aparición prematura de monotonía, fatiga y cansancio, especialmente entre las 4 y las 6 de la mañana, cuando baja el nivel de alerta. Y eso por no citar la presencia de mayor número de conductores bajo los efectos del alcohol, las drogas, el cansancio...

Conviene recordar que, en ausencia de luz diurna, son muchos los conductores que no adaptan la velocidad al campo visual iluminado, circulando a una velocidad excesiva para la capacidad de sus ojos. Conductores que realizan maniobras antirreglamentarias pensando que no serán vistos por la menor vigilancia y servicios de emergencia que podrían tardar más en llegar a un accidente son aspectos muy a tener en cuenta.

Con todo, hay quien elige la noche para conducir por la menor densidad de tráfico, que de paso permite una conducción más relajada y el mantenimiento de una velocidad promedio más alta. En todo caso, solo conviene conducir de noche si se está en buen estado psicofísico, el vehículo va en perfecto estado de mantenimiento y uso, y el viaje ha sido bien planificado. De lo contrario, se debería demorar el viaje.

Consejos para viajar con seguridad

CEA remarca que para conducir de noche de forma segura el conductor debe mantener una actitud vigilante, atenta y anticipativa. También que debe reducir la velocidad para ser capaz de parar el vehículo por completo dentro del campo de iluminación de los faros. Es más, con luz de cruce la velocidad máxima recomendada es de 90 km/h. Mantener una distancia de seguridad no inferior a tres segundos con el vehículo que le precede es otra norma a tener en cuenta, como aumentar la frecuencia de mirada por los espejos retrovisores, al menos cada 10 segundos.

También el número de paradas, tomando tiempo suficiente para recuperarse y, si es posible, limpiando los cristales de los faros, el parabrisas... Si aparecen síntomas de la fatiga o dificultad para mantener la concentración, parar, hacer ejercicio suave, ingerir algún alimento y/o bebida energizante es esencial. Precisamente, ante síntomas así, parar y dar una cabezada de 20 minutos y tomar un café o una bebida estimulante puede ser la diferencia entre sufrir un accidente o no. Si el cansancio persiste habrá que dormir cuanto se necesite.

De noche es imperativo llevar puestas las luces de cruce, no las de posición, desde el atardecer -si dudamos entre encenderlas o no, siempre las encenderemos- y poner las largas siempre que sea posible, sin deslumbrar a otros conductores. Otro apunte: cuando seamos adelantados cambiaremos el alumbrado a cruce, si llevábamos puestas las largas, una vez el otro vehículo se ponga a nuestra altura. Algo a tener en cuenta es aminorar la intensidad de la luz del cuadro de instrumentos -posible en la mayoría de modelos del mercado, incluso veteranos-, pues ayuda a ver mejor la carretera. Cuanta más luz haya en el interior, peor se ve el exterior.

Por último, en caso de deslumbramiento bajaremos la velocidad y, si fuese necesario, desviaremos la vista a la derecha buscando como referencia la banda blanca del arcén, circulando próximos a ella pero sin invadir el arcén. En última instancia cerraremos momentáneamente el ojo izquierdo, pero, ante todo, seguridad: si es necesario, nos detendremos.