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Motor de combustión, el propulsor con fecha de caducidad

Desde que Nicéphore Niépce impulsara una barca con un motor en 1807 hasta que la Comisión Europea prohiba su venta en 2035, el invento revolucionario habrá cumplido 228 años

JUAN ROIG VALOR

La famosa cita atribubida a Isaac Neoton -«si he visto en la distancia es porque me subí a los hombros de gigantes»- se remonta mucho más atrás en el tiempo, siendo su primera aparición en el siglo XII, con el filósofo neoplatonista francés Bernard de Chartres. La idea ha pasado a simbolizar el progreso científico, llevado a cabo a través de mejoras graduales e iterativas; aplicable a casi cualquier disciplina pero, especialmente, a la industria del automóvil.

En el caso de los motores de combustión interna, sus elementos constitutivos se pueden hallar hace milenios: el pistón de fuego, un artilugio para comprimir aire y hacer más sencillo el encender hogueras, ya existía en el Sureste Asiático en la prehistoria y la biela engarzada a un cigüeñal, mecanismo fundamental para el movimiento del pistón, apareció por primera vez en los molinos de agua romanos del siglo III.

El propio Leonardo da Vinci teorizó el propulsor atmosférico en 1509, pero para entonces el ser humano ya tenía experiencia con el almacenamiento, uso y transporte de combustibles líquidos, como era el caso del fuego griego, el arma naval predilecta del imperio bizantino desde el año 673.

Uno de los primeros motores de combustión de los que se tiene constancia es el del francés Nicéphore Niépce, en 1807. El inventor lo asoció a una barcaza y navegó con él por el río Saona. Ese mismo año, Napoléon Bonaparte le concedió una patente. Sin embargo su escasa potencia y su combustible difícil -usaba una mezcla de hierbas secas con carbón- no lo hizo comercialmente viable y Niépce desarrollaría, junto con Daguerre, la fotografía.

Hasta mediados del siglo XIX, se produjeron avances técnicos (1839: el metal Babbit, usado en pistones) y teóricos (1824: Carnot publica la 'Teoría termodinámica de los motores térmicos'), pero es a partir de 1850, cuando se comienza a comercializar el petróleo y sus derivados de forma extendida, cuando los avances se hacen imparables.

Desde 1956, los motores de combustión interna estáticos de Pietro Benini comienzan a sustituir a las máquinas de vapor de algunas fábricas. Cuatro años más tarde, el belga Jean Joseph Etienne Lenoir crea el motor de combustión interna con cilindros, bielas, pistones y se convierte en un éxito comercial. Ese mismo año, los hermanos Roots diseñan una bomba de aire para calentar el aire de las fundiciones. Este sistema sería la base de los supercargadores, aumentando la potencia de los propulsores.

El galardón para la innovación en motores de la década de 1860 es, sin duda, para el alemán Nikolaus Otto. Basándose en el modelo de Lenoir, consiguió fabricar varias versiones de un motor estacionario de gas. En 1867 recibe el primer premio en la Exposición Universal de París, dado que su sistema consumía menos de la mitad de gas que el del belga y ofrecía más potencia.

Si bien el primer propulsor de combustión interna de cuatro tiempos fue patentado en 1861 por el francés Alphonse Beau de Rochas, sería el propio Otto el que lo perfeccionaría en 1876, colaborando con Wilhelm Maybach y Gottlieb Daimler. Su sistema es el que estandarizó la compresión del aire en la combustión.

Tres año después, otro alemán, Karl Benz, patentaría un motor de dos tiempos basado en los diseños de Beau de Rochas. Posteriormente, desarrollaría uno de cuatro tiempos, que patentaría en 1885 y, al año siguiente, acoplaría a un carruaje ligero de tres ruedas, creando, así el primer automóvil de la historia.

Benz no confiaba en la comercialización de su invento, pero su mujer, Bertha Benz, condujo el automóvil de Mannheim a Pforzheim (106 km) en 1888, demostrando lo útil que podría llegar a ser al público. Dos años después, Benz se sumó a Friedrich von Fischer y Julius Ganss, que se encargarían, respectivamente, de la administración y las ventas de su nueva empresa, dejándole tiempo libre para enfocarse en el desarrollo técnico del automóvil. El primer modelo Benz de cuatro ruedas, el Benz Victoria, llegó en 1893 y poco después se desarrollaría el Velo, la base del transporte por carretera.

El siglo XX arranca con un potencial infinito: en 1900, Rudolf Diesel presenta el funcionamiento de su propio motor en la Exposición de París, que usaba aceite de cacahuete. Ese mismo año, Maybach introduce el motor Daimler-Mercedes. En 1908, comienza la producción del Ford Model T.

Si bien el motor es el elemento esencial de cualquier automóvil, los avances se comenzaron a producir en todos los ámbitos: suspensiones, transmisión, neumáticos, comodidad, electricidad... Al arrancar el siglo XX, el petróleo parecía inagotable y los intentos de crear automóviles eléctricos se habían desestimado -el Flocken Electrowagen se construyó en 1888-. Las primeras baterías, solo para el alumbrado, se comienzan a usar en 1905. 130 años después, será lo único que impulse los coches en Europa.

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