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En el famoso Ford Mustang , el otro protagonista de Un hombre y una mujer

Jean-Louis Trintignant: un hombre y un coche

Un actor inmenso, de cine y de teatro, y nada extraño situarle junto a un automóvil pues su vida, o sus dos vidas, la del hombre y la del interprete, se han vivido en muchos casos con un volante entre las manos y en un circuito

SANTIAGO DE GARNICA CORTEZO

Esta pasión por la velocidad y el coche, no podía escapar de ella, incubada por sus tres tíos pilotos que se inclinaban sobre su cuna, desde su nacimiento, el 11 de diciembre de 1930. A su alrededor, sus hadas se llaman Louis Trintignant, que se mata con su Bugatti Type 35 durante los entrenamientos del Grand Prix de Picardie cuando Jean-Louis tenía tres años. También estaba el otro tío, Henri, que corrió el Gran Premio de Francia en 1936. Y, sobre todo Maurice, aquel para quien se inventó el término gentlemen driver, que disputó 82 grandes premios y ganó en dos ocasiones (con Ferrari y Cooper) el Gran Premio de Mónaco, que también ganó las 24 Horas de Le Mans, en 1955, con Ferrari, y el argentino José Froilán González, «El Toro de la Pampa» compartiendo volante.

Pero el sobrino no seguirá sus pasos, no profesionalmente en ningún caso. Y no, al menos, en un principio.

Piloto en la ficción y en la vida real

Jean Louis Trintignant, de adolescente, descubrió la poesía, pero ocupó los bancos de la facultad de derecho de Aix en Provence, con un moderado entusiasmo pues ya se sabe eso de que «hay que hacer algo de provecho». Es en esta ciudad donde descubre el teatro, pero también el cine, dos artes que le hacen abandonar el Código Civil. Pero el joven Trintignant quiere aprender. Así toma clases de interpretación y, al mismo tiempo, se matricula en una escuela de cine, con la idea de convertirse en director para la pantalla grande y actor en los escenarios. Dirigirá dos largometrajes, la comedia negra «Une journée bien remplie» (1972) en español «Un día bien aprovechado»; y otra comedia, «Le maître nageur» (1978). Pero si actuará en el teatro a lo largo de su carrera, el reconocimiento y la notoriedad le llegarán sobre todo por sus grandes papeles en el cine.

Esta notoriedad, la adquirirá al mismo tiempo que una joven actriz con la que comparte los créditos en «Y Dios creó a la mujer», de Roger Vadim. Pero si Brigitte Bardot se lleva la fama, la película le permite a Trintignant encadenar los roles, hasta la obra maestra «Un hombre y una mujer», la primera (y para algunos la mejor) película de Claude Lelouch, estrenada en 1966. El largometraje ganó la Palma de Oro en Cannes, el Oscar a la mejor película extranjera, e impulsó a su director y protagonistas (Trintignant y la también inolvidable Anouk Aimée) hacia las cumbres. Al volante de su Ford Mustang, Jean-Louis Trintignant, tras correr el Rallye de Monte-Carlo, parte de noche para llegar al otro extremo de Francia, hacia Deauville, para encontrase con la mujer que le escribió que lo amaba.

Y no sólo este primer trabajo transformará al antiguo estudiante de derecho en una estrella de cine (ganará el premio de interpretación en el mismo festival de Cannes tres años después), sino que le devuelve a los buenos recuerdos de sus tíos pilotos desde que en la película su personaje, Jean-Louis Duroc, es un corredor de coches.

Curiosamente, el personaje interpretado por Trintignant no era piloto en un principio. Originalmente, en el guion de Lelouch, era médico. Ante la insistencia de su intérprete, el director se retractó de su primera idea, nada molesto por la modificación ya que él mismo era un apasionado de los coches.

En la edicón de 1980 de las 24 Horas de Le Mans, con un Porsche 935 K3

Es otra trayectoria que encontrará una vez adquirida su notoriedad y la facilidad económica: la de los circuitos y las especiales de rally. Porque Trintignant siempre se ha enorgullecido de ser un entusiasta de los automóviles. Incluso si, tal vez de manera atávica, tenía mucho más talento que la mayoría de las estrellas que disfrutan regularmente conduciendo algunos coches de competición.

Así, en estos finales de los sesenta, tomará el volante, primero en rallyes. Debuta en 1976 en el Rallye du Var con un Opel Kadett GT/E y en 1977 participa en el Monte-Carlo con un Simca Rallye 2. En 1979 conduce un Alfa Romeo Alfasud Ti en 1979 en el Critérium des Cévennes.

En 1981 logrará dos victorias de clase respectivamente en el Rallye du Roussillon y la Ronde Nationale de la Durance con un Alpine-Renault A310 1800 y luego pasará a conducir un Porsche 924 en el durísimo el Rallye de Costa de Marfil, un Opel Ascona 400 en el Rallye du Condroz, y un Peugeot 505 TI en el Monte-Carlo.

Al año siguiente vuelve al Monte-Carlo, pero ahora con un Peugeot 104 ZS, y con Porsche 911 participa en el Rallye de la Baule y en el Rallye National du Périgord Noir. En 1984 es su última edición del Montecarlo, esta vez a bordo de un Alfa Romeo Alfetta GTV6.

En la edicón de 1980 de las 24 Horas de Le Mans, con un Porsche 935 K3

Y también en los circuitos, donde participa en las carreras monomarca (todos corrían con Simca Rallye 2) del Star Racing Team, con sus compañeros del espectáculo, Moustache, Guy Marchand o Claude Brasseur.

Y disfruta mucho, pero es un perfeccionista y si pilota, quiere no hacerlo contra rivales amateurs, sino contra verdaderos pilotos profesionales. En 1977, cuando participa en el campeonato francés de «Producción» con un Triumph Dolomite del equipo Leyland France, para este principiante de 47 años, fue una historia completamente diferente. No es Trintignant el famoso actor bajo los focos. Es Jean-Louis, un piloto humilde y discreto, sin brillos, sin cortejos de admiradores. Cada fin de semana de carreras, el piloto reemplaza al actor, escucha los consejos de René Metge, su compañero de equipo, intercambia opiniones con periodistas especializados, solo habla de coches, de carreras, solo de su pasión.

Durante cinco años vivió intensamente los momentos de este paréntesis en su vida. Compite en todos los «escenarios»: circuitos, rallyes, carreras sobre hielo…. Y lo hace con coches muy distintos., el más potente de los cuales, el Porsche 935 K3 de 780 CV, le valió el susto de su vida. Sería en la edición de 1980 de las 24 Horas de Le Mans con Xavier Lapeyre y Anne Charlote-Verney compartiendo volante. El domingo por la mañana, a pocas horas del final de la carrera una rueda trasera del 935 K3 revienta en la recta de Les Hunaudières, a más de 300 km/h. El coche rebota contra los guardarailes antes de detenerse: Trintignant, milagrosamente, está ileso. Volviendo a boxes, declaró, «cuando la gente me hablaba de Le Mans, siempre me decían: nos matamos ahí en la recta. Así que me dije a mí mismo que iba a morir, pero que tenía que intentar algo. Accioné el cortacorriente, pisé el embrague e hice un trompo».

Por otro lado, continúa en pruebas de resistencia, y es 7º y 2º en las 24 horas de Spa-Francorchamps de 1981 y 1982, respectivamente, sobre un BMW 528 con compañeros de equipo prestigiosos como Derek Bell y Jean-Pierre Jarier y una reconocida piloto de rally y circuito (incluidas cuatro participaciones en Le Mans) llamada Marianne Hoepfner.

Preguntado por su actuación, Jean-Louis Trintignant habló primero de los demás: «Espero haber estado a la altura, que no impidiera que mis compañeros pudieran hacerlo mejor». Siempre humilde.

Los años 80 son los años del Dakar. El rally-raid atrae a las estrellas y Trintignant se deja convencer para participar, pero sin resultados.

En el año 2000, se casa con Marianne Hoepfner. Y allí ha estado hasta el final, cuando Jean Louis Trintignant ha tomado la salida de su último tramo el pasado viernes 17 de junio.

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