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Cómo hay que conducir para que los frenos funcionen correctamente

Es un elemento de seguridad activa imprescindible que hay que mantener en buenas condiciones

A. NOGUEROL El Barco de Ávila

El proceso de frenado implica al sistema hidráulico, que transmite la fuerza que el conductor ejerce sobre el pedal (seguridad activa) y lo convierte en presión sobre los discos, fricción y disipación de calor.

Por eso, es el dispositivo de seguridad que más desgaste sufre en los vehículos, de ahí la importancia de mantenerlos en buen estado durante todo el año y no únicamente cuando la meteorología nos obliga a conducir sobre suelo mojado.

A pesar de su importancia para la seguridad en la conducción, uno de los fallos más habituales en las revisiones de ITV se da en el sistema de frenado. Teniendo en cuenta que a una velocidad de 120 km/h la distancia de frenado puede aumentar hasta en 20 metros, es imprescindible mantenerlos en perfectas condiciones de funcionamiento.

Muchos defectos de este sistema o incluso posibles averías graves, son pasados por alto por muchos conductores porque se van adaptando poco a poco a un funcionamiento anómalo. Una de las primeras sensaciones que tenemos cuando usamos otro coche es el cambio en el tacto de los pedales. La dureza de los pedales de embrague o freno suele ser diferente a la que estamos acostumbrados en nuestro coche y es posible que, incluso, notemos que la frenada es más o menos efectiva que de costumbre.

Debido al desgaste, los frenos van perdiendo efectividad de forma progresiva y el conductor se va adaptando a estos cambios. Con el paso del tiempo la distancia de frenado aumenta, el pedal se vuelve más esponjoso, hasta que otra persona no conduce nuestro coche y nos dice: ¡pero que mal frena tu coche!, no nos damos cuenta de que tenemos un problema.

Los expertos de Alquiber nos dan algunos consejos y advertencias para detectar posibles problemas a tiempo:

1. Estilo de conducción. Los frenos del vehículo estarán expuestos a mayor o menor desgaste en función del coche, conductor y tipo de conducción. Discos y pastillas son los componentes que más acusan el desgaste, pero no solo depende de los kilómetros recorridos: cuanto más brusca sea la forma de conducir, mayor será el desgaste. Del mismo modo, cuando necesites usar el freno de manera prolongada, como en el descenso de un puerto, es mejor recurrir a marchas más cortas. De esta forma, el vehículo no se acelerará tanto y evitarás que los frenos se calienten.

2. Elección de vías. El terreno por el que se circula también influye directamente en la vida útil del sistema de frenado. Circular asiduamente por zonas urbanas con mucha pendiente o zonas montañosas en lugar de por autovías o caminos llanos hace que los frenos acusen más desgaste. Por eso, para mantener su buen estado durante más tiempo, también debe tenerse en cuenta por qué tipo de tramos circulamos habitualmente.

3. Escucha las señales. Actualmente, la mayoría de ellos tienen un sistema de aviso en caso de desgaste de frenos, pero en caso de notar algo extraño (que se va demasiado al fondo o que está muy blando, por ejemplo), es conveniente acudir a una revisión porque podría tratarse de presencia de aire en el circuito hidráulico. Por otra parte, si al pisar el freno notas que el volante vibra puede significar que alguna pieza del sistema de frenado está en mal estado, que las ruedas no están equilibradas o que los discos están combados. Acude de inmediato al taller. Los chirridos pueden ser buena o mala señal, ya que pueden producirse porque las pastillas sean nuevas, o bien porque algo no esté bien. Quizás haya partículas metálicas u óxido en ellas, estén desgastadas o los discos en mal estado.

4. Comportamiento extraño del pedal. Si tienes que presionar el pedal con mucha fuerza es probable que las pastillas o los discos estén dañados. Otras causas podrían ser grasa o líquido de frenos en las pastillas o poca cantidad de líquido. Si, por el contrario, el pedal se hunde, esto podría significar que las pastillas están muy gastadas, que hay una fuga en el circuito de aire, que hay o poco líquido de frenos, contaminado o inadecuado. Lo mejor que puedes hacer es acudir y consultar a un profesional.

5. Componentes. Las cajas y pastillas deben ir marcadas con la homologación ECE R-90, garantía de que se cumplen las normativas. La seguridad no tiene precio, no te arriesgues a comprar componentes de menor calidad para ahorrar.

6. Revisiones periódicas. El mantenimiento preventivo es fundamental. El mal estado del sistema de frenado supone un aumento considerable en la distancia a la hora de frenar y te arriesgas a sufrir accidentes que, de otra manera, serían fáciles de evitar. Generalmente, los fabricantes incluyen en el manual de usuario instrucciones útiles para alargar la vida de los frenos. En general, se recomienda reemplazar el líquido de frenos cada dos años o 40.000 kilómetros, parámetros que marcan el límite de la degradación y pérdida de propiedades del sistema. En todo caso, siempre hay que seguir las indicaciones del fabricante.

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