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Ferrari de Dalia, marca española que fabricaba bajo licencia de la francesa Solido

De un Citroën DS a un Ford Mark IV: Sueños a escala

Recuerdos de las noches de Reyes de los años sesenta, de aquellos coches a escala de Matchbox, Nacoral o del Scalextric

SANTIAGO DE GARNICA CORTEZO

A muchos les resultará difícil dejar de recordar aquellos días de diciembre y primeros de enero cuando de niños apretaban sus pequeñas narices en el cristal de los escaparates para ver sus coches soñados, no de los grandes que apasionaban a sus padres, sino de esos otros a escala que levantaban no menos pasiones entre los más pequeños.

Viajemos a los años sesenta cuando los juguetes de cuerda dejaban paso a los primeros modelos eléctricos dirigidos, o más bien conducidos, por un cable que salía de su parte posterior hasta un mando donde con un botón iban hacia delante y con otro hacia atrás, mientras que con el volante se cambiaba de dirección. Era la época, seguro que recordará muy bien querido lector si usted está entre los 50 y 60 años, del Tiburón de Payá, claro un Citroën DS, o bien del Ferrari Campeón –en realidad un 250 LM– de la misma marca o los Seat 850 o 1500 de Rico, entre otros. Eso sin olvidar los preciosos camiones Barreriros también de Payá.

Seat 600 de Nacoral

Los niños de entonces sabían que las prestaciones eran más elevadas cuando las pilas en vez de ir en el coche se situaban en el mando ¡El peso es el enemigo! que diría André Citroën. Y sufrían la demasiado frecuente rotura del cable de dirección.

Fue también al final de aquella década cuando Nacoral nos trajo uno de los Ford Mark IV de Le Mans, ya teledirigido, con un sistema monocanal que entusiasmaba a los niños….y producía interferencias en los televisores de los padres.

Y ya no movidos por pilas si no por la imaginación, estaban aquellas miniaturas a escala 1/43 o 1/86, como las británicas Matchbox de Lesney en sus cajas azules y amarillas; los Corgi y su característico perro; las francesas de Sólido, que también se fabricaron en España por Dalia bajo licencia, o las españolas de Pilen, Joal y Nacoral.

Uno de los clásico Matchbox, el camión de transporte de cocches de carreras

Y sería imperdonable olvidar la colección (con 127 referencias) de vehículos a escala 1,88 y en plástico (con un plomo en su interior para darles peso), de los Mini-Cars de Anguplas, lanzada entre los años 1958 y 1966 por Jorge Angusto Amillach, y cuyos moldes serían luego utilizados por Eko.

Chevrolet Corvette de la firma española Pilen

Y el Scalextric

Pero este repaso a los sueños, a las noches de aquellos 5 de enero de los años sesenta, estaría incompleto sin el Scalextric. El invento del británico Fred Francis en los años 50, llegaría a España tras un acuerdo firmado en el año 1962 entre la firma británica Tri-ang y la española Exin.

El Scalexrtric, fabricado en España por Exin, con licencia de la británica Triang

Al principio en España se fabricaban, bajo licencia británica, las pistas (por cierto, que entre 1962 y 1964 las haría Pirelli) y los transformadores mientras que los coches y otros complementos venían del Reino Unido.

Comprar un coche de Scalextric de forma individual -es decir fuera del set o conjunto de pistas, mandos, peraltes y vallas- suponía pagar entre trescientas y cuatrocientas pesetas de las de entonces, y eso era mucho dinero en los años sesenta. Como modelos de aquella época podemos recordar los Austin Healey, Mercedes 250 SL, los monoplazas Cooper y Ferrari de Fórmula 1 (los primeros coches fabricados por Exin, en 1965, a partir de los moldes de Triang) o el Seat 600 que fue el primero diseñado y fabricado por Exin.

Y los niños se hicieron mayores, pero hay quienes no se olvidaron de sus recuerdos y transformaron los sueños de ayer en pasión de coleccionista, una pasión que a veces va asociada a cifras espectaculares sobre todo cuando se trata de ejemplares bien cuidados y más bien raros por que en su época se fabricaron pocas unidades: por un curioso Bugatti de Scalextric, del que tan solo se conocen 36 ejemplares en el mundo, se pueden vender por más de tres mil euros.

Y por las ferias de vehículos clásicos y antiguos se puede ver a aquellos niños de entonces, hoy adultos ya de cierta edad, dejémoslo ahí, con la nariz pegada al cristal de la vitrina contemplando esas antiguas miniaturas…. y sin dejar de soñar.

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