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Para Toivonen fue un triunfo que no le gustó nada

El 'affaire' del Rally de Monte-Carlo 1966

Todo parecía indicar que los Mini habían dominado aquella 35ª edición del rallye más famoso del mundo. Pero llegaron las verificaciones técnicas...

SANTIAGO DE GARNICA CORTEZO

Los Mini habían hecho valer su manejabilidad y buena capacidad de tracción, imponiéndose en el rallye de Monte-Carlo en dos ocasiones: en 1964, con Paddy Hopkirk, y 1965, con Timo Mäkinen. Nacía así una verdadera leyenda de 'mata gigantes', pues los pequeños automóviles británicos dejaban atrás a adversarios mucho más potentes.

Por su parte, Citroën había ganado la edición de 1959 del Rallye de Monte-Carlo con un ID 19, el modelo que en España se conocía popularmente como 'Tiburón'. Si bien indiscutible, fue un curioso triunfo. La historia cuenta que su piloto, Paul Coltelloni (de la escudería París-Île de France), había encargado para su mujer un DS 19 color violeta con techo blanco, pero que le entregaron un ID 19 en otro color. Entonces tomó la decisión de partir con él (acompañado de dos copilotos, cosa poco habitual pero permitida) llamados Claude Desrosiers y Pierre Alexandre.

Se decía que el ID, si bien más lento que el DS, era en cambio más fiable pues su sistema hidráulico operaba tan solo en el sistema de suspensión. Por el contrario, en el DS 19 tanto el cambio, como el frenado y la dirección, dependían también del sistema hidráulico, y en esa época sufrían bastantes averías. El hecho es que, por una diferencia muy pequeña, aquel ID 19 privado le dio un triunfo muy sonado e indiscutible a Citroën y a su emblemático modelo.

Siete años después, en 1966, el equipo Citroën, dirigido por el inolvidable René Cotton (el hombre al que la firma del doble chevron debe el inicio de su gran debut en competición) busca una segunda victoria en el Monte-Carlo. Hay que reconocer que, a priori, el famoso DS no era un coche especialmente apto para la competición, si exceptuamos su fantástica estabilidad. Pero la verdad es que entre finales de los cincuenta y principios de los sesenta, obtuvo (además de la ya citada victoria en el Monte) muchos triunfos en manos de privados. Citroën, que les apoyaba de forma indirecta y discreta, decide entrar oficialmente en competición en los años sesenta. Y en 1964 sitúa a Cotton al frente del 'Service Competition Citroën'. René Cotton era un jefe de equipo de enorme prestigio, muy inteligente, considerado un excelente estratega, conocedor de hasta la última letra del reglamento e incansable trabajador a la hora de planificar un rallye: pasaba y repasaba los tramos hasta que no quedaba un detalle sin controlar. Y el resultado de esa capacidad es que el DS es una de las grandes leyendas de los rallyes, con un espectacular palmarés.

Pero volvamos a nuestra historia. En aquella nevada edición, la treinta y cinco del Monte-Carlo, los Mini Cooper de Makinen-Easter, Aaltonen-Ambrose y Hopkirk-Lidon, llegan al final de la prueba ocupando las tres primeras plazas en este orden. Era un éxito indiscutible y con un enorme impacto publicitario para el Mini, tras batir a coches mucho más potentes.

Sin embargo, salta la noticia: los tres coches ingleses del equipo BMC, dirigido por Stuart Tuner, son descalificados después de la llegada por los comisarios deportivos tras el informe de los comisarios técnicos que han realizado las pertinentes verificaciones. La razón es 'dispositivo de alumbrado no conforme a las prescripciones del artículo 257 del Anexo J del Código Deportivo Internacional'. En los tres coches, las luces del alumbrado de cortas eran, simplemente, antinieblas, montaje admitido en Gran Bretaña, pero no en Francia donde las bombillas de un solo filamento estaban prohibidas y las ópticas principales debían tener dos filamentos, uno para la luz de larga y otra para la de cruce. Los faros con bombillas de doble filamento (largas/cortas) habían sido reemplazados por otros que solo emitían el haz de luz de largas, con una lámpara de iodo, un montaje que no estaba disponible en los Cooper S que se vendían en los concesionarios. De noche la superioridad de este sistema era indiscutible, pero tras las verificaciones previas a la prueba, no se había indicado nada sobre la no conformidad del dispositivo.

Se extendió el rumor de que el equipo inglés había hecho trampa, cambiando las ópticas tras las verificaciones previas a la prueba. Pero esto era una teoría discutible pues las lámparas de iodo eran reconocibles a simple vista y los comisarios se habrían dado cuenta. Otros ocho concurrentes británicos, entre ellos el Ford Cortina oficial del de Roger Clark (situado en la cuarta plaza) o los de Vic Elford y Bengt Söderstrom, también fueron descalificados por el mismo motivo. Turner reclamo contra la decisión, por considerarla más política que técnica, pero fue en vano.

Así el Citroën DS 21 de Toivonen-Mikander, inscrito en Grupo 1 (coches de serie) ascendió desde la quinta a la primera plaza. En cuando a Lucette Pointet, con la suspensión de su Citroën DS 21 muy deteriorada tras impactar con un coche de periodistas que llegaba en sentido contrario, ganó al Copa de Damas pues Rosemary Smith había sido descalificada por el tema de los faros.

El dedo acusador sobre las ópticas de los Mini

Sin duda fue un triunfo que no dejó muy buen sabor a Pauli Toivonen (el padre del malogrado Henry Toivonen) que incluso boicoteó la ceremonia oficial y no correrá ya nunca más para Citroën. Luego Mini, aunque habían prometido no volver, ganó el Monte-Carlo en 1967 y Citroën en ocho ocasiones más, pero eso, ya saben, es otra historia. Y el célebre 'Monte' está lleno de ellas.