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La reforma de las etiquetas medioambientales, en punto muerto

Las organizaciones medioambientalistas piden que la clasificación se reformule, mientras la DGT y los fabricantes defienden su vigencia

U. MEZCUA

La reforma del etiquetado medioambiental de los vehículos, prevista inicialmente para el pasado mes de julio, ha entrado en punto muerto. Así lo aseguraron ayer las organizaciones ecologistas Transport & Environment (T&E), Ecodes y Greenpeace, que en un encuentro virtual con los medios afirmaron que se encuentra bloqueada por la Dirección General de Tráfico (DGT), a la que acusaron de «falta de diálogo y transparencia».

El ente dirigido por Pere Navarro avisó que la reforma solo se haría «si hay consenso» entre las partes. La DGT y los fabricantes automovilísticos defienden que el sistema funciona bien y su modificación agravaría la incertidumbre entre los consumidores. Las organizaciones ecologistas, por el contrario, reclaman que el etiquetado se modifique para retirar la etiqueta Cero a los modelos híbridos enchufables; se suprima la etiqueta Eco; se cree una nueva etiqueta D que englobe a los vehículos híbridos y a los diésel y gasolina más modernos y se tomen en consideración las emisiones de CO2 de los coches.

«Nuestra propuesta mejora y actualiza los criterios del etiquetado, revierte las deficiencias del sistema actual y sus incoherencias. Sabemos que goza de aceptación a nivel ministerial (Transición Ecológica ha asegurado que hay margen para «afinar más» la clasificación actual), pero la influencia del lobby automovilístico está poniendo en riesgo su aprobación», aseguró Cristian Quílez, de Ecodes. Carmen Duce, de Ecologistas en Acción, reclamó que se permita a las asociaciones ecologistas participar en las reuniones.

El pasado 11 de octubre el Ejecutivo recibió el informe de los expertos sobre la reforma, anunciada en junio del año pasado, cuando se presentó el «Plan de impulso de la cadena de valor de la industria de la automoción. Hacia una movilidad sostenible y conectada», sin que haya trascendido por ahora su contenido.

En los últimos meses fabricantes como Renault, Ford o Seat han apostado por producir modelos enchufables en sus plantas españolas, con fuertes inversiones. La consideran una tecnología complementaria y facilitadora de la llegada de vehículos cien por cien eléctricos, cuya demanda, aunque creciente, es todavía muy minoritaria.