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Hasta cuándo podrá seguir subiendo la gasolina y el gasoil

Debido al llamado 'efecto cohete y pluma', aunque los precios del crudo se desplomen, tardará en refleajarse en el precio final que pagar los consumidores

S. M. Madrid

El litro de gasolina se pagaba en España la pasada semana a una media de 1,37 euros, según datos del Boletín Petrolero de la Unión Europea. Es un 21,2% más que el año pasado por estas fechas. Los precios de los combustibles han recuperado los niveles prepandemia e incluso los han superado, ya que hay que remontarse hasta octubre de 2014 para encontrar una gasolina y un diésel tan caros como los que se sirven ahora.

El encarecimiento de los carburantes se explica por el aumento de la cotización del barril Brent de petróleo, el de referencia en esta zona del mundo. El pasado día 16 marcó un máximo de 74,39 dólares, un 45,8% más que el 1 de enero, cuando se pagaba a 51 dólares.

Hasta que la oferta y demanda de petróleo no se equilibre, algo que puede no suceder hasta 2022, los carburantes seguirán en precios elevados, según los principales analistas económicos. Según la Organización de Consumidores OCU «todo apunta a que esos precios al alza continuarán así en las próximas semanas, lo que se dejará sentir en los bolsillos de los consumidores».

No es posible controlar el precio internacional del crudo, según explicaba a El Correo Kepa Loizaga, delegado de la OCU en el País Vasco. Según esta organización el sobrecoste que asumirá un conductor que viaje unos 20.000 kilómetros anuales respecto a hace un año es de unos 280 euros si utiliza gasolina y 200 euros si se trata de gasóleo.

En cuanto a la gasolina, a principios de enero llenar un depósito de gasolina con 50 litros de capacidad costaba 60 euros, 8,50 euros menos que la pasada semana.

Con el gasoil sucede algo similar, ya que la pasada semana se servía en los surtidores a una media de 1,23 euros, 20 céntimos más caro que hace un año, y llenar el depósito cuesta ahora 61,50 euros, siete euros más respecto a enero.

Según Loizaga no es posible controlar el precio internacional del crudo, ya que debido al conocido 'efecto cohete y pluma' que se produce cuando se encarece el petróleo y los precios de las gasolinas suben casi inmediatamente, pero que en la situación contraria bajan más despacio, en las próximas semanas se verán tarifas muy oscilantes. Además aproximadamente la mitad del precio de los carburantes son impuestos, por lo que para controlar las subidas y bajadas podría contemplarse «la conveniencia de revisarlos, tal y como se plantea hacer con la electricidad», explica el delegado de OCU en el País Vasco.

Aproximadamente el 55% del precio de un litro de gasolina de 95 octanos está fijado por los impuestos. En el caso del gasóleo, este porcentaje alcanza al 50% del precio. A ello hay que sumar que el petróleo se negocia en dólares, pero se vende en euros. Por ello, cuánto más fuerte esté la moneda europea, mayor diferencia habrá entre el precio del crudo y de los carburantes.

Asñi se explica que un desplome en el precio del crudo solo repercuta en aproximadamente el 30% del coste final del combustible.

Cuanto más baja el precio del crudo, mayor es el porcentaje de impuestos abonados por litro. Las petroleras afirman que esta imposición fiscal es la principal razón para que el precio de los carburantes no bajen tanto como los del petróleo. Además del IVA, la gasolina soporta el impuesto Especial de Hidrocarburos, que tiene tres tramos (estatal, autonómico y especial).

Sin embargo, las intenciones del Gobierno se mueven en un sentido totalmente contrario. En el plan de reformas recientemente enviado a Bruselas contempla revisar las bonificaciones de los hidrocarburos utilizados como carburante. El objetivo es «profundizar en el diseño de una fiscalidad verde que contribuya a la sostenibilidad, protegiendo al medioambiente como herramienta de lucha contra el cambio climático». Es decir, subir los impuestos que gravan las fuentes de energía más contaminantes, como son las derivadas del petróleo.

Otro factor que podría influir de forma indirecta en el precio de los carburantes es el Fondo Nacional para la Sostenibilidad del Sistema Eléctrico (FNSSE), que asume los costes asociados al régimen retributivo específico de las renovables, cogeneración y residuos (Recore). Un fondo que pretende reducir la factura eléctrica pero que indirectamente puede subir la de los carburantes.

El motivo está en que el coste de esta herramienta -unos 7.000 millones de euros al año- lo asumen en buena parte las empresas comercializadoras de gas y productos petrolíferos. Así, según advierte la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), estas compañías podrían trasladar al menos una parte de ese coste al precio final que pagan los consumidores. Los cálculos del superregulador hablan de un sobrecoste de entre cuatro y seis céntimos por litro en 2025 respecto a los precios actuales.