Llega el ejército de Jasikevicius

27/12/2018

Reválida de cuidado para el Granca ante un adversario marcado por el estilo racial de su entrenador y que ya ha dado muestras sobradas de su talento, garra y capacidad en la máxima competición continental en los últimos tiempos

Dicen que el Zalgiris es uno de los equipos más vistosos y eléctricos de la Euroliga. Que el látigo de Jasikevicius en la banda ha añadido colmillo y agallas al talento de muchas de sus figuras. Y algo de verdad habrá porque entre sus triunfos de esta campaña en la competición continental figuran ramalazos como tumbar al Anadolu Efes en Turquía (79-93), imponerse, también, en la cancha del Panathinaikos (83-87) o dar buena cuenta del Olympiakos (83-75). Y otro aviso: perdió por una canasta en Moscú frente al todopoderoso CSKA (99-97). Un ejercicio de memoria arroja apunte de calidad, con su presencia la pasada campaña en la Final Four. Casi nada.

Jasikevicius, jugadorazo en su época y que llegó a alzar cuatro Euroligas, ha impuesto estilo y carácter. Para muchos es la estrella del Zalgiris aunque no pueda tocar la pelota y ahora vista traje y tenga cara de perpetuo enfado. Al lìmite vive el baloncesto y así quiere que lo vivan los suyos. De ahí los peligros de Davies, Walton y compañía a falta de Westermann, que se quedó fuera de la lista por lesión. En la banda tienen a un jefe militar de los que no concede, obsesionado en los detalles, meticuloso como pocos y que no duda en dar broncas para poner firme al personal. En Kaunas le han dado vía libre para armar un proyecto a su molde. Y Saras, agradecido por sentirse querido en casa, predicó con el ejemplo rechazando al Barcelona cuando le llamaron desde el Palau. No tardará en volar, Pero, de momento, gobierna con éxito en el Zalgiris.

Esta noche aterriza en el Arena con el vuelo que le han dado sus últimos dos triunfos consecutivos (71-75 con el Darussafaka y 80-73 contra el Maccabi) y garantizando al Granca un examen afilado, de los que da gusto sacar adelante por el escudo y jerarquía del adversario. Aunque este escenario es para el Herbalife un regalo, con la exigencia de defender la plaza con honor, no más, alargar el sueño de seguir vivo, de asomarse al top-8 obliga a no fallar hoy. El balance 5-9 en catorce jornadas ya alza la guillotina. El Granca no quiere ser comparsa en Europa y se ha metido en la faena, sorteando lesiones, cambios de entrenador y demás imprevistos. Ha resuelto a favor tres de los cinco duelos más recientes (Darussafaka, Milan y Buducnost) y Víctor García, alérgico a las excusas, espera que, tras el tropiezo en la competición doméstica en Zaragoza, su gente recobre el brío y sorprenda al conjunto lituano, favorito en las apuestas.

Uno de los alicientes del partido, además de lo esencial, que es ganarlo, estará en la puesta en escena de Josh Magette, reién llegado al club como refuerzo de emergencia y cuya presencia en pista, con dos entrenamientos a cuestas, resulta inevitable. Albert Oliver llega hasta donde puede y, con Radicevic ko, habrá minutos y carrete para el nuevo.

Pese a que la enfermería sigue dando dolores de cabeza, la semana, al menos, ha permitido cierto respiro para enfocar el partido. Tal y como están los calendarios, cuatro días limpios focalizando un rival y sin tener que coger aviones supone un lujo y ahí se agarra el Granca, a los pulmones aireados para entrar con rigor a la cancha y jugar con velocidad, ímpetu y ambición. También ajustando atrás para parar el alto porcentaje de puntos encajados, pues no hay otro con más alto procentaje (89.4 puntos por partido).

«Tienen una de las mejores defensas de la Euroliga, muy agresiva e intensa, y da igual los jugadores que tengan en pista», advirtió ayer Víctor García, consciente de las dificultades que se van a encontrar ante el oponente que no concede. Una llamada a la atención de los suyos, ya mentalizados para pelear cada ataque y defensa como si no hubiera mañana. Es la fórmula para que el ejército de Jasikevicius entregue sus armas.