Roussel muestra su programa electoral. / BERTRAND GUAY / AFP

El candidato 'gourmet' del comunismo francés

Atípico izquierdista. Fabien Roussel rompe con los viejos esquemas y se manifiesta defensor de las gastronomía tradicional francesa y de la energía nuclear

BEATRIZ JUEZ Corresponsal. París

Fabien Roussel, el candidato comunista a las presidenciales francesas de abril, ha creado un gran revuelo político-mediático en la campaña al presentarse como firme defensor de la comida gala. «Un buen vino, una buena carne, un buen queso: eso es nuestra gastronomía. La mejor forma de defenderla es permitir que todos tengan acceso a ella», dijo hace unos días en France 2 Roussel el diputado del Partido Comunista (PCF).

Sus declaraciones fueron criticadas por Los Verdes. «El cuscús es el plato preferido de los franceses», le recordó en Twitter la ecologista Sandrine Rousseau, quien explicó que sus compatriotas también comen pizza, sushi y raclettes. Otros desde la izquierda denunciaron que el comunista defendiera el consumo de carne o de alcohol sin moderación.

Este comunista 'gourmet' encontró, sin embargo, un inesperado aliado. «Más allá de nuestras diferencias políticas, apoyo total a Roussel, atacado por los ayatolas verdes que quieren imponernos una vida sin placer», escribió en Twitter el diputado conservador Éric Ciotti. «¿Su crimen? Haber defendido nuestra gastronomía. Delirante e inquietante para el futuro de nuestra sociedad», opinó este diputado del ala derechista de Los Republicanos, el partido de Nicolas Sarkozy y Valérie Pécresse.

«Antes nos acusaban de comer niños, ahora nos reprochan que comamos carne», ironiza

Roussel considera que «esta polémica es reveladora de lo que la izquierda desconectada del pueblo no quiere ver». Recordó las dificultades de muchos ciudadanos para «vivir dignamente a pesar de trabajar» y a tener acceso a un alimentación de calidad a buen precio. «Antes acusaban a los comunistas de comer niños, ahora nos reprochan que comamos carne. Eso es progreso», escribió en su cuenta oficial de Twitter su formación.

Roussel, diputado por una circunscripción del norte, es secretario general del PCF desde noviembre de 2018. Proviene de una familia comunista y se adhirió al partido en 1986. Antes de meterse en política, era periodista. Exhibe un patriotismo sin complejos que descoloca a muchos. «Cuando hablamos de soberanía, de Francia y de nación, choca a algunos de la izquierda. Lo lamento, pero para mí la historia del Partido Comunista es el matrimonio de la bandera azul-blanca-roja y la bandera roja del movimiento obrero», sostiene.

Con un 2,5% de intención de voto, no tiene ninguna posibilidad de ganar las presidenciales. Pero le pisa los talones a la candidata socialista y alcaldesa de París, Anne Hidalgo, que sólo tiene un 3%, según el último sondeo Ifop.

Al presentar este lunes su programa explicó que quiere «dar esperanza a aquellos que ya no creen». Se declara «harto de esta Francia de la austeridad, la depresión y el castigo. Quiero ser el candidato de una izquierda que lleve la prosperidad para las clases populares». «Es el objetivo de nuestro programa por 'la Francia de los días felices', dijo citando el eslogan de su campaña electoral, elegido en homenaje al programa del Consejo Nacional de la Resistencia de 1944.

El empleo y la mejora del poder adquisitivo de los franceses son dos de sus promesas. También quiere «refundar la República» para lograr una «social, laica, feminista, ecologista y a favor de la paz en Europa y en el mundo», explicó este lunes en rueda de prensa.

Si es elegido presidente promete un salario mínimo de 1.500 euros, un ingreso para los estudiantes de 850 euros al mes, un aumento general de los sueldos y la contratación de 500.000 funcionarios. También aboga por la semana laboral de 32 horas y la jubilación a los 60 años con la pensión máxima. Quiere triplicar el impuesto a las fortunas y nacionalizar las compañías eléctricas, los grandes bancos y las aseguradoras privadas. Además, a diferencia de otros candidatos de izquierda, se declara pro energía nuclear y promete construir seis reactores nucleares «como mínimo». Al mismo tiempo, también quiere invertir más en energías renovables con el fin de alcanzar la neutralidad carbono en el horizonte 2040-2050. En la cartera de Exteriores, el candidato comunista exige la salida de Francia de la OTAN y aboga por «la construcción de una nueva Unión Europea».

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