Coches de policía cierran los accesos a la comisaría de la localidad de Rambouillet / Afp

Un yihadista asesina a cuchilladas a una policía a las afueras de París

La agente, de 49 años, estaba en la comisaría de Rambouillet cuando un hombre se abalanzó sobre ella al grito de «Alá es el más grande»

BEATRIZ JUEZ Paris

Francia está de luto. El terrorismo islamista golpeó este viernes una vez más el país vecino. En esta ocasión la víctima fue una agente de la Policía gala, asesinada a cuchilladas en las afueras de París por un hombre de nacionalidad tunecina, al grito de «Allahu Akbar» (Alá es el más grande).

El jefe del Elíseo, Emmanuel Macron, expresó su consternación desde Chad, donde se encontraba en el funeral del presidente Idriss Déby, mediante un mensaje publicado en Twitter. En él rendía homenaje a Stéphanie M., la agente asesinada en la comisaría en la que trabajaba en Rambouillet, a unos 60 kilómetros al suroeste de París, y se reafirmó en que el país no retrocederá un ápice en la lucha contra la barbarie terrorista.

«La República acaba de perder a una de sus heroínas de lo cotidiano, en un gesto bárbaro y de una infinita cobardía», añadió el primer ministro, Jean Castex, quien visitó junto al titular del Interior, Gérald Darmanin, la comisaría poco después del crimen. El jefe del Gobierno galo reiteró, al igual que el presidente, la determinación del Ejecutivo francés de no dar cuartel al yihadismo y felicitó a los agentes de policía que «inmediatamente neutralizaron al autor de los hechos».

Stéphanie, de 49 años y madre de dos hijos, trabajaba como funcionaria administrativa. Se encontraba en el vestíbulo de la comisaría alrededor de las 14.20 horas cuando fue atacada por un hombre armado con un cuchillo, por razones que se desconocen. El agresor, de 36 años y nacionalidad tunecina, según los datos divulgados por los medios franceses, falleció poco después de su acción como consecuencia de las heridas producidas por los disparos de otro agente presente en el lugar.

El terrorista, identificado por la prensa gala como Jamel G., entró ilegalmente en Francia en 2009 pero había logrado regularizar en 2019 su situación migratoria. No tenía antecedentes penales ni estaba en el radar de los servicios de Inteligencia por radicalización. Según las primeras pesquisas, podría tratarse de «un lobo solitario».

La Fiscalía Nacional Antiterrorista abrió una investigación por «asesinato de una persona depositaria de la autoridad pública en relación con una organización terrorista» y por «asociación terrorista». El fiscal Jean-François Ricard explicó a los medios de comunicación que existían varias razones por las que habían decido investigar como terrorismo el asesinato de la policía de Rambouillet. Entre ellas, «la modalidad del crimen», el hecho de que la víctima fuera una agente de las fuerzas del orden y «las declaraciones del autor» en el momento del crimen. Ricard no dio más detalles al respecto, pero, según algunos testigos, el asesino gritó «Allahu Akbar» (Alá es el más grande) cuando se abalanzó contra su víctima.

Seguridad reforzada

Tras el atentado, el ministro del Interior ordenó a los prefectos reforzar la seguridad en los alrededores de las comisarías de policía y en las brigadas de la gendarmería, especialmente en los vestíbulos de entrada, con el fin de evitar que se produzca otro ataque similar.

Cuando falta un año para las elecciones presidenciales, la líder ultraderechista Marine Le Pen criticó «el laxismo» del Gobierno galo frente al terrorismo y la inmigración irregular. «Hay que parar de regularizar a los clandestinos. Cuando un hombre entra en nuestro país violando la ley francesa, entrando en situación irregular, hay que sacar de la ley la posibilidad de que esas personas se regularicen», opinó Le Pen, quien se mostró a favor de «apoyar a la Policía, expulsar a los clandestinos y erradicar el islamismo».

Rambouillet, una localidad de unos 26.000 habitantes, se encuentra situada en Yvelines, un departamento que ha sido duramente golpeado por el terrorismo islamista en los últimos años. En 2016, un yihadista asesinó a una pareja policías en su propia casa ubicada en Magnanville. Y en octubre del año pasado, un refugiado checheno decapitó a Samuel Paty, un profesor de enseñanza secundaria, por haber enseñado a sus alumnos las polémicas caricaturas de Mahoma durante una clase sobre libertad de expresión.