Élisabeth Moreno, en su despacho del Gobierno. / TWITTER

Francia pone punto y final a las terapias de reorientación sexual

El Parlamento aprueba el proyecto de ley que prohibe esta praxis, para la que prevé sanciones de dos años de prisión y multas de 30.000 euros

BEATRIZ JUEZ Corresponsal. París

El Parlamento galo adoptó el martes el proyecto de ley que prohibe en Francia las terapias de reorientación sexual, que buscan a través de prácticas pseudocientíficas «curar» a homosexuales, bisexuales y transexuales. Estas terapias, también llamadas de conversión, pretenden modificar la orientación sexual o la identidad de género de estas personas para convertirlos en heterosexuales.

«Las terapias de conversión están definitivamente prohibidas en Francia», se felicitó este miércoles en Twitter el ministro de Sanidad, Olivier Véran. «Estemos orgullosos de ello, estas prácticas indignas no tienen cabida en la República. Porque ser uno mismo no es un crimen, porque no hay nada que curar», escribió en esa red social el presidente Emmanuel Macron. «Una victoria para la igualdad y la protección de las personas LGBT+», opinó Élisabeth Moreno, viceministra de Igualdad, quien consideró que estas terapias son «prácticas bárbaras de otra época».

Este nuevo delito del Código Penal francés contempla sanciones de al menos dos años de prisión y multas de 30.000 euros para «las prácticas, los comportamientos o declaraciones repetidas que tienen como objetivo modificar o reprimir la orientación sexual o la identidad de género, verdadera o supuesta, de una persona y que tenga como efecto una alteración de su salud física o mental». El castigo podría llegar hasta tres años de prisión y 45.000 euros de multa en caso de que estas terapias se realicen sobre menores o en su presencia.

«Estas prácticas indignas no tienen cabida en la República. Porque ser uno mismo no es un crimen, no hay nada que curar»

Al presentar este proyecto de ley, Laurence Vanceunebrock, diputada de La República en Marcha, recordó que estas terapias, que nacen en Estados Unidos en los años 50, se basan en la idea de que «la homosexualidad y la transidentidad son enfermedades que convendría curar». Pueden ser realizadas «discretamente por terapeutas autoproclamados 'expertos' en esta cuestión o por ciertos representantes o fieles de cultos o creencias, que se proponen 'curar' a los homosexuales o transgéneros bajo el pretexto de una lectura deformada de su religión o de sus creencias», explicó esta diputada del partido de Macron.

Esta praxis adopta diferentes formas: desde entrevistas a cursillos, pasando por reuniones de oración o de ayuno, exorcismos, tratamientos con electrochoques o inyecciones de hormonas. También pueden alterar la capacidad de juicio de la víctima haciéndola creer que es posible modificar su orientación sexual o su identidad de género.

En noviembre de 2020, el colectivo de víctimas de terapias de conversión 'Rien à guérir' (Nada que curar) publicó una tribuna de opinión en el diario 'Le Monde' pidiendo al Gobierno galo que apoyara este proyecto de ley porque «hay vidas en juego».

«Estas tentativas de modificar nuestra orientación sexual o nuestra identidad de género no son ni una fantasía ni una realidad de otra época. Estas prácticas existen hoy en día en Francia. Nosotros somos testigos», advertían estas víctimas, que recordaban que no sólo «estas pseudo terapias no funcionan», sino que producen «daños profundos», tal y como ellos mismos lo han comprobado.

Efectos dramáticos

No hay cifras oficiales sobre el número de víctimas de las terapias de conversión en Francia. Estas prácticas, que no tienen ninguna base médica o terapéutica, suelen estar destinadas a los jóvenes. Y tienen, según los expertos, efectos dramáticos y duraderos en la salud física y mental de las personas que las siguen, que pueden, por ejemplo, aislarse, sufrir depresión, tener pensamientos suicidas o incluso llegar a quitarse la vida.

En 2015, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos hizo un llamamiento a la prohibición de las terapias de conversión al considerarlas «prácticas contrarias en la ética, sin fundamento científico, ineficaces, y, ciertas de ellas constitutivas de tortura».

En 2018, el Parlamento Europeo condenó estas prácticas e instó a los Estados miembros de la Unión Europea a prohibirlas. Además de Francia, ya lo han prohibido en el continente, Malta y Alemania al considerar que estas terapias a menudo causan daño psicológico a quienes se someten a ellas. En España, varias Comunidades Autónomas han prohibido o limitado las terapias de conversión sexual.

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