La bandera francesa rinde homenaje al sacerdote católico Jacques Hamel en la entrada de la iglesia de Saint-Etienne-du-Rouvray. / reuters

Comienza el juicio por el asesinato de un cura francés degollado por islamistas

Los acusados, presuntos cómplices de los yihadistas abatidos en 2016, podrían cumplir una pena de hasta veinte años en una prisión

BEATRIZ JUEZ París

Casi seis años después del asesinato del sacerdote católico Jacques Hamel, degollado en 2016 por dos islamistas cuando oficiaba una misa en una iglesia francesa, comenzó este lunes en París el juicio con los presuntos cómplices de los yihadistas sentados en el banquillo de los acusados. Los autores, Abdel Kermiche y Abdel-Malik Petitjean, fueron abatidos por la Policía poco después del ataque. Kermiche y Petitjean, de 19 años de edad, dijeron que pertenecían al Estado Islámico, según declararon los testigos.

El juicio deberá esclarecer las circunstancias que llevaron a Kermiche y Petitjean a cometer este crimen y el proceso de su radicalización yihadista. Lo que Dominique Lebrun, arzobispo de Ruán, espera de este juicio es que «se haga justicia» y se resuelvan muchos interrogantes todavía sin aclarar: «¿Son los acusados culpables? ¿Qué pasó realmente? ¿El padre Hamel fue un objetivo determinado? ¿Conocía a uno de sus asesinos o no? ¿Se podría haber impedido esta muerte?», se preguntó el arzobispo en declaraciones a KTOTV, el canal de televisión católico, dos semanas antes del arranque del juicio.

En el banquillo de los acusados se sientan sus presuntos cómplices: Jean-Philippe Jean-Louis, Farid Khelil y Yassin Sabaihia, acusados de «asociación de malhechores con fines terroristas criminales». Un cuarto acusado, el yihadista francés Rachid Kassim, será juzgado en rebeldía. Se cree que Kassim fue el instigador del atentado y que habría muerto en un bombardeo en Irak en 2017.

El juicio está previsto que termine el 11 de marzo. Los acusados podrían ser condenados hasta veinte años de prisión si son encontrados culpables. El 26 de julio de 2016, el padre Hamel, de 85 años, oficiaba misa de la iglesia de Saint-Étienne-du Rouvray en Normadía (oeste de Francia). Era verano. Ese día había pocos feligreses, cinco o seis, en la iglesia. Durante la misa, alguien llamó a la puerta de la sacristía, una de las monjas abrió. Alguien quería ver al cura. Le dijo que esperara que acabara la misa. Poco después, los yihadistas entraron en la iglesia y sembraron el terror.

Las claves

  • Sospecha Una cuarta persona, Rachid Kassim, posible instigador del atentado, será juzgada en rebeldía

  • Pruebas gráficas Obligaron a uno de los feligreses a filmar las puñaladas y los golpes con un teléfono móvil

El sacerdote, cuyo proceso de beatificación por mártir sigue su curso en el Vaticano, fue asesinado a los pies del altar. Delante de sus parroquianos, los yihadistas le maltrataron, le degollaron y le dieron dieciocho puñaladas. Obligaron a uno de los feligreses, Guy Caponet, a filmarlo todo con un teléfono móvil.

«Empezaron a golpearle, mucho. Le golpearon, de rodillas. Le masacraron al pobre. Se defendió con los pies, como podía. Le escuché decir: 'Atrás, Satanás'. Y después como una orden: 'Vete, Satanás'. Después se acabó, pues el tipo le cortó el cuello», recordó Caponet, de 92 años, en declaraciones a FranceInfo. Este feligrés, que resultó gravemente herido en el ataque tras ser también apuñalado, sobrevivió gracias a que se hizo el muerto y a que una monja dio la voz de alerta. Los yihadistas fueron abatidos por la Policía a la salida de la iglesia, situada en las afueras de Ruán.

El asesinato del padre Hamel conmocionó a Francia en plena ola de atentados yihadistas en Europa. «Por primera vez en más de dos siglos, un sacerdote era asesinado en Francia durante una misa», recordó en Twitter Éric Morain, abogado de la Federación Nacional de Víctimas de Atentados Colectivos (Fenvac), que se presenta como parte civil en el juicio. Se trató del «primer asesinato perpetrado por el Estado Islámico en una iglesia en Europa», precisó Morain. «Matar un sacerdote es profanar la República», dijo entonces el presidente galo François Hollande. El objetivo era «provocar una guerra de religiones», opinó tras el atentado el entonces primer ministro Manuel Valls.

El asesinato del padre Hamel se produjo en una Francia todavía conmocionada por el atentado yihadista de Niza. Doce días antes, murieron 86 personas y 458 resultaron heridas en un atropello masivo en el Paseo de los Ingleses.

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