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Un antivacunas intenta que le pongan la inyección en un brazo de silicona

El hombre, que fue denunciado ante los Carabinieri, pretendía conseguir así el certificado que se exigirá en el país a partir del lunes para entrar en los lugares de ocio, bares y restaurantes

DARIO MENOR Corresponsal en Roma

El miedo infundado a la vacuna contra la covid-19 que existe en parte de la población italiana lleva a que se produzcan situaciones tan ridículas como la que tuvo lugar el jueves en un centro de vacunación de Biella, en el noroeste del país. Allí se presentó un hombre de 50 años utilizando un brazo de silicona en el que pretendía que le pusieran la inyección. Esperaba conseguir así el llamado 'super pase verde', que se exigirá en Italia a partir del lunes para entrar en los lugares de ocio, bares y restaurantes.

Sólo los vacunados y quienes hayan pasado la enfermedad en los últimos seis meses pueden acceder a este certificado con el que el Gobierno de Mario Draghi pretende impulsar la campaña de vacunación. De momento lo está consiguiendo pues en los últimos días se ha doblado el número de primeras dosis puestas por las autoridades sanitarias.

Afortunadamente, el truco del antivacunas de Biella no funcionó, pues Filippa Bua, la enfermera que tenía que inocularle el suero, descubrió el engaño, tras lo cual el hombre, que acabó siendo denunciado ante los Carabinieri, trató de convencerla para que le siguiera el juego. Según informaron los medios locales, se trataría de un dentista antivacunas de esta localidad que está suspendido por mantener esta posición .Todavía queda no obstante un 12% de italianos mayores de 12 años que aún no se han puesto ni una sola inyección contra la covid-19. Son 6,3 millones, dos millones menos que a principios de octubre.

«Desde el punto de vista emotivo era un día intenso porque al final tenemos a los que no quieren vacunarse. Algunos se enfadan o lloran. Es difícil», reconoció Bua, que al principio pensó que el hombre que intentó engañarla tenía una prótesis debido a una amputación. Cuando intentó entonces ponerle la inyección en el otro brazo, descubrió que también era de silicona y destapó el engaño. «Sonrió, confesó y se fue», contó la sanitaria, que informó a continuación a sus superiores, que se encargaron de presentar la denuncia.

Aunque reconoció que este episodio puede resultar divertido, Alberto Cirio, presidente del Piamonte, la región italiana donde está situada Biella, consideró que se trataba de una situación «muy grave que ofende a la seriedad del sistema sanitario» de este territorio que está entre los primeros de Italia en porcentaje de población vacunada.