El Ejercito ruso expuso a las cámaras a los defensores de la planta siderúrgica que se entregaron este jueves. / EFE

Azovstal agota el tiempo para entregarse

Rusia contabiliza ya 1.734 rendiciones en la acería, entre ellas la de un alto mando del Regimiento Azov

MIGUEL PÉREZ

¿Cuántos combatientes quedan en los sótanos de la acería Azovstal? Es la pregunta que se hacen los mandos militares rusos y que las autoridades ucranianas se niegan a desvelar. También es esa incertidumbre la que este jueves llevó al Kremlin a desatar un nuevo bombardeo feroz sobre la planta siderúrgica con el fin de prevenir el riesgo de una emboscada y forzar la salida de todos los resistentes. Los proyectiles cayeron por enésima vez y el alcalde de Mariúpol, Vadym Boychenko, advirtió que la repetición de los ataques aéreos ha puesto la región al borde de una «tremenda catástrofe ambiental» por la posible ruptura de los almacenes de sustancias químicas, que se verá en los próximos días cuando se filtren en las corrientes subterráneas.

El Ejército ruso está convencido de que la caída absoluta de Azovstal sucederá en cuestión de horas, puesto que hace cuatro días que los ucranianos carecen de munición y la rendición este jueves del subcomandante del Regimiento Azov, Svyatoslav Palamar, abre la puerta a que otros mandos sugan sus pasos y resuelva otro de los interrogantes de Moscú: ¿Qué jefes del batallón más odiado por Rusia se encuentran atrapados en la factoría?

Al Gobierno de Vladímir Putin no le cuadran las cuentas. Tras la evacuación hace una semana de los últimos niños, mujeres y ancianos refugiados en estas instalaciones, Kiev dejó caer la cifra de que alrededor de un millar de combatientes mantenía la resistencia. Sin embargo, en 72 horas se han rendido ya 1.730, entre militares, policías y miembros de la Guardia Nacional. De ellos, 771 se entregaron este jueves y fueron trasladados a centros hospitalarios y de detención bajo dominio ruso. En total, se informó de la existencia de 88 heridos.

La Cruz Roja denunció impedimentos a su labor, pero logró identificar a «cientos» de arrestados antes de ser conducidos a los campos de prisioneros de Olenivka, Novoazovsk (cuyo hospital alberga a 53 heridos) y Taganrog, a orillas del mar de Azov. Naciones Unidas presta la máxima atención a que no se produzcan 'desapariciones forzadas' entre una tropa deprimida, que fue paseada ante las cámaras rusas antes de subir a los autocares. Varios detenidos caminaban con muletas. La mayoría se mostraban exhaustos.

La Cruz Roja ha pedido a los dos bandos que permitan el acceso a la enorme acería para «recoger a los muertos», que se adivinan por «centenares». Kiev presupone que los rescatistas se encontrarán con una masacre, incluidos civiles, a la vista de la duración y brutalidad del asedio. ¿Habrá niños? «Nadie conoce datos exactos, ni sobre vivos ni sobre muertos. El jefe del servicio infantil no está vivo», declara la fiscal Yulia Osenko.

La entrega de Svyatoslav Palamar ha supuesto un aliciente para los mandos rusos, que ven en la captura de los dirigentes del Regimiento Azov una de las grandes victorias del cerco. El vicecomandante 'Kalina', como es apodado, se había mostrado crítico con el Ejecutivo de Zelenski al explicar que «nuestros dirigentes tendrían que haber reaccionado antes» para que los invasores no cortasen las rutas de suministro a la fábrica. Palamar señalaba que la insistencia del Gobierno para mantener la defensa «es imposible» y le exigía «hacer lo posible por salvar a sus soldados».

LA CLAVE:

  • Tragedia. «No hay datos exactos de niños vivos o muertos. El jefe del servicio infantil no está vivo»

  • Capturado. Svyatoslav Palamar, vicecomandante del batallón, había criticado al Gobierno por sus errores

El futuro de los detenidos es ahora mismo incierto. Kiev, la Cruz Roja y la ONU negocian un intercambio de prisioneros con Moscú, aunque en esta parte crecen las voces que piden limitarlo a las fuerzas policiales y castigar a los miembros del Regimiento Azov por terrorismo. Una sentencia así podría acarrear la ejecución.

El Kremlin confía en localizar entre los refugiados a algunos de los líderes del comando más buscados. Entre ellos figura Denys Prokopenko, que podría estar acompañado por varios milicianos de los 'White Boys', antiguos hooligans con fama de formar una de las secciones más brutales del batallón. Dado por muerto hace días, Prokopenko publico posteriormente un vídeo donde informaba que se encontraba combatiendo en Mariúpol. De ser así, comparte trinchera con el teniente Illia Samoilenko, de 27 años y vicecoordinador de la resistencia de Azovstal. Hace poco reconocía que los invasores «atacan por oleadas y nos están agotando. No podemos recuperarnos entre asaltos». Samoilenko expresaba la crudeza de la situación y su esperanza de una entrega pactada: «Rendirse es inaceptable. Ser capturado significa estar muerto».

A quien el Ejército invasor no hallará es a Andriy Biletsky, fundador del regimiento. Este jueves reapareció desde un lugar anónimo para informar que permanece en contacto con sus compañeros y pedir que no se especule con la evacuación. «Lo principal ahora es no dañar la operación para rescatar a los soldados. Todos los que quieran compartir sus pensamientos sobre lo que está sucediendo en Azovstal, o aquellos que tienen información privilegiada, guardénsela», subrayó.

Las tropas rusas continuaron este jueves su avance hacia la ciudad de Severodonetsk, al este del país, donde 12 personas murieron y 40 resultaron heridas por los bombardeos. Los servicios de Inteligencia creen que el Kremlin crea fortificaciones en las áreas conquistadas de las regiones de Donetsk y Lugansk con vistas a su anexión a la Federación Rusa. Zelenski promete recuperarlas, pero el desánimo parece cundir en parte de la población. «La propaganda nos dice que estemos orgullosos cada día y cada hora. Pero ¿dónde está el agua? ¿dónde están los movilizados? ¿dónde está el trabajo?», critica Sergéi, un vecino de Donetsk que denuncia su hartazgo por la creciente corrupción de los cambistas o dee los dueños de autobuses «que piden 400 euros por llevarnos a Kiev».