Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN. / EP

Turquía abre una grieta en la OTAN al rechazar la adhesión de Finlandia por su apoyo a los kurdos

El país escandinavo se enfrentaría desde este sábado a un corte de suministro eléctrico desde Rusia en represalia por su acercamiento a la Alianza

SALVADOR ARROYO

Jens Stoltenberg vislumbró un camino totalmente despejado. Pero ha bastado un puñado de horas para que se precipite sobre él la primera nube densa. El secretario general de la OTAN prometía el jueves un proceso de adhesión «suave y rápido» para Finlandia (y también para Suecia). Daba por hecho que los treinta socios de la Alianza Atlántica celebraban como él, una inminente ampliación de empaque histórico que, además «fortalecerá» la organización militar.

Pero Turquía, miembro de la institución desde hace setenta años, se alza como la primera voz disidente. Y con ella se abre una primera grieta en un momento desafortunado. El presidente turco Recep Tayyip Erdogan no pondrá tan fácil la entrada de los dos países escandinavos en la organización militar. Es más, a priori, se opone. Y eso apunta a un problema serio. Porque cualquier solicitud de integración solo puede cuajar por pleno consenso y cada país tiene derecho a veto. Sus parlamentos nacionales han de autorizarlo.

Erdogan no expresó su rechazo con literalidad, pero tampoco dejó mucho espacio a interpretaciones alternativas. «Estamos siguiendo atentamente los acontecimientos relacionados con Suecia y Finlandia y nuestra opinión no es positiva», decía ayer. ¿Y qué motivos aduce? De regimen puramente doméstico. Considera que Finlandia y Suecia -los mismo dardos lanzó contra Países Bajos y Grecia- son «casas de huespedes de muchas organizaciones terroristas». Una alusión directa a los miembros del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) y del revolucionario DHKP-C, a los que Ankara señala como responsables de las guerras de guerrillas que se producen en el país desde 1984. Fue incluso más allá, «Algunos hasta se sientan en sus parlamentos», apostillaba.

El líder turco tampoco desaprovechó el momento para arremeter contra ese vecino con el que mantiene un desencuentro histórico, Grecia. Lo concateno absolutamente todo. Si Erdogan dice que no quiere a Finlandia y Suecia es porque «no vamos a cometer el mismo error que con Grecia». Se retrotajo a 1952, el año de integración de la propia Turquía y también el mismo en que ésta dio luz verde al paso adelante de Grecia. Todo con un mismo objetivo: que las disputas históricas entre ambos países terminasen diluyéndose. «No podemos cometer dos veces el mismo error», reiteraba el presidente.

Cuestión de «paciencia»

Que el 'no' turco sea más o menos firme está por ver. Los propios aludidos (Finlandia y Suecia) restan dramatismo a las palabras de Erdogan. La ministra de Exteriores sueca, Ann Linde, confió en que, al final, «y si dedimos entrar, recibamos mensajes positivos de todos los países». colega finés, Pekka Haavisto, pidió «paciencia» y avanzar «paso a paso», dando a entender que notas disonantes de este tipo forman parte de una coreografía que se prolongará hasta un año.

Y que, aunque formalmente comenzaría este fin de semana con la presentación formal de la solicitud por parte de Finlandia, ya comienza a generarle problemas. Tras las amenazas de Moscú llegan las primeras represalias efectivas contra Helsinki. Y es que Finlandia dejará de recibir energía rusa a partir de este sábado. Golpe directo por su acercamiento a la Alianza Atlántica. Pero parte de un suma y sigue en ese pulso que Moscú mantiene contra Europa por su apoyo a Ucrania y su cascada de sanciones.

Primero les tocó a Polonia y Bulgaria (no quisieron pagar el suministro de gas en rublos), el jueves más de 600 kilómetros de tuberías polacas se 'sellaron' para que el combustible azul dejase de transitar en dirección a Alemania. Y ahora Finlandia se queda sin electricidad rusa. RAO Nordic Oy, filial europea de la compañía energética rusa Inter RAO, lo confimaba a través de su web institucional el viernes a última hora de la tarde. «Nos vemos obligados a suspender la importación de electricidad a partir del 14 de mayo». Una situación tan excepcional que no tiene precedentes.

Lo subrayaba la propia empresa: «Es la primera vez que ocurre en más de veinte años de nuestra historia comercial». ¿El motivo? La falta de ingresos en efectivo con la que realizar los pagos de esa electricidad importada de Rusia. «Esperamos que la situación mejore pronto y que el comercio de electricidad con Rusia pueda reanudarse», añadía la propia compañía. En términos cuantitativos hablamos del 10% del total de las necesidades energéticas del país.

Inquietud moderada. Si se tiene en cuenta que la compañía eléctrica del país (Fingrid) aseguró que «las importaciones que falten» se suplirán «importando más electricidad de Suecia» y con producción nacional». En términos cualitativos, lo dicho, la primera represalia.

Que, por cierto, el Kremlin negó. A su manera. El portavoz de Vladímir Putin, Dimitri Peskov, recordó que el gigante Gazprom «ha demostrado repetidamente su fiabilidad como suministradora de recursos energéticos». Y calificó los informes que apuntas al estrangulamiento energético finlandés de «engaño periodístico». Aunque sí recordó que existe un nuevo régimen de pago. La clave está en el denostado rublo.