La lucha contra el coronavirus

Trump sella indefinidamente las fronteras de EE UU

20/05/2020

El mandatario contempla añadir Brasil a la lista de los vetados que incluye a China y la UE.

El cierre de las fronteras ha sido siempre uno de los puntos centrales de la agenda de Donald Trump desde que anunció sus aspiraciones presidenciales. El terrorismo y la economía habían servido para justificar sus acciones, pero ninguno con tanta efectividad como la pandemia, con la que desde este jueves EE UU queda oficialmente cerrado a la inmigración de forma indefinida.

El país estaba cerrado a todos los viajes no esenciales de individuos no cubiertos en el programa de exención de visados desde el 21 de marzo, pero el periodo inicial de 30 días se había renovado sólo mes a mes. Esta vez, presionado por la Casa Blanca, el director del Centro de Control y prevención de Enfermedades (CDC), Robert Redfield, cuyo puesto peligra, la orden se ha renovado de forma indefinida «hasta que el director del CDC determine que el peligro de más introducción del Covid-19 en EE UU por parte de extranjeros ha dejado de ser un serio peligro para la salud pública».

La paradoja es que, mientras el presidente da por ganada la batalla contra el virus para justificar la reapertura económica, aprovecha en sentido contrario la pandemia para lograr lo que no pudo hacer con medidas más controvertidas como la separación familiar. Trump ha utilizado también esta excusa para congelar la emisión de permisos residencia e incluso de asilos políticos, aunque permite visados de trabajo temporal para empleados de industrias esenciales como el sector salud o el de alimentación. Este último ha permitido contratar mano de obra barata en el campo y en las empaquetadoras de carne, donde ha cundido el desabasto ante la propagación de la epidemia.

El sellado de la frontera ha sido contundente. En un país donde los cruces fronterizos y las peticiones de asilo había que contarlas en cientos de miles al mes, en abril las patrullas fronterizas sólo han referido 59 inmigrantes a los funcionarios de asilo. De ellos sólo se le ha permitido a dos permanecer en EE UU.

México y Canadá habían aceptado voluntariamente cerrar la frontera, los únicos países con los que EE UU comparte acceso por tierra. China y la Unión Europea habían quedado de facto vetadas al cancelarse todos los vuelos y la entrada de sus ciudadanos que no fueran residentes de EE UU. Otros países, como Brasil, podrían entrar pronto en esa lista negra, ante el aumento del coronavirus entre su población. Trump flotó este miércoles esa idea sin dar detalles. «No quiero gente que venga aquí e infecte a nuestra gente», bramó. «Ya estamos ayudando a Brasil con respiradores».

Muchos ven detrás de estas medidas la mano de Stephen Miller, el asesor más intransigente con la inmigración que tiene Trump y el defensor del nacionalismo de «America First». Miller, de 34 años, quiere utilizar la salud pública para llevar a cabo esa agenda, ahora que la pandemia es incuestionable y está en la mente de todos. Los 50 estados de la Unión están ya parcialmente abiertos, pero el coronavirus seguirá siendo una amenaza viable al menos hasta que aparezca una vacuna el año que viene. Mientras tanto, todos los inmigrantes que intenten entrar al país sin estar autorizados o sean declarados «inadmisibles», serán retenidos «en proximidad cercana unos de otros durante horas o días», advierte la orden. Un medida disuasoria aún mayor en tiempos de pandemia.