Trump declara la guerra a los manifestantes

02/06/2020

El presidente amenaza con desplegar al Ejército si los alcaldes y gobernadores no utilizan a los reservistas para restablecer el orden

El genio de la comunicación política que habla el lenguaje mediático de la ultraderecha lanzó ayer una embestida policial contra los manifestantes pacíficos a las puertas de la Casa Blanca para que sirviera de imagen de fondo a su mensaje de «ley y orden». Sobre las imágenes en directo de la carga policial, con porras y gases lacrimógenos, Trump anunció que mandaba «miles y miles de soldados fuertemente armados, personal militar y fuerzas del orden a detener los disturbios, saqueos, vandalismo, asaltos y destrucción sin sentido de la propiedad».

La imagen apocalíptica de Mad Max con la que Trump se coronó candidato presidencial en la convención del Partido Republicano se hacía así realidad en las pantallas de televisión. El presidente todavía piensa sacudir más el avispero en este año electoral en el que se juega la reelección. «Si alguna ciudad o estado se niega a tomar las acciones necesarias para defender la vida y la propiedad de sus residentes, desplegaré al Ejército de EE UU y resolveré rápidamente el problema por ellos», advirtió.

Era la primera vez en la historia moderna que un presidente de EE UU amenazaba con lanzar el Ejército contra su propio pueblo, abriendo así otra crisis constitucional que tendrán que resolver los tribunales si llega a consumar su amenaza. La Constitución de EEUU impide utilizar tropas en activo dentro del país salvo para fines de apoyo a desastres, para lo que habitualmente se destina a los reservistas de la Guardia Nacional. El mandatario planea desenterrar una vieja ley de 1807 sobre la insurrección para justificar legalmente sus acciones.

La declaración de guerra contra su propio pueblo, destinada a engrandecer su figura frente a las bases blancas y evangélicas, terminó con otra imagen apocalíptica digna de Hollywood. Flanqueado por su ministro de Justicia y el asesor de Seguridad Nacional, Trump atravesó el parque de Lafayette hasta la Iglesia de San John, apuntalada con tablones tras un incendio en el sótano, para posar ante las cámaras con la Biblia en la mano. «Tenemos el mejor país del mundo y lo mantendremos seguro», prometió.

Con la voz temblorosa por la indignación, la reverenda Marianne Budde, obispo episcopaliana de la diócesis de Washington DC, dijo no haber recibido «ni siquiera» una llamada de cortesía de la Casa Blanca para informarle de que el presidente iba a disparar gases lacrimógenos contra los manifestantes para abrirse paso hasta una de sus iglesias y «utilizarla como atrezo», dijo, «sosteniendo una Biblia que declara que Dios es amor, cuando todo lo que ha dicho y hecho es inflamar la violencia».

Trump, experto en encontrar cabezas de turco, culpó a los anarquistas y organizaciones anti fascistas de instigar la violencia y amenazó a los organizadores con «severas penas criminales y largas condenas en la cárcel». Eregido en la mano dura que buscan los ciudadanos más asustados, el mandatario prometió restablecer y descargar «todo el peso de la ley» sobre los organizadores de los disturbios. «No podemos ceder ante la ira», ordenó. «Cada gobernador debe desplegar a la Guardia Nacional en número suficiente para dominar las calles», insistió. «Alcaldes y gobernadores tienen que establecer una abrumadora presencia hasta que la violencia haya sido sofocada».

Envalentonados por sus palabras, los supremacistas blancos salieron anoche a las calles de Filadelfia armados con barras de hierro y bates de beisbol para enfrentar por sí mismos a los manifestantes. En una llamada previa con los gobernadores, el de Illinois JB Pritzker le había recordado al presidente que su actitud avivaba aún más las llamas del enfrentamiento, pero Trump es alérgico a las críticas. «A mí tampoco me gusta cómo has actuado tú con el coronavirus», contraatacó.

Con esta nueva rociada de gasolina, la noche se presentaba caliente en las principales ciudades de EE UU bajo toque de queda. En Nueva York, donde Trump podría dar una muestra de fuerza sin pagar un precio político, al tratarse de un estado demócrata que no aspira a ganar, continuaban anoche los saqueos sin que su gobernador Andrew Cuomo aceptase activar a los reservistas militares. «Quienquiera que piense que esto se arregla por la fuerza no ha entendido el problema», se resistió. «El presidente ha utilizado a las fuerzas armadas y ha gaseados a manifestantes pacíficos para montar una foto». La senadora Kamala Harris, cuyo nombre se baraja para vicepresidenta con Joe Biden, acabó poniendo el pie de foto a la imagen recreada por Trump. «Estas no son las palabras de un presidente, son las palabras de un dictador», lapidó.