Lamo de Espinosa visitó Bilbao estos días para ofrecer una conferencia en la Sociedad Bilbaina. / MAIKA SALGUERO

Emilio Lamo de Espinosa - Analista de política internacional

«Rusia es una potencia sobrevalorada que aprovecha la tensión entre EE UU y China»

Considera que Putin trata de reconstruir lo que fue la vieja Unión Soviética, y en el fondo el viejo imperio zarista, estableciendo una zona de protectorados

ANJE RIBERA

Emilio Lamo de Espinosa (Madrid, 1946) combina en una sola persona experiencias académicas, conocimientos geoestratégicos, análisis políticos y una visión panorámica de nuestro mundo. Este doctor en Derecho por la Complutense -donde es catedrático emérito- y doctor en Sociología por la Universidad de California en Santa Bárbara ha trasladado todo este bagaje a las 392 páginas de 'Entre águilas y dragones. El declive de Occidente', obra que recientemente ha sido galardonada con el Premio Espasa de Ensayo 2021.

Su amplia experiencia como fundador, director (2001-2004) y presidente (2012-2021) del Real Instituto Elcano, la atalaya española desde donde mejor se divisa la política mundial, le permite asegurar que el equilibrio entre Occidente (águilas) y Oriente (dragones) se ha roto, que Europa y Estados Unidos han perdido su hegemonía y que el auge de los populismos y los nacionalismos amenazan las libertades.

- ¿La Unión Europea está en claro proceso de debilitamiento?

- Sí y no. Primero, la UE ha sido un enorme éxito, sin duda. Jamás tanta gente ha disfrutado de tanta libertad, de tanta prosperidad y seguridad, pero sí es verdad que empieza a tener dificultades a partir de la emergencia de China y de la progresiva retirada de EE UU. Es cierto que en este momento no es capaz de estabilizar ninguna de sus dos fronteras históricas, la del Este, que le separa de Rusia y en el fondo de Asia, desestabilizada desde el Báltico hasta el Cáucaso; y la del Mediterráneo, una de las mayores del mundo demográfica y socioeconómicamente. Prueba de ello es que en alguna ocasión tiene que pedir la ayuda de Estados Unidos, como ahora con Ucrania.

- Veintisiete socios que tratan de asemejar un proyecto común que es en realidad una amalgama de proyectos individuales.

- Depende de los espacios y de los temas. En economía, por ejemplo, no es así. El grado de fusión es muy importante. En política, bueno, a medias. Hay un proceso bastante vivo y dinámico de articulación, camino ya hacia una confederación. Sin embargo, donde se manifiesta esa diversidad enorme es el plano de la política exterior y de seguridad y defensa. Están ambas sometidas a la regla del veto y Europa no es capaz de hablar con una sola voz. La política exterior, que trata de gestionarla como puede nuestro compatriota Josep Borrell, carece casi por completo de credibilidad porque no tiene el respaldo de una fuerza dura. Como ha dicho Borrell, la UE tendría que aprender a hablar el lenguaje del poder y no lo ha hecho.

Ausencia de un líder

- ¿Es por tanto una entidad débil colocada entre grandes que le ignoran?

- Sin duda. Los grandes en estos momentos son EE UU y China. De la tensión entre ambos se aprovecha hábilmente Rusia, ocupando los espacios que dejan libre, por ejemplo Siria o Líbano. Efectivamente la UE no acaba de encontrar su papel. Lo vemos a la hora de discutir la situación en Ucrania. Estados Unidos se entiende con Rusia y en buena medida ningunea a la UE.

- Parece ausente en todas las decisiones trascendentales y solo se cuenta con ella como contribuyente económico.

- La UE es una potencia en lo que sería la regulación y la creación de estándares. En definitiva, en la creación de derechos. En eso es muy potente y muy eficaz. Pero cuando se trata de temas geopolíticos, de temas de poder duro, pues no lo tenemos. Por lo tanto, ni somos un problema ni somos una solución relevante para el mundo. Y cuando no eres ni un problema ni una solución pues eres irrelevante.

LAS FRASES:

  • En tierra de nadie. «La política exterior de Europa carece casi por completo de credibilidad»

  • Sin ejercito propio. «En cuestión militar la UE llama a la Casa Blanca para sacar las castañas del fuego»

- La rápida irrupción de China ha descolocado el tablero mundial y, especialmente, a Estados Unidos y Rusia.

- Rusia es una potencia sobrevalorada. No olvidemos que tiene un PIB un poquito superior al de Italia. Nadie pensaría que Italia es una gran potencia. Rusia lo que hace muy bien es manipular el tablero. Putin es un gran ajedrecista que mueve las fichas con gran determinación. Cuenta en la medida que le dejan contar. La tensión geopolítica determinante en este comienzo del siglo XXI es la tensión entre China y EE UU. Una potencia replicante, pero con todavía enormes recursos, y una potencia emergente, inmensa, que quiere recuperarse de lo que llaman el siglo de la humillación, el periodo entre mediados del siglo XIX a mediados del XX. Y lo está haciendo. Uno de los problemas centrales es hacerle sitio a sus 1.400 millones de habitantes, que no van a desaparecer, que están ahí y quieren una prosperidad similar a la nuestra. Y no hay razón para negársela.

- Moscú se aferra a su estatus pasado.

- Putin trata de reconstruir lo que fue la vieja Unión Soviética y en el fondo el viejo imperio zarista, estableciendo una zona de protectorados alrededor. La presión hacia Ucrania es eso, también la que ejerce sobre todos los vecinos: Polonia, Hungría, los bálticos, el Cáucaso... La ocupación ahora de Kazajistán va también en el mismo sentido, establecer una zona de vasallaje ruso en Asia Central y lo hace porque es capaz de movilizar a su Ejército allá donde lo necesita.

- Pero la política del miedo a su poder militar sigue surtiendo efecto.

- Sin duda. La UE gasta en Defensa prácticamente tres veces más que Rusia, pero la tenemos dividida en veintisiete pequeños ejércitos que no se ponen de acuerdo. Tenemos una docena y media de modelos de carros de combate. Otros tantos tipos de cazas. Las municiones son distintas. Es decir, no tenemos un Ejército europeo. Tenemos veintisiete miniejércitos y Rusia tiene un Ejército muy malo, muy pobre, pero es capaz de utilizarlo de un modo unitario. Al final tenemos que llamar a la Casa Blanca para sacar las castañas del fuego.

«Cada vez hay más personas que están dispuestas a aceptar gobiernos autoritarios»

¿Europa necesita un líder que no acaba de llegar?

- Hubo un momento en el que tuvimos un liderazgo potente con Delors, Kohl, Felipe González... Esa situación ya no se da. Los gobiernos son mucho más débiles. La representación parlamentaria es muy variada. El periodo en el que la Unión dependía de los cristianodemócratas y de los socialdemócratas ha quedado atrás y, efectivamente, en este momento no tenemos un potente liderazgo y no es probable que emerja pronto.

- Da la sensación que los liderazgos personalistas como los de Putin o Trump son los que están de moda.

- Vivimos en un mundo de hombres fuertes resultado de instituciones débiles, de falta de legitimidad de los sistemas políticos, de un deterioro creciente de las democracias establecidas y de una dificultad para establecer nuevas, e incluso de lo que se ha venido a llamar un proceso de autocratización del mundo. Esos hombres fuertes conducen a unas autocracias que son soportadas crecientemente por la población, que sufre de una crisis de legitimidad de los políticos y de las instituciones.

- ¿Estamos ante una crisis del concepto clásico de democracia?

- Está en crisis. Las democracias tienen serias dificultades para cumplir lo que prometen y eso es lo que genera una enorme decepción en todas partes con su funcionamiento. Cada vez hay más personas que están dispuestas a aceptar gobiernos militares, autocráticos, autoritarios... Igual es consecuencia de la globalización, que ha venido a unir al mundo y ha creado otro mundo. En los países subdesarrollados hay sectores que se han incorporado a la economía global y han dejado detrás a los sectores que podría llamar territorializados y esa dualización, que es al mismo tiempo el argumento central de una enorme desigualdad, está generando enorme malestar.