Cadáveres de la masacre en Bucha, en una fosa común. / EFE

Cómo los 'patinazos' de Biden se convierten en verdades en Ucrania

La Casa Blanca se afana en demostrar que la invasión es un genocidio después de que su presidente lo calificara así sin la suficiente prueba legal

M. PÉREZ

A los jefes de prensa de la Casa Blanca les sacudió en la tarde del martes (madrugada del miércoles en España) el mismo sobresalto que sufrieron hace dos semanas, cuando su presidente, enfervorizado tras un encuentro con refugiados ucranianos en Polonia, dijo que Putin no podía seguir en el poder. Una afirmación que sembró de estupor a todos los países aliados de Estados Unidos al entender que proponía remover al líder ruso de la jefatura del Kremlin.

Aclarado que aquello no era lo que parecía, la Casa Blanca ha tenido que volver a matizar ante los periodistas la calificación de «genocidio» que Joe Biden dio hace tres días a la invasión rusa. Sobre todo, porque el Departamento de Estado admitió la pasada semana que no había encontrado evidencias sobre una acción coordinada de limpieza étnica y la Corte Penal Internacional recién acaba de iniciar su investigación, más enfocada a hallar pruebas de «crímenes de guerra» –como los bombardeos en zonas residencuales, los asesinatos de civiles y las violaciones– que de genocidio, cuya base legal implica la existencia de un plan estructurado para acabar parcial o totalmente con un grupo social. Precisamente, el fiscal general de la Corte, Karim Khan, ha visitado estos dos últimos días Bucha y Borodyanka, escenarios ambos de masacres y destrucciones masivas.

Entre los genocidios declarados en el último siglo figuran el Holocausto, la exterminación del pueblo judio cometido por los nazis; Camboya, con dos millones de asesinados a manos de los jémeres rojos en 1975; o la tremenda matanza de Ruanda de 1994, con un millar de muertos, algunos de los cuales todavía hoy están siendo exhumados. Y ha sido el Departamento de Estado americano el que concluyó el mes pasado que los rohinyás fueron objeto de una cruel limpieza étnica por parte de las autoridades birmanas entre 2016 y 2017.

Para ello, los estadounidenses han debido revisar cientos de informes internacionales de diversos organismos que investigaron los crímenes del Ejército y la Policía contra esta minoría. Aparte del Holocausto, EE UU ha calificado como genocidios las masacres de Ruanda, Bosnia, Irak y Darfur, además de los ataques de Estado Islámico contra los yazidíes y de China sobre los uigures; esto último ya bajo la Administración de Biden.

«Lo que ve en el terreno»

La cuestión de los 'patinazos' verbales del presidente estadounidense no es nueva. Tiene la reputación de ser demasiado sincero en ocasiones y expresar sus opiniones fuera de guión, aunque algunas de ellas generen el desconcierto de otros países aliados. A ello se suma la «indignación» que sufre por la guerra, según sus colaboradores.

La portavoz, Jen Psaki, precisó este jueves que Biden tachó la invasión de «genocidio» porque hablaba de lo que él «está viendo en el terreno», pese a que el «proceso legal» para determinarlo «está aún en curso». El presidente, como otros dirigentes, «puede expresar sus puntos de vista en cualquier momento», subrayó. De hecho, su declaración obtuvo ayer el respaldo de su homólogo canadiense, Justin Trudeau, aunque otros, como el francés Emmanuel Macron, la hayan descalificado.

Lo que está claro es que la Casa Blanca se prepara para prestar sustento a las afirmaciones de su presidente. Hace un mes, Biden dio un salto cualitativo al acusar por primera vez a Putin de ser un «criminal de guerra» y hoy existe un amplio despliegue investigador para probar que, en efecto, las tropas rusas han incumplido las normas esenciales de los derechos humanos y la legislación internacional para los conflictos armados.

El Departamento de Estado defendió anoche la teoría del genocidio. «Voy a predecir que lo que el presidente Biden llamó es lo que en última instancia probablemente encontraremos cuando seamos capaces de reunir todas estas pruebas –dijo la 'número tres' del departamento, Victoria Nuland–. «Porque lo que está ocurriendo sobre el terreno no es un accidente».