«Para mí lo más importante era ser libres. No tener miedo a que te estén vigilando»

09/11/2019

La familia Mägdefrau cruzó la frontera el 11 de noviembre desde su cuidad natal de Köthen, a 50 kilómetros al sur de Berlín. Recuerda con emoción la noche del 9 de noviembre de 1989, una velada que les cambió la vida para siempre

En la casa de la familia Mägdefrau, en la ciudad de Köthen en la extinta República Democrática Alemana (RDA), la noche del 9 de noviembre de 1989 fue, como en millones de hogares alemanes, un momento inolvidable. «Todos estábamos esos días pegados a la televisión porque no paraban de salir noticias importantes desde que se abrió ese mes de agosto un pequeño agujero en la frontera con Hungría», explica Günther Mägdefrau. Su hija Mechthild, que tenía 14 años en 1989, también recuerda con nitidez haber visto la noticia en directo en la televisión de lo que estaba ocurriendo en Berlín, a unos 150 kilómetros al norte de su ciudad natal.

«Como fue un jueves ese día no cruzamos la frontera porque al día siguiente había que trabajar. Mis padres decidieron cruzarla el sábado 11 de noviembre para ir a visitar a unos amigos al otro lado de la frontera», recordaba ayer en su casa de Telde.

Antes de cruzar tuvieron que acudir a la policía para conseguir el pasaporte y el permiso necesario. Una vez conseguido se subieron a su coche, un Trabant, para ir a visitar a sus amigos. «Estuvimos en cola durante ocho horas, cuando lo normal era hacer el trayecto en menos de dos horas. Todo el mundo estaba cruzando la frontera. Pasamos una noche allí. Me quedé muda de la emoción», añade. Antes de llegar a la frontera pensaron que quizás no les dejarían pasar, algo que finalmente no sucedió. «Recuerdo haberle dado una rosa a uno de los soldados que montaba guardia», rememora Günther.

Fue la primera de muchas visitas al otro lado de la frontera. «Supe que iba a cambiar mi vida», explica Mechthild. Recuerda cómo entró en un McDonald y se llevó el recipiente de las papas fritas como recuerdo para usarlo como lapicero. Con la caída del muro y por ende de la frontera que dividía Alemania en dos se abría para ella todo un mundo nuevo. «Mis padres habían viajado varias veces a la República Federal Alemana (RFA) donde vivía parte de mi familia, como mi abuela y mis tías. Ellos sabían lo que había en el otro lado de la frontera yo no», explica.

Para Günther la caída del muro supuso la llegada de la libertad. «No me importaba el consumismo para mi lo más importante era ser libres. No tener miedo a que te estén vigilando o escuchando para dar parte a la Stasi», apunta.

Una libertad que Mechthild pudo disfrutar en plena adolescencia y que llegó en el momento justo para cambiarle la vida. «Al año siguiente entraba en bachillerato y al ser católica no tenía derecho a ir a la universidad, mi futuro era la formación profesional. Eso cambió y estudie una licenciatura en educación y psicopedagogía», explica.

Hace 30 años se le abrió un mundo nuevo que le permitió ir cumpliendo sueños que hasta entonces ni siquiera tenía. «Antes de caer el muro como mucho soñaba con cumplir 18 para poder solicitar visitar la Alemania occidental. Tras caer el muro ya podía viajar más allá», añade. En 1991 voló por primera vez a Israel y en 1995 a Estados Unidos. Y en el año 2000 decidió instalarse en Gran Canaria donde trabaja y ha formado una familia.