El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. / EP

La OTAN resucita de su «muerte cerebral»

La guerra acelera las solicitudes de adhesión en Europa; incluso Escocia pediría el ingreso si se independizara del Reino Unido

SALVADOR ARROYO

De organización devaluada, considerada incluso como rancia por sus detractores, a objeto de deseo. La invasión rusa de Ucrania ha cambiado la percepción de la OTAN. Ha disparado la sensación de inseguridad. Y eso ha llevado a cambios históricos, hasta hace nada inimaginables, como que Finlandia y Suecia, entregados durante décadas a la neutralidad, pidan una adhesión rápida. Este martes la primera ministra de Escocia también introdujo ese escenario como futurible. Como muy futurible, de hecho.

Nicola Sturgeon, defendió que si el territorio consiguiera la independencia del Reino Unido, pediría formar parte no solo de la Unión Europea, también de la Alianza Atlántica. «No hay duda de que los acontecimientos de los tres últimos meses han reforzado mi idea de que esta posición es, sin duda, la adecuada, esencial», añadía.

Llamativo este repunte de 'popularidad' hacia una institución que hace nada, el pasado agosto, sin ir más lejos, era corresponsable de una atropellada retirada de Afganistán -la Administración de Joe Biden tomó la decisión efectiva-. Llevaba dos décadas en un país al que pretendía democratizar. Y no lo consiguió. Los talibanes tomaron el poder y se optó por abandonarlo «para evitar renovados ataques y una misión de combate abierta», según reconocía entonces el secretario general, Jens Stoltenberg.

Un fracaso en toda regla. Que llegaba además cuando se había anunciado el comienzo de una nueva era con el relevo de Donald Trump en la Casa Blanca meses antes. Porque con el líder republicano llegaron los episodios más visibles de las tensiones internas; las imágenes sonrojantes que terminaban reventando las pomposas reuniones estratégicas de líderes. Para recordar, el empujón del estadounidense a un primer ministro, los reproches de morosidad de EE UU a Europa, o las burlas en grupo de alto nivel.

Turbulencias

Y, por supuesto, el diagnóstico de Emmanuel Macron en noviembre de 2019. ¿Recuerdan? La OTAN «está en muerte cerebral». Tras aquellas turbulencias, la UE se afanó en conseguir la autonomía estratégica en seguridad y defensa -sin romper lazos, eso sí-. Y aunque el proceso sigue su curso, el cortoplacismo se impone. La OTAN renace.

Y, se insiste, gracias a Vladímir Putin. El autócrata adujo entre 'sus' razones para justificar la agresión de Ucrania (ya van 84 días de guerra), una «nueva estrategia bélica» de la Alianza; que se estaba acercando demasiado a sus fronteras. Y buscando frenarla ha conseguido lo contrario. Cierto que la OTAN ha dicho 'no' con claridad a las aspiraciones de Kiev -que, siendo francos, nunca iban a ser atendidas-. Pero Moscú se ha encontrado con dos adhesiones exprés que no esperaba. Con los dos países nórdicos la Alianza consolida el flanco del mar Báltico, considerado, de hecho, como el más endeble -solo Finlandia 'aporta' 1.300 kilómetros de frontera con el 'enemigo' ruso-.

Un logro que ni siquiera la OTAN imaginaba. De hecho, hasta el estallido de la contienda solo tres países socios habían declarado aspiraciones de ingreso en la organización: la propia Ucrania, Bosnia y Herzegovina y Georgia. El artículo 10 de su tratado fundacional es la base de esa «política de puertas abiertas» que ahora parece acelerarse. No ha sido siempre así. Desde 1949, su año fundacional, la OTAN ha pasado de 12 a 30 países a través de ocho rondas de ampliación. El último que se unió a sus filas fue Macedonia del Norte. Entró el 27 de marzo de 2020.