Joe Biden y el primer ministro interino de Israel, Yair Lapid, este jueves en Jerusalén. / AFP

La respuesta al programa atómico de Irán divide a Biden e Israel

El presidente de EE UU aboga en Jerusalén por «la diplomacia» para disuadir a Teherán mientras el Estado judío reclama «colocar una amenaza militar creíble en la mesa»

MIKEL AYESTARAN

Irán eclipsó la segunda jornada del viaje de Joe Biden a Israe, en la que el presidente estadounidense firmó junto al primer ministro Yair Lapid un nuevo pacto de seguridad por el que Estados Unidos se comprometió a usar «todo» el poderío de su país para impedir que Teherán se haga con un arma nuclear. La firma de este documento, sin embargo, no pudo ocultar las diferencias entre israelíes y estadounidenses sobre la mejor forma de frenar la carrera atómica de la república islámica. Mientras que Lapid insistió una y otra vez en que «la única cosa que los va a detener es saber que si continúan desarrollando ese programa nuclear el mundo libre va a utilizar la fuerza. La única forma de detenerlos es colocar una amenaza militar creíble en la mesa», Biden respondió que sigue pensando que «la diplomacia es el mejor camino».

La declaración conjunta de la Asociación Estratégica sirvió también para recoger la ayuda de 38.000 millones de dólares de asistencia en seguridad que Estados Unidos proporciona al Estado judío y que presidente tras presidente, sin importar el partido, ha ido renovando de forma automática con el objetivo de «abordar las amenazas emergentes y las nuevas realidades».

Biden prometió durante la campaña electoral recuperar el acuerdo nuclear con los iraníes que firmó Barack Obama en 2015 y rompió tres años más tarde Donald Trump. Las negociaciones están abiertas en Ginebra, pero de momento Estados Unidos no levanta las sanciones y los iraníes siguen dando pasos que les alejan de lo pactado. Israel es uno de los firmes opositores al acuerdo y así se lo recordó también Benyamin Netanyahu a Biden durante el encuentro que mantuvieron. El actual líder de la oposición, que aspira a recuperar el poder en las elecciones de noviembre, dijo al presidente que «debe haber una opción militar creíble contra Irán sobre la mesa».

Conflicto palestino

Netanyahu y Biden son viejos conocidos y en el último viaje del entonces número dos de Obama a Jerusalén, Bibi le humilló en público en respuesta a su petición de congelar la expansión de las colonias en los territorios ocupados. En este décimo viaje del político demócrata a Tierra Santa, después de 48 horas en Israel, dedicará el viernes a dos actos en zona palestina. Biden visitará el hospital Augusta Victoria en Jerusalén oriental, la zona de la ciudad santa que los palestinos reclaman como su futura capital tras la hipotética solución de los dos Estados, y se desplazará a Belén para entrevistarse con su homólogo palestino, Mahmoud Abás.

La visita al hospital, en la que no habrá presencia de dirigentes israelíes, no ha sentado bien en la cúpula del Estado judío porque lo perciben como una forma de dar legitimidad a las aspiraciones palestinas sobre la parte Este de Jerusalén. Sin embargo, no deja de ser algo puramente formal ya que Biden dejó muy claro que, pese a apoyar la solución de los dos Estados, no piensa dar marcha atrás en la declaración de Trump sobre Jerusalén como capital eterna de Israel.

Tras pasar dos días en Israel y unas pocas horas en los territorios palestinos, Biden pondrá rumbo a Arabia Saudí en un vuelo directo desde Tel Aviv que pasará a la historia porque será el primer presidente de Estados Unidos en realizar esta conexión. Allí se verá cara a cara con el príncipe heredero, Mohamed Bin Salman, con el objetivo de lograr que los saudíes aumenten la producción de petróleo ante la crisis energética provocada por la invasión rusa de Ucrania. Un encuentro marcado por el asesinato y descuartizamiento del periodista de 'The Washington Post' Jamal Kashoggi en octubre de 2018, en el que la CIA ve la mano del joven heredero, según los informes que Biden hizo públicos tras llegar a la presidencia.