Juana Ruiz tras ser puesta en libertad condicional. / EFE

Juana Ruiz, trabajadora de ONG excarcelada

«Tengo miedo de Israel porque me ha mostrado un odio infernal»

Condenada por su labor en una organización que el Estado judío considera ilegal, sueña con volver a España cuando acabe de cumplir la pena

MIKEL AYESTARAN Beit Sahour

Juana Ruiz vive sus primeros días en libertad condicional rodeada de los suyos en Beit Sahour, al sur de Belén. La trabajadora humanitaria española, de 63 años, ha perdido doce kilos en los diez meses que ha permanecido bajo detención militar en prisiones israelíes. Habla desde el salón de su casa, desde el lugar en el que el 13 de abril 25 soldados irrumpieron a las cinco de la mañana para detenerle. Siete meses después Israel le condenó a trece meses de prisión y 14.000 euros de multa «por trabajar y recaudar fondos» para los Health Work Committees (HWC), ONG palestina a la que el Estado judío considera ilegal.

Su marido, Elías, y sus hijos, María y George, siguen con atención cada una de sus respuestas y no se separan un segundo de ella. Israel solo le permitió tres visitas y dos llamadas de teléfono durante la detención. Ahora Juana debe permanecer en Beit Sahour hasta mediados de mayo, cuando concluya su condena. Después podrá viajar a España, «mi sueño», asegura. Ha vuelto a cocinar, tiene cervezas frías en el frigorífico y muchas ganas de contar su pesadilla y denunciar que es víctima de la estrategia de Israel de acabar con las organizaciones humanitarias palestinas.

- ¿Qué se siente al recuperar la libertad?

- Estoy feliz, no me puedo creer que haya terminado la pesadilla porque estaba convencida que no saldría antes del 14 de abril, un mes antes del final de condena. Creo que me costará un tiempo recuperarme, pero física y moralmente estoy cada vez mejor. Tengo muchas visitas de familiares y amigos, no he tenido tiempo ni de sentarme con tranquilidad con mi marido y mis hijos, están siendo unos días de mucho movimiento y me veo acelerada, con ganas de contarlo todo.

- Ha perdido doce kilos, tiene problemas en su mano derecha… ¿cómo ha sido el trato en prisión?

- Correcto desde el punto de vista físico, los soldados me decían que yo era como su madre y que no me harían daño y yo les respondía '¿por qué me vais a hacer daño?' Lo peor fue la detención y el interrogatorio, estaba descolocada, en shock, no entendía qué estaba pasando. Hablo árabe, pero no como para defenderme como debía. Lo hicieron a propósito para hundirme.

Planes de futuro

«Estoy cerca de los 65 y cansada. Si antes me planteaba la jubilación, la cárcel ha sido el remate»

- ¿Qué ha sido lo más duro?

- Llevaba mal la situación de estar aislada de mi familia, pero mis compañeras me han ayudado mucho, gente con castigos mucho más fuertes que el mío. Me hice una rutina y decidí hacer lo posible por superar la depresión y hacerme la idea que antes o después iba a salir. Solo me enfadé cuando me llamaron antiisraelí, yo no soy antinada, pero les dije que ellos son una ocupación.

- ¿Le ha ayudado su pasaporte español?

- Dentro de la prisión he sido una más, no ha influido que fuera española. La gran diferencia es que yo tengo un país que me ha apoyado y mis compañeras palestinas están solas. He tenido remordimientos porque yo tengo un país que me ha protegido, miles de personas me han respaldado en las calles de España y mi consulado estaba muy encima del caso, a ellas no les protege nadie. Me he sentido privilegiada por este apoyo exterior, pero en la cárcel he sido como el resto.

Experiencia «demoledora»

- Después de tres décadas en los territorios ocupados sin haber tenido problemas con la seguridad israelí, ¿se explica los motivos de esta detención?

- Todavía me pregunto el porqué y por qué yo. La experiencia ha sido demoledora. Yo soy una trabajadora de una organización sanitaria que lleva 28 años trabajando por la salud de los palestinos y nunca había tenido problemas con la seguridad de Israel. Aquí hemos recibido miles de visitas, incluso políticos de alto nivel como Josep Borrell, que inauguró una de nuestras clínicas. Son 28 años de proyectos y auditorías, tengo la conciencia tranquila y volvería a hacerlo, ha sido mi vida y me siento orgullosa de mi trabajo.

- Usted ha vivido las dos intifadas, la Guerra del Golfo… pero nunca había sido detenida.

- He vivido situaciones muy duras, pero es la primera vez que veo al monstruo desde dentro, la verdadera cara de Israel y su trato a los palestinos. Deben ser más humanos, cambiar el chip, llevan setenta años así. A ellos les trataron mal en el pasado, pero fue en Europa, no aquí, y han creado un monstruo. Tengo miedo, aún no ha terminado mi condena, me han asustado, los interrogatorios… me han mostrado un odio infernal y no lo entiendo porque yo no odio a nadie.

- ¿Y ahora cuál es su plan?

- Durante cinco años no puedo trabajar en organizaciones humanitarias, es una parte del acuerdo con la fiscalía. Además, estoy cerca de los 65, bastante quemada, cansada, con problemas de salud. Si antes me planteaba la jubilación, la cárcel ha sido el remate. Nuestro plan pasa por vivir a caballo entre España y Palestina y me gustaría escribir mi biografía desde la llegada a Gaza en 1985 hasta hoy.

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