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Militares en el Parlamento de Túnez EFE
Los islamistas se abren a negociar sobre la crisis política de Túnez

Los islamistas se abren a negociar sobre la crisis política de Túnez

El ex primer ministro, Hichem Mechichi, acepta el cese y facilitará el traspaso de poder a un nuevo jefe de Gobierno

gerardo elorriaga

Madrid

Martes, 27 de julio 2021, 20:53

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El partido gubernamental Ennahdha ha realizado un brusco cambio de estrategia en la crisis que sacude Túnez desde el domingo. La denuncia del golpe de Estado perpetrado por el presidente, Rais Saied, ha dado paso a una declaración conciliadora del ex primer ministro, Hichem Mechichi, en la que acepta el cese y muestra su disposición a facilitar el traspaso de poder a un nuevo jefe de Gobierno. Además, la formación islamista ha pedido a sus seguidores que no participen en las manifestaciones convocadas en las principales ciudades del país magrebí y llama al diálogo para buscar una solución pactada al conflicto.

La actitud contemporizadora se explica en un contexto convulso en el que la actual clase dirigente, aunque respaldada por las urnas, ha perdido su credibilidad. Tras la intervención de Saied, la opinión pública se encuentra polarizada entre los defensores de la Constitución y aquellos que apoyan las medidas presidenciales y que reclaman cambios radicales. La llamada al acuerdo por parte de la elite dirigente, de filiación islamista, parece responder, preventivamente, a la amplia ola de rechazo que ha provocado tanto su gestión de la crisis derivada de la pandemia como a la ineficacia para afrontar la recesión económica que sufre el país.

El reconocimiento del fracaso de las elites dirigentes es una de las revelaciones más sorprendentes del discurso de Mechichi, difundido ayer a través de Facebook. El ex primer ministro asegura entender la desesperación de los ciudadanos e, incluso, reconoció la existencia de «grandes disparidades» entre lo que la gente quiere y las prioridades de los partidos.

Fragmentación política

La Asamblea tunecina se halla muy fragmentada políticamente, aunque existe un alineamiento en torno a la órbita islamista y posiciones seculares. Entre otras confesiones en la red, el exdirigente ha llegado a admitir que la Administración pública roza la bancarrota.

La celebración a corto plazo de elecciones simultáneas de carácter legislativo y presidencial es la alternativa que propone Ennahdha para salir de este escenario y «garantizar la protección del proceso democrático y evitar que cualquier retraso sirva de pretexto para mantener un régimen autocrático». La intención del presidente Saied se antoja, a priori, muy alejada de esta posibilidad, ya que, hasta ahora, se ha mostrado muy crítico con las huestes de Rachid Ghannouchi y de sus componendas para permanecer en el poder.

Su carácter reacio al compromiso explica el proceso de alejamiento de los islamistas, antaño partidarios de sus pretensiones políticas. Este disenso lo ha conducido a una posición de confrontación directa durante los últimos meses. Además de prescindir de Mechichi, el nuevo hombre fuerte del país ha suspendido la actividad del Parlamento y se ha comprometido a elegir un nuevo jefe de Gobierno. Ahora bien, su posición resulta muy compleja dentro de la vía impuesta por la ley fundamental. El presidente posee la facultad de suspender la actividad parlamentaria, pero, al cabo de 30 días, la Corte Constitucional debe decidir si prolonga su vigencia. Desgraciadamente, este supuesto se halla en el limbo puesto que la institución jurídica no se ha puesto en marcha.

La elección del sucesor de Mechichi puede esclarecer el rumbo. Los presagios apuntan a un tecnócrata, como su antecesor, sin una filiación política muy determinada. La ideología de Saied, de 63 años, es toda una incógnita. Este académico del Derecho y profesor en la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas se muestra tan conservador en materia social como el bando religioso, pero menos explícito en el ámbito económico. Tras asumir todas las prerrogativas del Ejecutivo, ha decretado el toque de queda hasta el 27 de agosto, y la prohibición de reuniones de más de tres personas en los espacios públicos.

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