Instalación nuclear en Irán. / reuters

Irán acelera el enriquecimiento de uranio y desconecta 27 cámaras de la ONU

Se trata de un paso más de alejamiento del acuerdo firmado en 2015 por el que la república islámica se comprometió a emplear solo centrifugadoras de primera generación (IR-1)

MIKEL AYESTARAN Corresponsal en Jerusalén

Irán comunicó a la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) su intención de instalar dos nuevas cascadas de centrifugadoras IR-6 de última generación para acelerar el enriquecimiento de uranio en su planta subterránea de Natanz. Se trata de un paso más de alejamiento del acuerdo firmado en 2015 por el que la república islámica se comprometió a emplear solo centrifugadoras de primera generación (IR-1). Los iraníes se distancian día a día de un pacto que es papel mojado desde que Donald Trump decidiera salirse del mismo y volver a imponer sanciones a Teherán.

Aunque fueron los estadounidenses los primeros en violar el acuerdo con su salida unilateral en 2018, toda la presión recae en los iraníes y la AIEA aprobó una resolución que critica a Irán por no explicar los rastros de uranio encontrados en tres sitios no declarados. Solo Rusia y China se opusieron a esta medida que desde Teherán consideraron «irrazonable».

Irán ve la mano de Israel y sus servicios de inteligencia detrás de los informes de la AIEA y ordenó desconectar dos de las cámaras de seguridad instaladas por el organismo internacional. Rafael Grossi, directo de la AIEA, aseguró que no son dos, sino 27 las cámaras desinstaladas y calificó esta decisión iraní de un «serio desafío» ya que en tres o cuatro semanas sus investigadores no podrán mantener el seguimiento a la actividad atómica en las plantas de Irán.

Desde la república islámica insisten en que estas medidas de alejamiento son reversibles, que darán marcha a atrás en cuanto Joe Biden retire las sanciones y que su programa atómico tiene fines civiles. Las alarmas, sin embargo, se han encendido en Occidente al conocer que Teherán podría haber llegado ya a un grado de enriquecimiento del 60 por ciento, cada vez más cerca del 90 por ciento necesario para la fabricación de armas nucleares. El acuerdo de 2015 logró que los iraníes congelaran este enriquecimiento a cambio del final de las sanciones, pero Trump decidió romperlo y allí empezaron de nuevo los problemas.