Los miembros de la delegación de los talibanes a su llegada el martes a Doha, la capital de Catar, para una reunión con diplomáticos extranjeros. / AFP

Diplomacia musulmana al rescate del aislado Emirato talibán

Dos meses después nadie reconoce al nuevo régimen afgano y Turquía e Indonesia lideran una iniciativa que les pide reconsiderar su política con las mujeres

MIKEL AYESTARAN Corresponsal. Jerusalén

Dos meses después de su establecimiento, el Emirato Islámico de Afganistán sigue a la espera del reconocimiento internacional. Pero ningún país ha dado de momento ese paso y quienes se reúnen con los talibanes les ponen la misma condición: respetar los derechos de las mujeres. Los islamistas mantienen una agenda diplomática intensa para lograr ese respaldo o, al menos, para que se levanten las sanciones y puedan hacer frente a la grave situación humanitaria, de momento sin éxito.

En la última semana los responsables del Emirato se han reunido en Doha con enviados de Estados Unidos, de diez países europeos y de la Unión Europea (UE) y el martes se celebrará una gran cumbre en Moscú entre Rusia, Estados Unidos, China y Pakistán para intentar aunar posturas sobre la situación que atraviesa Afganistán.

Ante la falta de progresos hasta el momento, Turquía e Indonesia abanderan una iniciativa de países musulmanes para tratar de ablandar la visión rigorista del islam impuesta en el Emirato y hacerles ver, por ejemplo, que vetar el acceso de las niñas a la educación es una distorsión del islam. Los talibanes también han apartado a las mujeres de la mayor parte de puestos públicos en los ministerios y han cerrado el de Asuntos de la Mujer, cuyo lugar ocupa ahora el Ministerio del Desarrollo, Promoción de la Virtud y Prevención del Vicio.

LAS CLAVES:

  • Sin vuelos. La única compañía que operaba en el aeropuerto de Kabul ha dejado de hacerlo esta semana

  • Miedo al futuro. La ONU cifra en más de500.000 los ciudadanos que podrían huir cuando se abran las fronteras

La delegación afgana voló el jueves a Ankara liderada por el titular de Exteriores en funciones, Amir Khan Muttaqi. Turquía ha mostrado desde el primer día su intención de tender puentes y su jefe de la diplomacia, Mevlut Cavusoglu, recordó a la comunidad internacional «la importancia de establecer relaciones con la administración talibán» y diferenció entre «reconocer» y «establecer lazos» con el Emirato, un modelo similar al que opera en Gaza con Hamás.

Lo que busca Turquía es una flexibilización de las medidas adoptadas por organismos como el Banco Mundial para que «la economía afgana no colapse y se puedan pagar los salarios a los funcionarios». Este organismo internacional, como otros muchos países que tenían proyectos de ayuda, han congelado sus operaciones ante la situación que sufre la mujer en el nuevo régimen y la vuelta de los ahorcamientos y castigos públicos a las plazas de las ciudades afganas.

Madrasas para niñas

Cavusoglu planteó a los talibanes que reconsideren su política de género y permitan regresar a las alumnas de secundaria a las aulas y lo hizo «no como precondición o demanda, sino como una medida que esperan el resto de países musulmanes». El responsable de Exteriores turco estaría preparando un viaje a Kabul junto a su homóloga de Indonesia, Retno Marsudi, «y otros ministros de países musulmanes en el futuro próximo», adelantó Cavusoglu. Indonesia ha estado muy implicado en la ayuda a Afganistán en los últimos años a través de la organización Nahdlatul Ulama, presente en 22 de las 34 provincias del país. Entre sus proyectos se encuentra una red de madrasas (escuelas coránicas) para niñas, según recogió el diario 'The Guardian'.

A la falta del reconocimiento oficial, los talibanes suman otro fracaso en estos primeros dos meses como es la falta de vuelos internacionales regulares en el aeropuerto de Kabul. Las compañías no confían en la seguridad sobre el terreno y la única que operaba con cierta regularidad, Pakistan International Airlines (PIA) ha dejado de hacerlo esta semana. «Suspendemos las actividades en Kabul debido a la injerencia de las autoridades locales», informó la compañía paquistaní, cuyo anuncio llegó después de que el Emirato les ordenara rebajar el precio de los billetes de manera inmediata.

El trayecto entre Islamabad y Kabul es de apenas una hora y antes del 15 de agosto costaba entre 90 y 120 euros. El precio se elevó hasta los 2.200 euros tras la victoria talibán, lo que provocó la reacción de unos islamistas que no atendieron a las explicaciones de la compañía sobre el enorme desembolso que suponía asegurar cada avión porque Kabul es considerada «zona de guerra» por las aseguradoras.

Despliegue de fuerzas

Turquía y Catar se ofrecieron en su momento como apoyo a los talibanes para recuperar la operatividad en el aeródromo, un paso clave también para la llegada de ayuda, pero ambos países exigieron el despliegue de fuerzas de seguridad propias para garantizar el trabajo de sus equipos y esto no fue aceptado por las nuevas autoridades de Kabul.

El aeropuerto, por tanto, permanece cerrado como vía de salida, como lo están los pasos terrestres a los países vecinos. La oficina de pasaportes en Kabul está rodeada de afganos desesperados por hacerse con una libreta que les permita escapar en cuanto se abra alguno de los pasos. Naciones Unidas elevó a más de 500.000 el número de afganos que podrían salir por tierra en cuanto se abran las fronteras. La complicada situación económica, unida a la incertidumbre que genera el futuro del Emirato y el terror que provoca recordar el anterior régimen talibán en los noventa son algunos de los factores que empujan a los ciudadanos a huir.