Entrenamiento. Reservistas de la defensa civil de Finlandia, durante unos ejercicios este pasado fin de semana. / AFP

Un millón de soldados más para la Alianza

Ejército. Finlandia aportará a la OTAN 13.000 militares profesionales y 900.000 reservistas, mientras Suecia espera contar con un total de 90.000 efectivos a finales de esta década

MIGUEL PÉREZ

A excepción de las abundantes pérdidas en vidas humanas, el declive económico-social y el aislamiento financiero y político propiciado por la comunidad internacional, la gran derrota de Rusia en la guerra con Ucrania radicará en el inesperado alargamiento de la sombra de la OTAN a lugares que Moscú creía inalterables dada su larga tradición de neutralidad. La posible incorporación de Finlandia y Suecia a la Alianza a finales de este año obligará en el futuro al Kremlin a vigilar otros 1.340 kilómetros adicionales de frontera terrestre con el vecino finlandés -una línea apenas 200 kilómetros menor a la muga con Ucrania- y a limitar sus libertades en el Báltico, un mar primordial para los intereses de su Armada y el tráfico de mercancías con San Petersburgo y Kaliningrado, cuyo litoral dominan los suecos.

El Parlamento finlandés concluyó este martes el proceso administrativo para el ingreso en la organización trasatlántica. Con 188 votos a favor y 8 en contra, la Cámara apoyó la iniciativa del Gobierno y finiquitó el debate latente desde hace 40 años sobre la seguridad del país en un nuevo marco geoestratégico jalonado por el final de la Guerra Fría, el hundimiento de la Unión Soviética y la consolidación de las repúblicas bálticas. La historia finlandesa es muy semejante a la de Suecia: dos naciones tradicionalmente neutrales que deben enfrentarse a la creciente presión del vecino ruso.

Quién se beneficiará más de la adhesión es algo harto discutible. Helsinki, por ejemplo, obtiene el paraguas de los países aliados, mientras entrega a la Alianza un inmejorable acercamiento territorial a Rusia. Un auténtico balcón. Además, suma unas Fuerzas Armadas que figuran entre las más avanzadas de Europa a pesar de contar únicamente con 13.000 soldados profesionales. Su secreto radica en los reservistas. La práctica totalidad de los adultos capaces de manejar un arma, 900.000, forman parte de la reserva, una cifra inusualmente elevada en un país de 5,5 millones de habitantes donde la 'mili' obligatoria tampoco resulta una tradición, ya que empezó a aplicarse en 1992.

Que la intención del Gobierno de ingresar como un socio de primer orden supera el simple deseo lo demostró este pasado fin de semana cuando cientos de finlandeses desembarcaron en la isla militar de Santahamina para someterse a ejercicios de adiestramiento, parecidos al entrenamiento que desarrollaban las brigadas de defensa civil de Ucrania antes de la guerra. El Ejército tiene capacidad para movilizar a 280.000 reservistas de golpe en caso de necesidad y el aumento de las inversiones le está permitiendo consolidar una infraestructura de combate imponente, con corbetas de última generación y un generoso plan de compra de 64 aviones F-35 estadounidenses.

Un proyecto firme

Este último dato ofrece una idea de la firmeza del proyecto militar finlandés. En todo el mundo operan únicamente 700 cazas de este modelo. Es el más caro de la aviación de combate -tanto por su precio de compra como por el coste de su funcionamiento, unos 100.000 euros por cada hora que está en el aire- pero también el de mayor operatividad y capacidad de camuflaje frente a los radares. La competencia internacional por hacerse con un F-35 la ejemplifica Alemania, que, al calor de la crisis ucraniana, acaba de adquirir a Estados Unidos 35 de estos cazas, por los que España y Francia mostraban interés.

El norte europeo asiste a días inéditos. El rey Carlos Gustavo de Suecia admitió este martes que la petición de su país de ingresar en la OTAN es «histórica» y se corresponde con los «desafíos» comunes que afronta junto con Finlandia tras la invasión rusa de Ucrania. La bienvenida de los aliados se vislumbra calurosa. El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, recibirá este miércoles formalmente las solicitudes de los dos países en un acto en la sede de la Alianza y el presidente de Finlandia, Sauli Niinisto, y la primera ministra sueca, Magdalena Andersson, se reunirán mañana con el mandatario estadounidense Joe Biden. El canciller alemán, Olaf Scholz. ya anunció este martes que considera a ambos países como aliados. «Vamos a intensificar nuestra cooperación militar, especialmente en la región del Báltico, con ejercicios comunes», adelantó el canciller, quien agregó que Suecia y Finlandia ya tienen el apoyo de Alemania, «especialmente en esta situación tan particular» antes de su entrada en la OTAN.

Suecia aportará unas Fuerzas Armadas más obsoletas que las de su «hermano» finlandés. La neutralidad, fijada como principio por la monarquía a mediados del siglo XIX, tiene su cuota de responsabilidad. El servicio militar solo es obligatorio desde 2017 y apenas un 35% de la población se confiesa favorable a la OTAN (otro 30% es contrario y el resto no tendría una opinión definida). Aún así, el Ejecutivo lleva tiempo embarcado en una modernización del Ejército que empezó a sentar sus bases en 1991 con la llegada al poder del conservador Carl Bildt. El primer ministro y escritor rompió con el precepto de neutralidad del Partido Socialdemócrata Sueco al mostrar tesis más atlantistas y propiciar la ayuda a las repúblicas bálticas.

Las maniobras rusas desde la anexión de Crimea en 2014, con acercamientos de aviones y navíos de guerra a sus aguas territoriales, además de los informes de Inteligencia que citan casos de espionaje, ataques cibernéticos y compra masiva de tecnología estratégica sueca por parte del Kremlin, han creado asimismo un clima favorable a la defensa colectiva. Este miércoles Estocolmo lleva a la OTAN un plan que prevé un contingente de 90.000 soldados dentro de ocho años -ahora son 60.000- y un mejor arsenal, con barcos y submarinos más capacitados para la vigilancia del Báltico, tan ansiada por la Alianza.