JOAQUÍN ALDEGUER

Perfil

Mark Milley, un general en el ojo del huracán

Cuestionado por republicanos e incluso moderados, la máxima autoridad militar de Estados Unidos comparece el martes en el Congreso para dar explicaciones sobre sus contactos con un general de China a espaldas de Trump para garantizarle que no habría un ataque nuclear

CAROLINE CONEJERO

Héroe o villano? El general Mark Milley, Jefe del Estado Mayor Conjunto de Estados Unidos, se enfrentará este próximo martes al escrutinio de todo el país cuando comparezca ante el Congreso y dé sus primeras explicaciones públicas sobre las gestiones que realizó ante China a espaldas del presidente Donald Trump para tranquilizarla sobre el riesgo de un ataque militar contra su país durante la crisis del asalto al Congreso. Y también sobre las medidas secretas extraordinarias que tomó para crear una autoridad en la sombra, excediendo los límites de su cargo, y evitar que Trump pudiera ordenar un ataque con armas nucleares. Una actuación que le ha granjeado a la más alta autoridad militar del país numerosas alabanzas, pero también una avalancha de críticas provenientes incluso de la esfera moderada.

El general, de 63 años, un líder carismático, franco y sin tapujos, que participó en las invasiones estadounidenses de Panamá y Haití a finales del siglo XX y dirigió más tarde a las tropas norteamericanas en las guerras de Irak y Afganistán, está en el ojo del huracán desde la aparición en las librerías del nuevo libro de investigación política de los prestigiosos periodistas de investigación Bob Woodward y Robert Costa, 'Peligro'. En él se revela que Milley revisó el protocolo de la cúpula militar, incluido el lanzamiento de armas nucleares, e incluso realizó un par de llamadas telefónicas secretas a su homólogo chino, el General Li Zuocheng, el 8 de enero, dos días después del ataque al Capitolio por parte de seguidores del entonces presidente americano Donald Trump que protestaban contra el resultado electoral que daba como vencedor a Joe Biden.

Graduado en ciencias políticas en la Universidad de Princeton y con másteres en estudios internacionales y estratégicos en la Universidad de Columbia y la Facultad Naval de Guerra, Milley tiene fama de brillante pensador, pero hasta ahora sus explicaciones han sido dubitativas. Milley ha defendido las llamadas realizadas a su homólogo chino como rutinarias y perfectamente encuadrables dentro de los deberes y responsabilidades de su trabajo. El propósito, según dijo, fue tranquilizar a un adversario con el fin de garantizar la estabilidad estratégica.

Sus partidarios argumentan que las condiciones extraordinarias en las últimas semanas del mandato de Donald Trump exigían medidas excepcionales por parte del jefe militar de más alto rango de la república con el propósito de defender la constitución y al pueblo estadounidense. EL propio presidente Biden, ha defendido su actuación y ha desoído los llamamientos a destituirle. Pero los republicanos han exigido de plano su renuncia por una actuación que, estiman, socava la autoridad del presidente y alcanza el rango de traición, al facilitar información estratégica de seguridad nacional a un adversario militar.

En medio de este debate nacional, la credibilidad del general Mark Milley como Jefe del Estado Mayor Conjunto se ha visto golpeada duramente en el momento más delicado de su carrera. La admisión finalmente la pasada semana por parte del Pentágono de que el ataque con dron a un automóvil en Kabul, que causó 10 muertos civiles, siete de ellos niños, fue un blanco equivocado, creó estupor. Milley, que previamente había desmentido que hubiera víctimas civiles en un «ataque justo», se vio obligado a reconocer la «desgarradora tragedia» del error militar.

Un ataque con dron en Kabul, que mató a siete niños, ha terminado de dañar la credibilidad del general Milley

Donald Trump, quien tras las revelaciones ha calificado a Milley de «traidor», eligió al general para el puesto en diciembre de 2018, mucho antes de que su predecesor, el general Joseph Dunford, se jubilara, atraído precisamente por su estilo directo para enfrentar la realidad.

La experiencia de combate del bostoniano, su talante afable y franco de irlandés católico, y la preocupación de ambos por el despilfarro en el gasto del Pentágono, encajaban bien con la fascinación de Trump por los hombres de uniforme con aspecto duro, y el anhelo, como presidente, de verse rodeado de militares fuertes.

Colisión asegurada

Pero las profundas diferencias entre ambos les emplazaban en una ruta de colisión asegurada. La relación comenzó a debilitarse con las protestas de Black Lives Matter en el verano de 2020, cuando el general Mark Milley se opuso rotundamente a los intentos de Trump de movilizar al ejército para reprimir las protestas civiles. Un momento que quedó plasmado para la historia cuando el general, apuntando al retrato de Lincoln, le dijo al presidente Donald Trump: «él se enfrentó a una insurrección. Usted tiene una protesta civil».

Otro momento crucial tuvo lugar el 1 de junio cuando Trump requirió su presencia para hacerse una foto pública portando una biblia frente a la iglesia del parque de Lafayette Square, al lado de la Casa Blanca, después de que la policía antidisturbios lo despejara de manifestantes usando gases lacrimógenos. Milley, sin tiempo de cambiarse el uniforme de combate, tardó apenas unos minutos en darse cuenta que había sido emboscado en una maniobra política enfrente de la prensa. Diez días después, el general se disculpó públicamente, y para disgusto de Trump, admitió el error de su presencia en la foto como militar de uniforme.

¿Héroe o villano? La sociedad americana asistirá dividida a su comparecencia del martes en el Congreso.