Lucha contra el coronavirus

Los recortes lastran la respuesta de la sanidad italiana al coronavirus

06/04/2020

Menos sanitarios, menos camas en los hospitales y menos recursos para el sistema, hasta el punto de que algunos médicos de Bérgamo, una de las provincias más golpeadas por el coronavirus en Italia, han tenido que comprarse ellos mismos las mascarillas en ferreterías porque las autoridades no se las facilitaban.

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«Los recortes en la sanidad, que han sido dramáticos en los últimos años, seguramente han influido en la respuesta a la pandemia», denuncia Guido Marinoni, presidente del Colegio de Médicos de Bérgamo, que se indigna cuando describe cómo los sucesivos Gobiernos del país han utilizado el sistema de salud público para intentar cuadrar las cuentas. «Se han cerrado hospitales y reducido el número de médicos de cabecera. Y ahora ni siquiera tenemos suficientes dispositivos de protección».

Marinoni considera que este motivo está pesando en la dificultad para responder a la emergencia tanto como los errores iniciales en la gestión, que convirtieron a varios hospitales de la región de Lombardía, la más afectada, en focos de contagio. La pandemia, que se acerca ya a los 125.000 infectados y supera los 15.000 fallecidos, ha abierto un debate en Italia sobre la necesidad de reforzar el sistema de salud y si resultaría idóneo que el Estado asumiera de nuevo estas competencias. Éstas se encuentran en manos de las regiones tras una reforma de 2001 que provocó una enorme diferencia en los servicios entre las zonas más ricas del norte y las más atrasadas del sur. «Está claro que deberemos volver a pensar cómo se organiza el sistema cuando acabe todo esto», sostiene Marinoni.

Italia lleva al menos 10 años recortando en sanidad. Un informe publicado el año pasado por la fundación Gimbe considera que, en la última década, el sistema de salud público ha recibido un tijeretazo de 37.000 millones de euros en su financiación. El número de trabajadores indefinidos en el sector público se ha reducido en más de 42.000 personas mientras se cerraban hospitales por toda Italia. El número de camas hospitalarias por cada 1.000 habitantes ha caído así hasta las 3,2, frente a una media europea de 5. Al mismo tiempo se multiplicaba la obligación del copago para muchos servicios y crecía la sanidad privada.

«El sistema público es en realidad más barato para un país, pero las presiones de la sanidad privada y de las aseguradoras sobre los políticos han sido muy fuertes, porque en este sector se puede ganar mucho dinero», advierte Giovanni Leone, vicepresidente de la Federación Nacional de Colegios de Médicos y Dentistas. Confirma además que los recortes en la financiación «han influido de manera importante» en las dificultades que Italia está teniendo para responder a la pandemia del coronavirus.

Leone considera paradójico que las autoridades presenten a los sanitarios como «héroes» cuando no les proporcionan suficientes medidas de protección para desarrollar su trabajo y les han privado de recursos durante años. «Nos faltan muchos de los médicos de especialización que teníamos antes. Cuando Europa obligó a Italia a que les pagara durante el último año de formación, el Gobierno decidió quedarse sólo con la mitad. Por eso tenemos ahora la clase médica más envejecida de Europa». El coronavirus ha provocado la muerte de más de 120 sanitarios, entre ellos 77 médicos y 23 enfermeros, dos de los cuales se suicidaron por motivos ligados a la pandemia.

El coronavirus en cifras

Carlo Palermo, secretario nacional de asociación médica Anaao, la más importante entre los facultativos que trabajan en hospitales, espera que la situación de emergencia que estamos viviendo cambie profundamente la organización de la salud pública. «Este sistema nos ha ido mal», asegura, mostrándose a favor de que el Estado asuma de nuevo las competencias. «Entre el norte y el sur hay hasta cuatro años de diferencia en las expectativas de vida. La cuestión de la salud no puede afrontarse de manera distinta en cada región. No hay más que pensar en las relaciones con otros países que se necesitan mantener». Palermo denuncia cómo en los últimos años han primado los «criterios económicos» en la gestión, lo que ha llevado a que las regiones meridionales, las que cuentan con menos recursos, se vieran obligadas a recortar en el personal y en el número de camas en los hospitales.

Políticos del Movimiento 5 Estrellas (M5E) y del Partido Democrático (PD), las dos formaciones principales que sostienen la coalición del Gobierno, se han mostrado a favor de la recentralización de la sanidad. Andrea Orlando, ‘número dos’ del PD, ha pedido que las competencias vuelvan a manos del Estado porque no tiene sentido tener «veinte sistemas diversos» ni tampoco las «excesivas concesiones» al sector privado. En la misma línea se ha mostrado Vito Crimi, líder interino del M5E, y su compañero de filas Pierpaolo Sileri, viceministro de Sanidad, que considera que la salud pública ya mostraba la necesidad de una reorganización «en tiempos de paz». La Liga, principal partido de la oposición y que mantiene una postura autonomista, está totalmente en contra de una posible recentralización.