Tres de las protagonistas de nuestra historia. / R. C.

Látigo, cárcel y amenazas en la difícil lucha por la igualdad

Un ejemplo de coraje. Los últimos informes sobre derechos humanos en el mundo constatan que las vulneraciones sobre la mujer persisten e incluso se agravan en distintos países. Este diario reúne ocho historias en las que, pese al miedo y el dolor, ellas toman la palabra para denunciar la discriminación

Fawzia Koofi - Afganistán

Toda una existencia bajo la presión de los talibanes

«Físicamente estoy aquí, pero mi corazón sigue en Afganistán, no es nada fácil vivir así», confiesa Fawzia Koofi en el documental sobre su figura estrenado hace unas semanas por el canal Arte. Esta política y activista afgana de 45 años fue evacuada a Catar en un avión militar en agosto y desde allí viaja por todo el mundo para seguir con su lucha por los derechos de las mujeres afganas.

Koofi se convirtió en las últimas dos décadas en un símbolo de superación y de resistencia frente a los talibanes. Fue la primera mujer afgana que trabajó con UNICEF, fundó el Movimiento para el Cambio, un nuevo partido político para luchar contra la corrupción y promover la defensa de los derechos humanos, y en 2005 logró un escaño como diputada y se convirtió en la primera fémina en ocupar la vicepresidencia del Parlamento. Pagó caro su activismo y sobrevivió a dos atentados.

Antes del colapso del Gobierno de Kabul, formó parte también de la delegación oficial encargada de negociar la transición con los talibanes en Doha. Ahora, desde la lejanía del exilio, se esfuerza por mantener viva la lucha por los derechos de las afganas, cada día sometidas a más restricciones por parte de unos talibanes a las que ya sufrió durante el primer Emirato. Renunció a ser médico porque los islamistas prohibieron el acceso de mujeres a la universidad. En su lugar, dio clases de inglés a niñas de su barrio, expulsadas de las escuelas.

Aura Lolita Chávez - Guatemala

Obligada al exilio en su defensa de las mujeres indígenas

«Ya vivimos la guerra y no es nuestra dinámica. Las mujeres decidimos que no queríamos parir hijos para la guerra». Así se pronunciaba hace un lustro en una conferencia en Barcelona Aura Lolita Chávez Ixcaquic, una activista de los derechos de las mujeres y líder indígena de Guatemala. Es un referente internacional de la lucha por preservar los recursos naturales, lo que ella llama defenderse de una «nueva invasión» al servicio de las ideologías «racistas» y las «grandes corporaciones». Sus actos solo le han llevado a ser amenazada de muerte en varias ocasiones. Por ello se vio obligada al exilio y reside en Euskadi desde 2017.

Chávez, de 50 años, fundó en 2007 el Consejo de Pueblos K'iche's por la Defensa de la Vida, Madre Naturaleza, Tierra y Territorio, cuyo fin es proteger el patrimonio y los recursos naturales, así como reivindicar los derechos de las mujeres y los pueblos originarios.

El 4 de julio de 2012 asistió a una manifestación pacífica contra el alcalde de Santa Cruz del Quiché, miembro del Partido Patriota. De regreso, su autobús sufrió una emboscada por hombres armados con machetes, cuchillos y bastones. Cuatro mujeres fueron heridas en el que sería el quinto ataque contra su persona, de los que afortunadamente en todos ha conseguido salir ilesa. En 2017 fue amenazada de muerte. Aun con la pesada carga de los continuos ataques sobre sus hombros, Lolita sigue su lucha, por la que fue nominada al Premio Sajarov y recibió el premio Ignacio Ellacuría de cooperación.

Taslima Nasrin - Bangladesh

Una escritora que demanda una política sin religión

El mundo se volvió un lugar hostil para Taslima Nasrin cuando publicó, hace ya casi tres décadas, la novela 'La vergüenza' en su Bangladesh natal. El relato de los sufrimientos de una familia hindú en este país musulmán, provocados por la destrucción de la mezquita de Ayodhya por fanáticos hindúes, enfureció a sus compatriotas. La repulsa resultó tan airada y peligrosa como la que sufrió Salman Rushdie. El Estado condenó la ofensa a la fe, los líderes religiosos convocaron una huelga general y reclamaron la muerte de la autora, y decenas de miles de personas se manifestaron para exigir su inmediato ahorcamiento.

La vida de la escritora, poeta y ginecóloga fue un largo peregrinaje en busca de refugio hasta conseguir un permiso de residencia en Nueva Delhi. Pero, al menos, su causa fue reconocida. Entre otros galardones, posee los premios Simone de Beauvoir o Sajarov, otorgado por el Parlamento Europeo, y el pasaporte de ciudadana universal, concedido por Unesco.

La activista no se ha retractado, a pesar de la presión. Aún sigue demandando una política no basada en la religión como herramienta para conseguir la igualdad, ya que achaca misoginia a todos los credos. También aboga por una sociedad carente de tabúes y, en el caso de la india, provista de un código civil uniforme que no diferencia entre sexos. Sus libros de memorias han sido prohibidos en el país de origen y siguen generando demandas en los tribunales.

Loujain Hathoul - Arabia Saudí

Más de mil días recluida y cinco años sin viajar

Loujain Hathloul es el rostro más famoso de las activistas que luchan por los derechos de la mujer en Arabia Saudí. Detenida desde 2018, Loujain, de 31 años, fue juzgada y condenada en diciembre de 2020 por «servir a una agenda externa al reino usando internet con el fin de perjudicar el sistema público, además de colaborar con un número de personas y entes que cometieron actos criminales de acuerdo con la ley de terrorismo». Tras pasar 1.001 días en prisión volvió a su casa, pero no puede salir del país porque pese sobre ella una prohibición de cinco años de realizar viajes al extranjero y tres de libertad condicional. Tampoco puede hacer declaraciones públicas.

El activismo está perseguido en Arabia Saudí y el caso de Loujain lo llevó un tribunal especializado en antiterrorismo, una decisión criticada por la familia y por Naciones Unidas, que en todo momento mantuvieron que la defensa de los derechos humanos no puede ser considerada terrorismo. «Todos los cambios que vemos no son reformas, son simples cambios para ocultar abusos», fueron las palabras de su hermana, Lina, en una conferencia.

Loujain y otras diez activistas fueron detenidas justo unos días antes de que el príncipe heredero, Mohamed Bin Salman, promulgara una ley que permitía conducir a las mujeres, algo por lo que ellas llevaban años luchando. La propia Loujain fue detenida por primera vez en 2014 cuando trató de cruzar al volante de su coche la frontera desde Emiratos Árabes Unidos. Ese desafío le costó 73 días de cárcel.

Wu Rongrong - China

A prisión por intentar frenar el acoso sexual

Wu Rongrong es una feminista china incansable que lucha por defender los derechos de la mujer. Es miembro de uno de los colectivos feministas más grandes del gigante asiático, conocidos 'Las cinco feministas'. Su activismo le ha puesto contra las cuerdas en varias ocasiones, llegando incluso a ser detenida por las autoridades. A pesar de las vicisitudes, a sus 37 años sigue al frente de un movimiento en favor de las mujeres y sin temor a las consecuencias del régimen chino.

En palabras de Rongrong, «las mujeres se enfrentan a muchas dificultades en su vida, pero muchas de ellas siguen siendo invisibles. Por ejemplo, las sobrevivientes de acoso sexual no sólo sufren un dolor indecible, sino que también carecen de una protección jurídica eficiente. Animar a las víctimas a buscar reparación en lugar de culparlas contribuiría a reducir el acoso sexual». Basada en esa idea, Wu y otras activistas se han movilizado en multitud de ocasiones para hacer frente a esta lacra en China.

El 8 de marzo de 2015, con motivo del Día Internacional de la Mujer, las conocidas como 'Las cinco feministas' repartieron panfletos en autobuses públicos y el metro para concienciar sobre el acoso sexual. El plan no caló y la Policía encarceló a diez activistas por desorden público. Sus detenciones provocaron indignación en la comunidad internacional y el apoyo de personajes relevantes como Hillary Clinton. Aunque quedaron en libertad, estas féminas siguen bajo vigilancia.

Caddy Adzuba - Congo

Denuncia la violación como arma de guerra

Veinte años separan el horror del clamor en la trayectoria de la congoleña Caddy Adzuba. En 1996 era una adolescente perdida en su ciudad natal de Bukavu, separada de su familia, contemplando las penurias de otros que, como ella, huían de la guerra. Dos décadas después, recibía el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia y denunciaba en Oviedo la violación como un arma de guerra. Durante ese periodo tomó conciencia de la terrible situación de los niños y las mujeres en la región de los Grandes Lagos, convertidos en las víctimas vulnerables de un largo conflicto y procelosos intereses económicos.

Ser feminista en cualquier lugar del mundo es una opción que exige convicción y arrestos; en el gigante africano, requiere guardaespaldas. Esta abogada y periodista trabaja en Radio Okapi, una emisora impulsada por Naciones Unidas. En las ondas expresa la condición extrema de aquellas que, no sólo son juzgadas por un sistema patriarcal que las condena a mantener a la familia desde que son niñas, sino que también son violadas por soldados y milicianos, asesinadas o, si sobreviven, repudiadas por los suyos y obligadas a marchar de sus casas.

La activista reclama justicia allí donde resulta más difícil conseguirla porque violentar a las mujeres supone una efectiva manera de amedrentar a las comunidades e, incluso, de romper su cohesión interna. El acoso es el precio que ha pagado por luchar contra el abuso. Adzuba ha sufrido dos intentos de asesinato y recibe protección de los cascos azules.

Nasrin Sotoudeh - Irán

Casi 150 latigazos y 38 años en una cárcel insalubre

El hastag #FreeNasrin recorre las redes sociales fruto de la campaña lanzada por Amnistía Internacional (AI) para pedir la liberación de la abogada y activista pro derechos humanos iraní Nasrin Sotoudeh. «Le han sentenciado a 38 años de cárcel y 148 latigazos por defender de manera pacífica los derechos de las mujeres en Irán», recuerda AI a la hora de explicar el caso de esta abogada detenida y condenada por su trabajo como defensora de féminas que se negaban a acatar las leyes sobre el uso del velo en la república islámica, donde es obligatorio.

Sotoudeh, de 59 años, está casada y es madre de dos hijos. Se volcó en la defensa de los derechos humanos centrándose en las minorías de Irán, activistas, opositores, periodistas y menores condenados a muerte. El régimen no tardó en perseguirla y le encarceló en la prisión de Evín, en Teherán, entre 2010 y 2013 bajo la acusación de «atentar contra la seguridad nacional» y «hacer propaganda contra el sistema».

Cinco años después, volvieron a detenerle y la Justicia iraní le condenó a 38 años de cárcel y 148 latigazos por delitos como espionaje, difusión de propaganda, desacato y avivar la «corrupción y la prostitución». Permanece encerrada en la prisión de Shahr-e Rey, al sur de la capital, «una antigua granja de pollos que alberga a cientos de mujeres condenadas por delitos violentos en condiciones de hacinamiento y falta de higiene». Ya ha realizado dos huelgas de hambre en protesta.

Tawakkul Karman - Yemen

Una vida en peligro contra la opresión y la desigualdad

Tawakkul Karman, de 42 años, es una emblemática luchadora por los derechos de las mujeres en el mundo árabe promoviendo su educación y mostrándose partidaria de leyes que eviten que las niñas menores de 17 años puedan contraer matrimonio. Esta mujer yemení, activista política y periodista, vive en el exilio desde 2015 tras ser amenazada de muerte por ser un ejemplo de lucha contra la opresión y la desigualdad.

En 2005 fundó el grupo 'Mujeres periodistas sin cadenas' y, en 2011, se convirtió en el rostro internacional de los levantamientos yemeníes, que fueron parte de la Primavera Árabe. Por ello ha recibido las denominaciones de 'Mujer de Hierro' y 'Madre de la Revolución'. En una protesta en 2010 una mujer intentó acuchillarla con una daga pero sus seguidores lograron detener el ataque. Tanto ella como su familia han recibido amenazas, aunque no fueron un obstáculo para seguir al frente de las desigualdades.

Su lucha continua le llevó a ganar el Premio Nobel de la Paz en 2011 por ser una figura relevante en la primavera árabe. Así se convirtió en la primera yemení, mujer árabe, segunda fémina musulmana y la segunda más joven en alzarse con este galardón. «Lo dedico a todos los yemeníes que prefirieron hacer una revolución pacífica enfrentando a los francotiradores con flores. Es para las mujeres yemeníes, para los protestantes pacíficos en Túnez, Egipto y todo el mundo árabe», manifestó Karman, quien aseguró que su premio fue «una victoria para la revolución».