Cientos de blindados rusos fueron destruidos en el asedio a la región de Kiev, lo que obligó al repliegue del Ejército invasor para centrarse en el Dombás. / r. pilipey / efe

La fatiga de la guerra amenaza a Ucrania

Kiev teme que Occidente esté perdiendo interés en el conflicto después de cuatro meses, la crisis enquistada en el Dombás y el alza general de los precios

DIANA MARTÍNEZ

'Aumentan las tensiones en el Este'; 'Putin invade Ucrania'; 'Moscú bombardea la capital ucraniana'; 'Miles de civiles mueren tras un ataque aéreo ruso'. Titulares como estos han colmado los informativos y las portadas de los periódicos desde el pasado 24 de febrero, cuando el Kremlin comenzó una guerra a gran escala en su país vecino. Nada comparado a los continuos enfrentamientos que se daban en la región del Dombás desde ocho años antes, cuando Moscú alentó el levantamiento prorruso tras anexionarse la península de Crimea. La invasión ha formado parte del día a día de las naciones occidentales desde febrero pero, pasados cuatro meses, el interés parece decaer.

El espacio que ocupa el conflicto en los medios de comunicación y el debate social internacional es aún muy importante, enorme incluso en consonancia con la inmensa tragedia humana que significa, pero no aparenta ser la misma conmoción que desencadenaron el asedio a Kiev, los primeros días de éxodo masivo de refugiados o el descubrimiento de las matanzas y torturas de Bucha. Los europeos, según las encuestas, comienzan a centrarse más en sus preocupaciones cotidianas y les duele especialmente el alza generalizada del coste de la vida.

El mayor impacto de la guerra se da en la propia Ucrania, con la pérdida de miles de vidas, casi siete millones de exiliados y ciudades arrasadas cuya restauración costará 600.000 millones de euros. Pero Occidente también siente las consecuencias indirectas, sobre todo con los precios de los alimentos o el combustible disparados, que los gobernantes justifican por la crisis ucraniana.

La pérdida de interés es uno de los mayores miedos del presidente ucraniano, Volodímir Zelenski. «Nuestra tarea es que el mundo no se canse de la guerra», advirtió a finales del pasado mes de mayo ante el Foro Económico Mundial en Davos. Una tarea complicada, sobre todo ahora que la contienda ha regresado casi a su punto de origen: el Dombás, donde los enfrentamientos entre prorrusos y ucranianos han sido continuos desde 2014.

Volodímir Zelenski

«Si en la capital, que fue bloqueada, se olvidan muy rápido de lo ocurrido, los demás lo harán antes»

Pero, a diferencia de la repercusión que ha tenido la invasión desde finales de febrero, la guerra de los últimos ocho años en la región fronteriza con Rusia apenas se percibió en la comunidad internacional. Y eso que causó 15.000 muertes. La diferencia era que entonces se luchaba por un 5% del territorio de Ucrania y ahora se trata de la resistencia de un país que ha sido avasallado y arrasado sin piedad alguna. Una lucha por la justicia y la democracia, en palabras de líderes como el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, o la dirigente de la UE, Ursula Von der Leyen.

Algunos analistas creen que este último giro de la guerra, concentrada en el Dombás, pueda conducir a que se perciba de nuevo por una parte de la sociedad como un conflicto interno y político que requiere un diálogo urgente. Según una encuesta del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, realizada por la consultora YouGov y la firma de investigación Datapraxis, «la opinión pública europea está cambiando». Mientras las economías mundiales aún se están recuperando de la pandemia, la guerra del Este ha repercutido duramente en ellas.

Gran división

La gran división entre las 8.000 personas de diez países (Polonia, Rumanía, Francia, Alemania, Italia, Portugal, España, Finlandia, Suecia y Reino Unido) a quienes se les ha preguntado por el paradigma actual de la guerra está entre aquellos que quieren poner fin al conflicto armado lo antes posible y los que prefieren que Ucrania siga luchando hasta que Rusia sea derrotada. Un objetivo que parece cada vez más utópico a la vista de la pérdida territorial que sufre el Ejército ucraniano. En general, los europeos no dudan sobre de qué lado estar. Quieren que Ucrania prevalezca y están dispuestos a ayudar al país. No obstante, desean que todo termine pronto.

El 35% de los encuestados se decanta por un final de la guerra lo antes posible, incluso si eso significa que Ucrania tenga que hacer concesiones. El 25%, por su parte, mantiene que castigar a Moscú y restaurar la integridad territorial del país invadido debe tener prioridad sobre las demandas de la paz. Del primer grupo, además, el 50% opina que su Gobierno dedica demasiada atención al conflicto. En el caso del segundo colectivo, el 52% asegura que se le ha prestado un interés normal, frente al 38% que afirma que ha sido demasiado. El resto de votantes piensan que la comunidad mundial le dispensa mucha atención a la crisis ucraniana.

Geográficamente, la preferencia por atajar cuanto antes el conflicto es más fuerte en Italia (52%) y Alemania (49%). También son dos de los países donde la ciudadanía muestra públicamente un mayor hartazgo por la inflación. Los datos reflejados en este informe destacan que pronto podría surgir además una «fatiga de la solidaridad». En Polonia y Rumanía -dos de los países más cercanos al territorio enfrentado- un volumen superior al 50% de los encuestados afirma que sus gobiernos se han enfocado demasiado en el conflicto a expensas de otros problemas apremiantes en cada nación.

Se trata de una prueba de que «la unidad en Europa está disminuyendo un poco con la invasión rusa. Existe este tipo de fatiga y hasta algunos países están cada vez menos dispuestos a continuar con las sanciones», indica Matteo Villa, analista del grupo de expertos ISPI en Milán.

Ante esta situación, el primer ministro británico, Boris Johnson, declaró esta semana que es fundamental mantener el apoyo a Kiev tras cuatro meses de enfrentamientos. Reino Unido es uno de los países que más tiran del carro del respaldo a Ucrania y se ha convertido de hecho en la nación europea que mayores aportaciones en armas y capital han realizado. «La preocupación que tenemos es que un poco de fatiga de Ucrania está comenzando a aparecer en todo el mundo», manifestó el líder conservador, quien agregó que «es muy importante demostrar que estamos con ellos a largo plazo».

Encuestas

Crece el número de europeos a favor de que se negocie pronto el final de la contienda

Su filosofía es compartida en líneas generales por el presidente estadounidense, Joe Biden, aunque varios sondeos indiquen que la mitad de los estadounidenses se decanta por buscar una solución rápida a la crisis bélica y es reacio a las estrategias de mantener la guerra de desgaste con Rusia de modo indefinido. El espacio 'online' que ocupa Ucrania también ha descendido. Según la web Axios, las interacciones en las redes sociales relacionadas con la invasión se han reducido considerablemente, de 109 millones a 4,8 en apenas dos meses.

Estrategia

Aunque le inquiete que la gente «se harte» y «busque algo nuevo», Zelenski sabe que es inevitable. «Habrá una disminución en el interés por la guerra porque hay muchos problemas diferentes en el mundo además de Ucrania», dice el presidente ucraniano, antes de señalar que es necesario pensar bien la estrategia siguiente para que «este maratón diario continúe». Entre las opciones está aumentar sus apariciones públicas, aunque sean mediante videoconferencias y discursos grabados que se reparten en los foros y parlamentos de medio mundo. Esta misma semana entrante Zelenski mantendrá un encuentro telemático con los líderes de la OTAN reunidos en Madrid.

Al líder ucraniano le preocupa además el sentimiento interno de quienes creen en su país que la confrontación con Rusia está muy lejos de acabar. Hace unos días se dirigió a sus propios conciudadanos y a los jefes territoriales para instarles a que todos trabajen en la defensa de Ucrania y lamentó que los núcleos alejados del Dombás, y que ahora viven en paz, ya piensen en la reconstrucción y recuperar la normalidad lo antes posible. «No quiero ser crítico, pero la situación existe. Y si en nuestra capital, Kiev, que solía estar ocupada y bloqueada, la gente se olvida muy rápido porque quiere seguir viviendo», en el resto del mundo «todo será olvidado con mayor celeridad».