Rusia y EE UU se enzarzan por el sabotaje del gasoducto Nord Stream durante la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU

Los expertos no tienen claro si fue un accidente porque las explosiones fueron tan fuertes que incluso se registraron en la escala Richter de movimientos sísmicos

MERCEDES GALLEGO

¿Quién voló los gaseoductos de la Corriente Norte? Cualquier detective privado empezaría buscando quién se beneficiaría más del sabotaje de Nord Stream 1 y Nord Stream 2, pensadas para suplir con gas ruso a 52 millones de hogares europeos, o un cuarto de las necesidades de la EU. Lo que los expertos tienen claro es que no fue un accidente, porque las explosiones en ambos, a muchos kilómetros de distancia, fueron tan fuertes que incluso se registraron en la escala Richter de movimientos sísmicos. Y es precisamente ahí donde se enzarzaron Rusia y EEUU ayer, durante la reunión que celebró en Nueva York el Consejo de Seguridad de la ONU para dilucidarlo.

«Las explosiones son el último episodio de una larga y duradera confrontación geopolítica entre EEUU y Rusia, donde la energía y la infraestructura se han convertido en el centro y transformado en armas», concluyó Marc-Antoine Eyl Mazzega, director del Centro de Energía y Clima en el Instituto Francés Ilfri para las Relaciones Internacionales.

Ninguno de los tres gaseoductos estaba operativo en el momento de las explosiones registradas el pasado lunes, pero contenían 800 millones de metros cúbicos de gas natural que ha escapado a la superficie por cuatro fugas. Por ellas se han escapado también las pocas esperanzas que había de controlar el mercado energético europeo este invierno.

Rusia, cuya empresa estatal Gazprom construyó las instalaciones bajo el Mar del Báltico junto a sus socios europeos para saltarse a Ucrania, acusa a EEUU de haberlas volado «porque no tenía suficiente con las sanciones», espetó el embajador Vassily Nebenzia. Su contraparte estadounidense lo negó «categóricamente». ¿Qué tendrían ellos que ganar, cuando precisamente intentan ayudar a los aliados europeos a dejar de depender del petróleo ruso? Muy fácil, «las empresas estadounidenses de gas líquido deben de estar frotándose las manos», acusó Nebenzia. Es posible, pero a diferencia de lo que ocurre con Gazprom, la primera empresa privada sobre la que Valdimir Putin puso los ojos para nacionalizar el 50% y poner la otra mitad en manos de sus oligarcas, en la cuna del capitalismo los intereses de las grandes empresas energéticas no siempre coinciden con los de Washington.

Misterio sin resolver

«Básicamente Europa ha sido privada indefinidamente de una ruta clave para el transporte de un recurso energético crucial», lamentó el embajador ruso, antes de recordar que Rusia y Gazprom habían invertido «enormes cantidades de dinero y esfuerzos» para su construcción porque es el camino más corto y seguro para llevar el gas ruso a consumidores europeos. «¿Debemos esperar que digan que después de bombardear masoquistamente la planta nuclear en la que estábamos nosotros mismos ahora hemos comenzado a detonar nuestros propios gaseoductos?», preguntó irónico. «Lo que está claro es que un acto de sabotaje de esta complejidad y escala está muy por encima de la capacidad de terroristas ordinarios», zanjó.

La respuesta de quién voló Nord Stream no se ha podido contestar, porque ni siquiera se pueden evaluar los daños hasta que salga todo el gas que podría explotar en caso de mandar buzos a las profundidades del Mar Báltico. Lo que si se sabe es que desestabilizará aún más el mercado energético europeo, acelerará la búsqueda de energías alternativas y provocará serios daños medioambientales al Mar Báltico, como confirmaron Dinamarca y Suecia en sus cartas de preocupación al Consejo de Seguridad. Aún peor, advirtió atribulado Navid Hanif, asistente del secretario general de la ONU para el Desarrollo Económico: La descarga de cientos de millones de metros cúbicos de gas a la atmósfera podría resultar en miles de toneladas de emisiones de metano a lo largo de los próximos 20 años, que podría equivaler a 80 veces más la potencia de calentamiento del planeta que tiene el carbón de dióxido, y como 30 veces más a lo largo de cien años. Una incógnita todavía más inquietante que la identidad de los saboteadores, porque todavía no es posible evaluar cuánto metano se escapará a la atmósfera.