El centro comercial en llamas. /afp

El centro comercial en llamas. / afp

Al menos 18 muertos al bombardear Rusia un centro comercial con más de 1.000 clientes

Kiev tipifica el ataque como un «crimen de guerra» mientras el Kremlin asegura que su objetivo fue un depósito de municiones cercano y que el fuego se extendió al establecimiento, que estaba «cerrado»

ANJE RIBERA

La Fiscalía de Ucrania y los forenses internacionales que investigan los crímenes de guerra cometidos durante la contienda tienen desde ayer un nuevo caso sobre su mesa. El Gobierno de Kiev denunció un bombardeo con misiles contra un centro comercial en el que hacían sus compras más de un millar de clientes. El propio presidente, Volodímir Zelenski, vaticinó en sus redes sociales «un número de víctimas imposible de imaginar», aunque anoche, cuando todavía el fuego seguía consumiendo las instalaciones, solo se habían podido recuperar 18 cadáveres y evacuado hacia centros sanitarios a 59 heridos, muchos de ellos en estado crítico. Había además unos cuarenta desaparecidos, por lo que la cifra de víctimas puede ser mayor.

Rusia ha desmentido, casi veinte horas después del ataque, que éste fuera dirigido hacia un centro comercial. Según un comunicado oficial del Ejército, su fuerza aérea tuvo como objetivo un depósito de armas donde se almacenaban municiones enviadas por Occidente, pero la explosión de los misiles produjo otras detonaciones que alcanzaron las galerías comerciales. El Kremlin asegura que las instalaciones se encontraban abandonadas, al contrario de lo que sostienen las autoridades ucranianas y confirma el elevado número de víctimas causada por el bombardeo. «Armas y municiones concentradas para ser enviadas a un grupo ucraniano en el Donbás fueron alcanzadas, y la detonación de estas municiones provocó un incendio en un centro comercial cercano que no funcionaba», argumenta el Ministerio de Defensa ruso.

Sin embargo, su versión ha sido rebatida por la fiscal general ucraniana Irina Venediktova, que afirma haber encontrado indicios suficientes para elevar la masacre a la Corte Penal Internacional, tipificada como un «crimen de guerra» al tratarse de un ataque dirigido contra la población civil. «Han llegado expertos que ya trabajan para nosotros», ha anunciado Vnediktova, convencida de que en breve podrá enviar el informe al tribunal. De hecho, el servicio de Inteligencia ha revelado que dispone ya de la identidad de la unidad aérea responsable del bombardeo e incluso de los tripulantes del TU-22 que lanzaron los misiles.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha animado a la urgente judicialización de este «golpe brutal de Rusia a la población civil. Debemos llevar a sus responsables ante la Justicia», ha dicho, al mismo tiempo que el G7 ha difundido una declaración donde asevera que «los ataques indiscriminados contra civiles inocentes constituyen un crimen de guerra». Entre las autoridades ucranianas han causado especial indignación los rumores difundidos por diferentes políticos y gestores de redes sociales rusas, según los cuales, el centro comercial estaba cerrado y las víctimas mortales son «ficticias» o «fueron arrojadas allí en forma de cuerpos preconservados».

La enésima tragedia que acoge Ucrania desde que el pasado 24 de febrero Rusia violó sus fronteras tuvo lugar en una zona inicialmente apartada del frente bélico. Kremenchuk, una ciudad industrial de poco más de 200.000 habitantes ubicada en la región de Poltava, en el centro del país, vivía el conflicto con cierta tranquilidad hasta que hacia las 15.30 horas de ayer dos misiles X-22 lanzados desde un bombardero de largo alcance Tu-22 M3 impactaron sobre las instalaciones de una gran superficie muy popular en la zona y a esas horas repleta de consumidores.

La sorpresa inicial dio paso al caos a medida que las llamas se adueñaban del recinto mientras que sus ocupantes trataban de huir de forma desorganizada. Las unidades de auxilio no llegaron hasta media hora más tarde, según confirmó el jefe de la administración militar regional, Dmitry Lunin. Él fue el primero en calcular la dimensión del drama, al hablar de un número alto de víctimas.

Hora y media más tarde Zelenski utilizó sus redes sociales para realizar un balance más pesimista al hablar de un escenario infernal en el complejo de tiendas Amstor, al tiempo que difundió imágenes del establecimiento envuelto por un gran incendio del que se elevaban grandes columnas de humo para escenificar el nivel de la destrucción. Acusó de inmediato a Moscú de atacar un enclave sin interés militar de ningún tipo, donde cientos de personas intentaban llevar «una vida normal» al margen del conflicto que arrasa el país desde hace más de cuatro meses. A petición de Kiev, el Consejo de Seguridad de la ONU anunció anoche que hoy se reunirá para analizar los últimos ataques contra civiles.

Falta de sangre

Pasaron varias horas más, ya cuando el sol se ocultaba, hasta tener los primeros datos oficiales. Al menos 18 cadáveres habían sido recuperados y 59 personas fueron rescatadas heridas. Las autoridades sanitarias hicieron un llamamiento para que se donara sangre con celeridad para socorrer a los casos más urgentes.

Los siguientes comunicados fueron anunciados para esta tarde, cuando se espera que puedan ser revisados los escombros una vez que las llamas hayan desaparecido. La labor de 130 trabajadores de los servicios de emergencia y de veinte vehículos llegados desde Cherkasi, Kirovohrad y Kiev se preveía que diera fruto durante la madrugada, en la que se esperaba vivir una «situación difícil», según predijo Lunin en declaraciones recogidas por la televisión ucraniana Kolo. «La Policía, la Guardia Nacional y el Ejército se encargaban las labores de rescate» en un inmueble de 10.300 metros cuadrados.

En opinión de Lunin, el ataque ruso no tenía «otro objeto que aterrorizar a los ucranianos». «Es un lugar civil al que ciudadanos pacíficos vienen a comprar. ¡Está cada vez más claro que el objetivo de Rusia es el genocidio de los ucranianos!», manifestó.

Las Fuerzas Aéreas de Ucrania informaron de que el avión que realizó el bombardeo partió de la base de Shaikivka, en la región de Kursk. Utilizó misiles diseñados en los tiempos de la Unión Soviética, a principios de la década de 1950. Al ser un armamento desfasado tiene un margen de error de un kilómetro. «Podría haber impactado en cualquier parte», como aclaró el estudioso militar Mijailo Samus en declaraciones a Radio Liberty. Por este motivo, se considera que la utilización de este tipo de proyectiles «es terrorismo». «No está diseñado para impactar en un objetivo concreto. Su uso en ciudades y zonas residenciales supone un simple deseo de matar gente», reprochó.

El asesor del jefe del Ministerio del Interior ucraniano, Vadim Denisenko, por su parte, dijo haber detectado un cambio de táctica en el Ejército ruso al optar por ataques más duros contra ciudades por medio de misiles lanzados por la aviación. «Ahora han comenzado a utilizar al mismo tiempo decenas de proyectiles, hasta 20», manifestó. Su teoría se vio confirmada anoche, cuando se tuvo conocimiento de que otro bombardeo ruso había dejado 8 muertos y 21 heridos en la ciudad de Lysychansk.