La primera ministra británica, Liz Truss, en el Empire State Building, en Nueva York. / REUTERS

El Reino Unido enviará en 2023 otros 2.600 millones de euros en ayuda militar a Ucrania

Truss desmonta la amenaza de Biden sobre el Protocolo irlandés, antes de verse con él, Macron y Von der Leyen

IÑIGO GURRUCHAGA Londres

La primera ministra británica, Liz Truss, confirmará en la Asamblea General de Naciones Unidas que su Gobierno mantendrá en 2023 la ayuda a Ucrania que ha presupuestado este año, unos 2.600 millones de euros. Según Downing Street, el Reino Unido es el segundo donante al Ejecutivo de Kiev, solo por detrás de Estados Unidos.

Tras diez días de ralentización de la política por el fallecimiento de Isabel II y dos meses de campaña electoral entre los miembros del Partido Conservador para elegir a la sucesora de Boris Johnson, Truss reactivó su promesa de iniciar su mandato con una proliferación de medidas urgentes. Lo señaló en una conversación con los periodistas que la acompañaban en el avión a Nueva York.

Según la información del 'Financial Times', la pasada semana el Ejército británico organizó la mayor operación de transporte de munición por carretera desde la Segunda Guerra Mundial. El destino era el frente de las tropas ucranianas en el este del país. Truss ya había prometido durante su campaña para el liderazgo que mantendría el apoyo a Kiev que inició Johnson.

El balance de la ayuda militar británica desde 2015, un año después de la invasión de Rusia a Crimea, suma el adiestramiento de 27.000 militares ucranianos, cientos de misiles, cinco sistemas de defensa aérea, 120 vehículos blindados y otro equipamiento. Truss se entrevistará en Nueva York con la delegación de Kiev en la Asamblea, que debatirá la situación en Ucrania.

La líder británica afirmó que su país «no puede poner en peligro su seguridad para tener energía barata». «Es el error que cometió todo el mundo occidental tras la guerra», añadió. «Nos hemos hecho dependientes de regímenes autoritarios, no sólo para el suministro de energía, sino también para minerales críticos y otros bienes».

Biden desarmado

La reanudación de la política administrativa es breve. El viernes, el Parlamento vuelve a cerrar sus puertas. Con un Ejecutivo interino por la dimisión de Johnson, suspendió sus sesiones el 21 de julio hasta el 5 de septiembre. El 8 falleció la reina y volvió a cerrarse. Abre sus puertas mañana y el viernes las cierra hasta el 11 de octubre, porque se celebran las conferencias anuales de los partidos.

Miércoles, plan sobre precios de energía. Jueves, plan para la crisis de la sanidad pública. Viernes, minipresupuesto. La agenda de Truss es apretada y justificaría la eliminación de trámites habituales. El anuncio del presupuesto suele ser acompañado de la evaluación de su impacto en las finanzas públicas por un ente independiente. Esta vez, no habrá evaluación. Voces parlamentarias la están exigiendo.

Tras aplazarse el encuentro entre Truss y el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante las exequias de la reina, la británica ha anunciado que no hay perspectiva de firmar un tratado comercial con Washington en el corto o medio plazo. La especulación 'brexiter' era que la multiplicación del comercio transatlántico compensaría la pérdida de mercados comunitarios, aunque informes oficiales estiman que el aumento de PIB por el tratado sería del 0,2%, mientras la pérdida por crear barreras al comercio con la UE sería del 4%.

Truss negoció el tratado con los americanos cuando era ministra de Comercio Internacional y ahora lo abandona. Se entrevistará en Nueva York con Emmanuel Macron, Von der Leyen y Biden. El Protocolo irlandés será debatido. Los demócratas han amenazado con no hablar del tratado comercial si Londres no negocia con la UE sobre Irlanda del Norte. Ya sin armas, Biden ha dicho este martes que está «harto de 'trickle-down economics', nunca funciona». Es la definición anglosajona del afán central de Truss, eliminar regulaciones y reducir impuestos para fomentar crecimiento.