Putin, durante una reunión en su residencia de Novo-Ogaryovo con varias madres de soldados caídos en el frente de Ucrania. / AFP

Putin incrementa su seguridad por miedo a ser asesinado por el fracaso de la invasión

Los servicios de Inteligencia occidentales revelan que el líder ruso tiene probadores de comida y que duerme en búnkeres subterráneos

ANJE RIBERA

Los delirios imperialistas de Vladímir Putin le llevaron a invadir Ucrania y a involucrar a Rusia en una guerra fratricida. Era febrero y se sentía invencible de moral y borracho de sangre. Ahora, nueve meses y muchas derrotas después, comienza a descubrir el significado del miedo al verse atrapado en una espiral sin marcha atrás y, todo parece, condenada a fracaso. Según fuentes de su entorno a las que han tenido acceso los servicios de Inteligencia británicos, el presidente sospecha que ha perdido el dominio de la situación y que su liderazgo ya no es absoluto. Comienzan a surgir críticas a su política y su doctrina ya no es incuestionable. Ha quedado patente en varias reuniones del Estado Mayor del Kremlin e incluso en público, como ocurrió el pasado miércoles en Ereván durante la reunión del grupo militar que Rusia conforma con otras repúblicas exsoviéticas, donde el presidente de Armenia, Nikol Pashinián, se negó incluso a firmar la declaración final.

La derrota no es una opción para ningún líder incuestionable. Quien lleva a su pueblo a la guerra luego perdida no tiene derecho al perdón en la historia de Rusia y Putin lo sabe. Según las fuentes británicas, el líder ruso incluso teme por su vida. Si la invasión se salda con derrota, significará su final. Una vía para derrocarlo sería un golpe militar por parte de la élite del Ejército, descontenta después de la destitución de ocho generales por no lograr en Ucrania los objetivos deseados tan rápido como se esperaba inicialmente.

El exagente de la extinta KGB, de 70 años, tiene cada noche la misma pesadilla: no llegar a cumplir los 71. Por ello en los últimos meses ha adoptado una dinámica de seguridad personal sin precedentes hasta ahora en el Kremlin por temor a una traición de uno de los suyos, aquellos de su entorno más cercano. Desde personal para degustar los alimentos antes de que él se anime a dar el primer bocado a dormir cada noche en un búnker distinto.

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El pánico a ser envenenado atenaza a Putin. Quizá porque esta técnica de eliminación es una de las que domina con mayor destreza el KGB, como lo pudieron comprobar algunos de sus opositores como Alexander Litvinenko, contaminado con polonio-210 en Londres en 2006, o Alekséi Navalni, que consiguió salvarse gracias la intervención de Alemana.

El personal de cocina es constantemente investigado y controlado por el servicio de seguridad y Putin incluso viaja con su propios salero, servilleta, cubiertos y vasos.

Dobles

La obsesión por su propia seguridad y la gran desconfianza que tiene por los que le rodean le lleva también a utilizar dobles ante el temor que tiene a ser asesinado. A la hora de dormir las precauciones incluso son mayores. Según la Inteligencia de Londres, casi desde los primeros días de la invasión a gran escala de Ucrania, el líder de la Federación Rusa utiliza hasta cinco búnkeres subterráneos para descansar.

El principal está situado debajo del Kremlin de Moscú. Fue construido durante la Guerra Fría y descubierto por el espionaje estadounidense hace varias décadas. Desde entonces su infraestructura ha mejorado constantemente y se ha fortalecido la protección antinuclear.

Además, según Washington, existe otra fortificación de similar resistencia en la capital, ubicada cerca de la Universidad Estatal Mikhail Lomonosov. Ambas contarían con suministro de alimentos, agua y medicamentos para meses. El funcionamiento autónomo de los sistemas de soporte vital también está garantizado. Las dos instalaciones están conectadas por un sistema de ferrocarril subterráneo con diferentes ramificaciones.

Otro refugio subterráneo de seguridad se ubicaría en la residencia estatal Novo-Ogaryovo, donde Putin ha vivido la mayor parte del tiempo durante los veintidós años que lleva en el poder.