El excanciller Gerhard Schröder. / afp

El excanciller Gerhard Schröder pierde sus privilegios por apoyar a Rusia

El político socialdemócrata se niega a renunciar a sus altos cargos en consorcios rusos

JUAN CARLOS BARRENA Berlín

El excanciller federal Gerhard Schröder ha perdido hoy una buena parte de sus privilegios y derechos extraordinarios como antiguo jefe del gobierno alemán por sus criticados y polémicos estrechos contactos profesionales y personales con Rusia, donde sigue siendo presidente del consejo de control del consorcio energético Rosneft, a la vez que de la sociedad que gestiona el gasoducto ruso-alemán Nord Stream AG pese a la invasión de Ucrania por orden del Kremlin. La Comisión Presupuestaria del Bundestag, el parlamento federal, acordó retirar los fondos que financian una oficina para el antiguo líder socialdemócrata, personal de oficina y chófer. Schröder seguirá, sin embargo, contando con escolta y no sufrirá recortes en su generosa pensión como antiguo diputado del Bundestag y antiguo jefe del gobierno alemán entre 1998 y 2005.

La decisión fue tomada por amplia mayoría con los votos del tripartito gobernante de socialdemócratas (SPD), verdes y liberales (FDP), pero también de la oposición conservadora, ya que cristianodemócratas (CDU) y socialcristianos bávaros secundaron la propuesta. La oficina pública del exmandatario queda así formalmente cerrada. El pasado año los costes de personal y viajes de los colaboradores del canciller federal emérito se elevaron a 419.000 euros. Hay que añadir el gasto inmobiliario, de mobiliario y material de la oficina, que no han sido detallados. Hasta ahora todos los excancilleres contaban de por vida con esos privilegios, que conserva únicamente en estos momentos la conservadora Angela Merkel. La propuesta presentada por el tripartito de gobierno para sancionar económicamente a Schröder no hace referencia en ningún momento a sus controvertidos contactos rusos.

Aunque estos son el motivo, el recorte de los privilegios del excanciller fue justificado por su falta de compromisos al servicio del estado. Desde ahora, la dotación de una oficina privilegiada y el personal para su gestión de los antiguos jefes del gobierno federal dependerá del cumplimiento de sus obligaciones como emérito. «La Comisión Presupuestaria exige del gobierno federal que se asegure de que la dotación económica de la función de excanciller federal se deduzca de su continuado compromiso con el cargo y no por su estatus», señala el documento aprobado por los diputados. Los partidos conservadores exigían además un recorte de su pensión, rechazado por el tripartito por su más que dudosa constitucionalidad.

El despacho de Schröder en Berlín contaba hasta principios de año con cuatro colaboradores, aunque todos ellos dimitieron y pidieron el traslado a otras oficinas públicas al comienzo de la guerra de Ucrania y tras condenar públicamente la cercanía del que hasta hace poco era su jefe al presidente ruso, Vladimir Putin. Schröder y Putin mantienen una estrecha amistad personal desde hace más de 20 años. El excanciller federal no ha condenado hasta ahora claramente la invasión de Ucrania y tampoco ha renunciado a ninguno de sus altos cargos en empresas rusas. Algo que lleva exigiendo el SPD de su incómodo afiliado desde finales de febrero. La copresidenta de los socialdemócratas, Saskia Esken, ha llegado a demandar que Schröder entre su carné del partido.

Desde entonces se encuentra abierto en el seno del partido político más antiguo de Alemania el procedimiento para su posible expulsión. El político socialdemócrata será castigado también por el Parlamento Europeo, donde se perfila la formación de una mayoría que propone incluir a Gerhard Schröder en la lista de personas sancionadas por la Unión Europea por apoyar a Rusia. Una iniciativa que apoyan los cuatro grandes grupos parlamentarios en la cámara de Estrasburgo: conservadores, socialdemócratas, verdes y liberales. En el caso de que la propuesta sea aprobada el patrimonio de Schröder en territorio de la Unión Europea podría ser congelado.