El cannabis, un debate para aliviar penas en Alemania

El Gobierno quiere «regularizar» consumo, venta y cultivo y ahogar el mercado negro con la ley más «liberalizadora» de Europa

JOANA SERRA Berlín

La victoria electoral de Olaf Scholz sobre el bloque conservador llevó hace un año a la formación de un tripartito inédito en Alemania entre socialdemócratas, verdes y liberales. Se respiraba aire de liberación, tras los 16 años en el poder de la conservadora Angela Merkel. Los verdes Robert Habeck y Annalena Baerbock -ahora ministros de Economía y de Exteriores, respectivamente- representaban ese aire nuevo; el liberal Christian Lindner parecía feliz de colocarse al frente de Finanzas, y Scholz representaba, de alguna manera, un continuismo tranquilizador, tras haber sido vicecanciller en la última gran coalición liderada por Merkel.

El pacto de coalición que acabaron suscribiendo los tres socios, el 7 de diciembre de 2021, incluía la legalización del cannabis. Al frente de Sanidad colocó Scholz a un doctor en Medicina, Karl Lauterbach, una de las opiniones más escuchadas en los momentos álgidos de la covid y defensor de la línea de la máxima cautela. En el pasado había sido contrario a legalizar el cannabis y alertado de los males que puede ocasionar su consumo en adolescentes, incluso niños. Con el tiempo había cambiado de opinión.

Poco se respira ahora de ese aire liberador, dinamismo o alivio. La guerra de Ucrania cayó sobre Europa hace ya ocho meses. La crisis energética se hizo realidad en un país que ha tenido que reducir aceleradamente su altísima dependencia de Rusia, al ciudadano le preocupa si tendrá gas suficiente para el invierno, los pedidos industriales caen, la recesión asoma y el canciller Scholz parece emprender la vía del aislamiento respecto a Francia. En lugar de cohesión, rechina el eje franco-alemán, puntal europeo.

En ese contexto de pesimismo, inimaginable hacer un año, el médico y ministro de Sanidad Lauterbach recuperó el capítulo del pacto de coalición relativo al cannabis. «La dosis es lo que le convierte en veneno», aseveró al presentar las líneas maestras de lo que, si logra el consentimiento previo de Bruselas, será el proyecto de ley más «liberalizador» de Europa. Más que el de Países Bajos, basado más en la tolerancia o despenalización.

Más que en España, que se apresta a legalizar el cannabis con fines medicinales (lo que en Alemania ya es una realidad). Quedará autorizado el consumo y posesión de hasta 30 gramos, el cultivo asimismo privado de unas tres plantas y la venta en establecimientos autorizados a ello. El término empleado por el ministro no es «despenalizar» sino «regularizar» su consumo, venta y cultivo para ahogar el mercado negro, la fuente suministradora actual para esos niños o adolescentes a los que Lauterbach dice querer preservar de la adicción.

El conservador y católico estado de Baviera se ha echado las manos a la cabeza y recordado los argumentos que Lauterbach, como médico, defendió en contra de esa legalización. El gremio de farmacéuticos protesta con argumentos parecidos y argumenta que el alcohol y el tabaco ya entrañan suficientes problemas en la salud de los menores.

El filtro de la UE

«Una legalización completa vulnerará las normativas europeas», advertía desde el semanario 'Der Spiegel' Milena Hassenkamp, experta jurista. Lauterbach advirtió precisamente al presentar sus líneas maestras (ya aprobadas por el Consejo de Ministros) que no llevará al trámite parlamentario un proyecto de ley que no tenga una «recepción positiva» previa en la Comisión Europea.

En enero entablará negociaciones «intensas» con las autoridades de Bruselas. Si recibe el visto bueno, habrá proyecto de ley a lo largo del primer trimestre de 2023. No hay un Plan B a ese proceso, insistió el ministro. Que nadie se precipite: la legalización, de producirse, será en 2024. Deberá haber superado primero un proceso regulador largo y complejo. Hasta entonces, la Alemania que apunta a la recesión y que ya no ve ni a Scholz ni a su ilusionado tripartito como hace un año tendrá abierto un debate no relacionado con el gas, con la guerra ni con la inflación.