Un niño transporta a su hermano pequeño en un carrito de compra por una de las calles de la asediada Mariúpol. / A. Ermochenko / Reuters

El Ejército ruso apunta hacia los civiles

Las masacres contra la población se repiten cada día y han causado que diez millones de ucranianos se hayan visto obligados a huir de sus hogares

ANJE RIBERA

Lo adelantaron los servicios de Inteligencia británicos el sábado y veinticuatro horas después lo confirmaron la infantería y la aviación rusas. Los civiles también se han convertido en objetivo de guerra en un cambio de táctica de Vladímir Putin para acelerar la invasión, estancada en las ciudades del sudeste y aún lejos de alcanzar la toma de Kiev. Las masacres contra la población se repiten cada día, convirtiéndose ya en habituales. El Kremlin ni siquiera se molesta ya en desmentir estas acciones bélicas insensibles que golpean zonas residenciales o instalaciones que sirven de refugio a quienes el terror ha obligado a abandonar sus hogares. Ni siquiera se respetan las peticiones de auxilio de los que ya no pueden más.

La disputada región de Lugansk se convirtió este domingo en el escenario más negro. Autoridades locales responsabilizaron a Rusia de la muerte de 56 personas por el impacto de un proyectil contra una residencia de ancianos en la localidad de Kreminna, cuando un tanque ruso atacó «de manera cínica y deliberada». «Simplemente se pusieron frente a la casa y comenzaron a disparar», pormenorizó el jefe de la administración cívico-militar de Lugansk, Serhi Gaidai, quien denunció además que quince supervivientes fueron «secuestrados por las fuerzas de ocupación» y trasladados al municipio de Svatove.

La zona de las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk acogió al menos 32 bombardeos en las últimas horas. Dejaron una veintena de civiles heridos, según un comunicado recogido por la agencia rusa TASS.

La primavera tampoco llegó este domingo a la asediada Mariúpol como lo hizo al resto del mundo. Rusia está empeñada en convertir la ciudad portuaria del mar de Azov en una nueva Sarajevo y sobre ella descarga todo su potencial sin discriminar blancos. Está dispuesta a no dejar un edificio en pie, hasta el punto de que sus proyectiles pusieron el punto de mira en una escuela de arte que albergaba a cuatrocientas personas, según denunció el Ayuntamiento sin especificar la suerte de quienes allí se encontraban. Sin embargo, algunos funcionarios locales describían un edificio destruido y mujeres, niños y ancianos atrapados bajo sus escombros.

Objetivo, los refugios

De inmediato se rememoró el ataque contra el teatro municipal registrado el miércoles y donde se cree que había 1.300 personas. La mayoría de ellos no resultaron alcanzados al encontrarse en un refugio subterráneo construido en los cimientos, pero ayer todavía se desconocía la suerte de los 130 civiles que no habían podido ser localizados. El inmueble estaba marcado como un refugio civil, con la palabra 'niños' escrita en ruso en su explanada.

Moscú anunció por segundo día consecutivo que hizo uso de misiles hipersónicos, aunque especificó que apuntó hacia la ciudad de Mikolaiv. El sábado los empleó contra la región de Ivano-Frankivsk, en el oeste del país. Según Estados Unidos, se trata de la primera utilización conocida de este tipo de armas en combate.

«Hacer esto a una ciudad pacífica, lo que han hecho los ocupantes, es un acto de terror que será recordado por siglos», dijo presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, en su discurso nocturno a la nación. «Cuanto más recurra Rusia al terror contra Ucrania, peores serán las consecuencias», añadió al denunciar el asfixiante asedio a Mariúpol. «Es víctima de actos de terror», señaló.

Las autoridades locales afirmaron asimismo que algunos residentes están siendo llevados a la fuerza a Rusia y despojados de sus pasaportes ucranianos. «Son enviados a campos de filtración, revisando sus teléfonos y confiscando documentos», dijo Pavlo Kyrylenko, jefe de la administración regional de Donetsk.

Describió además que un grupo de niños, en su mayoría huérfanos, que estaban bloqueados en el sótano de una clínica de la ciudad, fue evacuado a una zona en manos de los separatistas prorrusos en el este del país. La mayoría de los pequeños procedían de orfanatos de la región, pero de la parte que no estaba bajo el control de la República Popular de Donetsk (DNR).

La estratégica urbe costera, que permitiría crear un corredor con Crimea, lleva tres semanas rodeada por fuerzas que la bombardean sin cesar. Ya es símbolo del horror de la invasión cuando la comida, el agua y la calefacción escasean. Las estadísticas hablan al menos 2.300 personas fallecidas, la mayoría de las cuales tuvieron que ser sepultadas en fosas comunes.

El casco urbano ha quedado aislado del Mar de Azov y también ha sido devastada una enorme planta siderúrgica, la más grande del continente. La caída de Mariúpol sería la mayor victoria de los uniformados de Putin en la campaña. Sin embargo, no acaban de tomar la ciudad, como ha ocurrido en el caso de otras de la región que se resisten tras más de tres semanas de la mayor invasión terrestre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Por ello, durante en la vigesimoquinta jornada de la operación, el Ejército ruso recrudeció los ataques a las ciudades, sin descartar las áreas donde se resguarda la población civil.

Tragedia humanitaria

Exponencialmente a la ofensiva crece la tragedia humanitaria. Más de 900 civiles han muerto y al menos 1.400 han resultado heridos, según el último balance del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos. Los fallecidos han sido identificados como 179 hombres, 134 mujeres, 25 niños y 11 niñas, así como 39 niños y 514 adultos pendientes de identificación. Ucrania eleva la cifra de menores muertos hasta 115.

Naciones Unidas apunta que la mayoría de las bajas civiles fueron causadas por el uso de armas explosivas de «amplia área de impacto», a través de artillería pesada y el uso de plataformas de cohetes, así como ataques aéreos.

Por su parte, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi, confirmó que diez millones de ucranianos han huido ya de sus hogares, bien a otros países como refugiados o dentro de Ucrania en calidad de desplazados internos. «Entre las responsabilidades de quienes libran guerras en todo el mundo, está el sufrimiento infligido a los civiles que se ven obligados a huir de sus hogares», se lamentó Grandi.

Más de 3,3 millones de ucranianos han abandonado el país desde el comienzo de la invasión rusa. De ellos, más de dos millones han sido acogidos por Polonia y otro medio millón se encuentra en Rumanía.